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24 de julio de 2014 01:21 horas Programa Actual: Catequesis (R)
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Padre, las cosas no pueden seguir así, quiero ser útil a mi gente
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo movido por el Espíritu Santo y dijo:  “Te alabo Padre Señor del cielo y de la tierra por haber ocultado éstas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.  Si Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre y nadie sabe quien es el hijo sino el Padre, como nadie sabe quien es el Padre sino el hijo y aquel a quien el hijo se lo quiera revelar”.  Después volviéndose hacia sus discípulos Jesús les dijo a ellos solos:  “Felices los ojos que ven lo que ustedes ven.  Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Lucas 10; 21 - 24

Te alabo Padre Señor del cielo y de la tierra y te alabo, dice Jesús, por haber ocultado éstas cosas a los sabios, a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sin duda que hoy es motivo de alabanza para la providencia también la figura de Ceferino Namuncurá.

Este niño muerto muy joven pero que sin embargo con su temprana edad, con su corta vida dio tanto a nuestra tierra y sobretodo dio tanto a toda la humanidad. Por aquello que rezamos y proclamamos en el Credo, de la comunión de los santos. Para quienes viven cerca del campo y vemos como se trabaja la tierra sabemos que como dice el refrán popular lo de sembrar la tierra y cosechar no es soplar y hacer botella. Debemos coincidir que para una buena siembra y una buena cosecha hay circunstancias que deben llegar a buen término.

Una buena tierra, un agua a tiempo y la gente del campo cuanto sabe de esto, abono aire, sol, el esfuerzo, el ingenio del hombre, el avance de la tecnología. Y los hombres también necesitamos para crecer y desarrollarnos en un ambiente, en una historia, necesitamos de una familia, necesitamos de vecinos de esos que te encuentras todos los días.

Y sin duda que nuestro esfuerzo personal también es necesario para aprovechar de todo lo que Dios ha dado por su providencia a nuestra vida sea corta , sea larga. Ceferino Namuncurá como parte de un pueblo originario de la región patagónica no puede desentenderse de aquello que vivió desde su niñez.

Por eso a Ceferino Namuncurá lo comprendemos desde su tierra la patagonia, desde su pueblo mapuche, gente de la tierra. No lo podemos entender sin su familia, los Namuncurá y sin el aporte de la cultura blanca y del Evangelio de Jesús que dieron su sello definitivo a su rica personalidad.

Los pobladores originarios de la Patagonia, al menos de éste lado de la cordillera fueron en primer lugar los Tehuelches. Pero luego no era un pueblo muy manso. Allá por el siglo XVII los Mapuches poco a poco empiezan a imponer su lengua, su presencia, a ocupar la Patagonia.

Estos Mapuches que se organizaban en pequeños clanes o agrupaciones. Nos dice la historia que no más de cuatrocientos y gobernados por un cacique. Se trata también de un pueblo religioso y Ceferino vivió esto desde su niñez porque su padre tuvo su rol de cacique. Sucedió en su momento a Calcumcurá, en la coordinación concreta de las filas de guerra para hacer frente a la invasión del blanco y participó de aquellas celebraciones indígenas, de aquellas creencias de su pueblo mientras estuvo en su Chimpay natal.

Estamos teniendo como fuente de información para compartir un texto que aparece en el sitio oficial de la beatificación de Ceferino escrito por el Padre Ricardo Nosetti, sacerdote de Don Bosco, actual Párroco de Chimpay que el próximo domingo tendrá la misión de hacer una semblanza de nuestro beato a todos aquellos quienes participen de la Celebración Eucarística y aquellos que a través de distintos medios nos podamos unir.

Seguimos diciendo también que Chimpay, cuna de Ceferino, está situado en el valle medio del Río Negro. Que bueno de aquí al domingo también poder ubicarnos en aquella geografía concreta. La geografía también nos habla de una historia. Esta tierra que era de paso, donde abundaba la caza y la pesca y ya lo sabemos porque lo hemos recordado estos días, tal vez lo hemos leído pero también recordarlo siempre nos hace bien, Ceferino nace el 26 de agosto de 1886. Su madre Rosario Burgos de quien mucho se nos ha dicho respecto de su origen, para algunos una cautiva chilena, para otros una verdadera mapuche.

En Navidad de 1888 es bautizado por el Padre Domingo Milanesio y así comienza su vida de fe en medio de una comunidad que vive muy pobre con muchas necesidades y allí es donde Ceferino, se cuenta que habiendo tanta decadencia y tanta miseria, un buen día dijo a su padre las cosas no pueden seguir así quiero estudiar para ser útil a mi gente.

Esta frase que estoy casi seguro la escuchaste porque es una de aquellas que desde las cuales sin duda, iluminado e impulsado por el Espíritu Santo dio comienzo a éste camino de Ceferino de ir transformando la realidad desde lo pequeño de cada día y así sabemos que llegó a Buenos Aires, que entre idas y venidas, termina estudiando en el Colegio Pio nono de Almagro, fue compañero de escuela de Carlos Gardel.

Estamos ante alguien que es verdaderamente humano, tan humano como vos, como yo, como tu vecino, como tu compañero de trabajo y tan arraigado a su familia, a su tierra, a su identidad de indígena de la Patagonia y creo que ante ésta figura que hoy toma éste carácter de testigo para nuestra Argentina, merece un momento también para nosotros , para pensar algunas cosas que siguen siendo actuales hoy y siguen siendo parte de nuestra historia y de nuestro llamado a la santidad.

Este llamado a la santidad del que nadie escapa. Tendríamos que seguir mirando a Ceferino para mantener nuestra relación con las raíces más profundas de nuestras familias, con todos sus valores, El que aun desde Buenos Aires mientras está estudiando jamás dejó de enviar algunas líneas, unas cartas a su familia, a sus amigos, a sus parientes.

Ceferino es un hombre de fe. Ya en el Colegio Pio nono cuando está en la ciudad de Buenos Aires demuestra un interés poco común para la época por conocer el Evangelio de Jesús, después para recibir la Comunión, la Confirmación. Vive intensamente la Eucaristía diaria. Se ofrece para colaborar hasta en la Catequesis en el oratorio del Colegio San Francisco de Sales.

Trata de superar sus defectos y orientar todas sus energías en vivir el Evangelio. Una de las grandes alegrías fue luego de la misión de Monseñor Cagliero en la tribu Namuncurá, la primera Comunión y Confirmación de su padre, el 25 de marzo de 1901. Es el mismo Cagliero quien le transmitió la noticia a Ceferino y Ceferino dirá públicamente luego de un homenaje al primado del Papa, yo también me haré salesiano y un día iré con Monseñor Cagliero a enseñar a mis hermanos el camino del cielo como me lo enseñaron a mi.

Que fuerte estaba en Ceferino ésta palabra, el camino del cielo, en muchas de sus cartas, sobretodo en su enfermedad lo recuerda permanentemente. El vivir el Evangelio para un día podernos encontrar en el cielo. Decía: quiero enseñar a mis hermanos el camino del cielo como me lo enseñaron a mi. Pero juntos a éstas alegrías Ceferino también va a conocer el camino de la cruz que lo hace tan humano y tan cercano a nosotros.

Tal vez, nos dice la historia, la primera experiencia fuerte de dolor fue cuando su padre convertido, bautizado, habiendo recibido los sacramentos descubre que la poligamia común para la tribu, para su grupo de vida, no estaba en el plan de Dios y la madre de Ceferino queda excluida de la familia. Esto motivó que por un tiempo pierda el rastro de su madre a quien no podía localizar.

Pero apenas lo pudo hacer aunque más no sea a través de las cartas siempre estuvo en contacto con ella que después de un tiempo y también en el camino de la vida termina volviendo nuevamente a la familia Namuncurá. La enfermedad va llegando y tomando la vida de Ceferino.

Esta enfermedad de la tuberculosis que le obliga ir a Viedma a mediados de 1903 talvez buscando un mejor clima, un mejor espacio y allí en Viedma gana su lugar entre los compañeros que lo aprecian, lo admiran por su capacidad de compartir y de tener un lugar en el corazón para todos.

La enfermedad sigue su curso. Allí hay otro beato que se preocupa y cuida de su salud Don Artémides Satti quien recuerda el mismo con unos veinte años cuando lo recibe a Ceferino que era interesante ver y escuchar las palabras de Ceferino, nos dice Don Satti, y recuerda la historia alguna de sus palabras cuando en medio de su enfermedad cuando en medio de sus dificultades decía que buenos que son nuestros superiores, nos aman como si fueran nuestro padre y nuestra madre vamos a rezar por ellos el rosario. El amor a la Virgen de Ceferino.

Estos superiores que eran tan hombres como nosotros y por eso también descubrir en Ceferino ésta mirada sencilla para descubrir lo bueno y positivo del otro. A Viedma con su enfermedad y todo llega como aspirante. Si, es que el quería ser sacerdote, quería ser misionero y no son muchas las dificultades que encuentra pero algunas de ellas muy fuertes para poder consagrar su vida a Dios. Entre ellas una muy importante para la época y para aquel momento. Estamos hablando del 1900. El no era hijo legítimo y en éste momento de la historia de la iglesia para ser admitido como sacerdote esto era muy importante.

Otra dificultad que le hace doler el corazón es que no puede encontrar su acta de bautismo. Otro tema muy importante en orden a querer consagrar su vida como sacerdote. La dificultad más grande la encuentra en su salud cada vez más delicada que se convertía en una cruz cada vez más pesada y difícil de llevar. Ahora tendrá culpa de la enfermedad y tendrá que dejar, tendrá que abandonar, tendrá que intentar buscar la salud porque le proponen ir a Roma. Allí talvez los europeos los puedan curar de su enfermedad. Y a los pocos días de llegar a Roma es llevado a visitar al sucesor de Don Bosco, a Don Miguel Rua.

La entrevista lo sacude interiormente, lo llena de emoción. A partir de ese momento Ceferino disfruta de muchas atenciones, incluso muchas personalidades de la vida pública ya sea de la cultura, ya sea de la vida eclesiástica italiana expresan el deseo de conocerlo. Es que con su temprana edad, es que con su enfermedad que lo estaba debilitando su presencia cuestionaba. Su sencillez y su humildad quedan intactos. Pertenece a una raza sufrida y es hijo de un loco, de un cacique, que lo ha dejado todo por defender los derechos e intereses de su gente. Creo que cada vez que recordamos algún paso, algún momento en la vida de Ceferino no tenemos que olvidar aquellas palabras que un día dijo a su padre: padre las cosas no pueden seguir así, quiero estudiar para ser útil a mi gente.

Esa misma naturalidad con que siempre se desenvuelve Ceferino hacen agradable su trato, confirman la autenticidad de su persona. Y durante su permanencia en Turín, en Italia. Tres son las principales ocupaciones de Ceferino. La oración intensa y contemplativa. Pasa largas horas en el Santuario de María Auxiliadora en diálogo íntimo con Jesús Eucaristía. En segundo lugar escribe a su gente de la cual nunca se olvida. Y por último visita las comunidades salesianas de Turín y de la zona acompañado por Monseñor Cagliero.

El 19 de setiembre Ceferino viaja a Roma. Allí vive una experiencia imborrable para el pero también para nuestra historia de la iglesia, el encuentro con el Papa Pio X. El joven mapuche nos dice el relato histórico dijo unas palabras en italiano al Papa y éste le hablo muy paternalmente dándole una bendición a el y a toda su gente que vivía en el sur de nuestra querida Argentina, la Patagonia y cuando todos se van retirando , nos dice una anécdota, que después de la audiencia el secretario privado del Papa lo llama aparte, lo lleva hasta el escritorio del Santo Padre donde el Papa Pío X lo aguarda con una amplia sonrisa, el Papa vuelve a saludarlo y le entrega una hermosa medalla como recuerdo de la visita. Ceferino con su sencillez con su buen trato, con su educación, con su sabiduría llena de humildad y discreción los deja admirados a todos.

Así el descubrimiento del bautismo y de los demás sacramentos que vivía con pasión le permitió soñar un proyecto de vida muy noble querer ser útil a la gente. Noble y sencillo, querer servir a su gente, querer ser útil a la gente ¿Cuál es mi amor por las cosas de Dios? Por conocer su voluntad sobre mí, como estaba interesado cada día Ceferino

Llega el momento de la entrega, el momento en que su vida será coronada con la gloria aún cuando tenga que pasar por todo el sufrimiento de su enfermedad por ésta enfermedad que lo debilita y que le hace perder fuerzas y es a principios de marzo de 1905 que Ceferino no puede asistir a las clases. Su enfermedad lo está agobiando. A fin de ese mismo mes lo llevan al colegio Sagrado Corazón de Jesús y allí es internado. Atendido por los hermanos de San Juan de Dios.

Estamos hablando de Ceferino en Italia, de Ceferino en Europa. Allí donde había ido para seguir formándose y educándose fortaleciendo su fe pero donde sobretodo la preocupación era que pueda recuperar su salud, que pueda vivir con una mejor calidad de vida como decimos hoy.

El seguía teniendo presente esto de que algo tengo que hacer por mis hermanos. De su estadía allí en el hospital todos los testimonios están concordes con destacar su oración continua, su disponibilidad a la voluntad de Dios, su fortaleza en el sufrimiento. Por el sacerdote José Giorgio, en aquel tiempo enfermero del Colegio Sagrado Corazón que iba a visitarlo al hospital durante su enfermedad sabemos que grande era su resignación en la dolorosa enfermedad.

Nos dice José: nunca se escuchó quejarse de nada aún cuando solo al verlo daba compasión y arrancaba lágrimas. Tan consumido y sufriente se lo veía. Antes bien no solo no se quejaba de sus sufrimientos sino que los olvidaba para pensar en lo de los otros.

Había sido conducido al hospital y colocado en la cama de al lado. Un joven de nuestra casa de Roma que también estaba enfermo como Namuncurá, nos sigue diciendo éste sacerdote y en el último periodo de su enfermedad Ceferino a éste joven le infundía valor con palabras llenas de amor y enseñándole a dirigir toda su acción, todo su sufrimiento a Dios nuestro Señor y al mismo Padre Giorgio tres días antes de morir le decía: padre yo dentro de poco me iré pero le recomiendo a este pobre joven que está a mi lado. Venga a visitarlo. Si viera usted cuanto sufre. De noche no duerme casi nada. Tose y tose y esto lo decía Ceferino mientras estaba peor que este muchacho mientras el mismo no dormía casi nada, pero estaba preocupado por el que estaba al lado, como un día se preocupó por sus hermanos allá en la Patagonia y que le movió el corazón tengo que hacer algo.

Si hay muchos que están lejos de Dios no es porque son malos sino porque no lo conocen a Dios. Durante el tiempo que estuvo internado en medio de su gran debilidad sacó fuerzas de la flaqueza para escribir a su padre Don Manuel una cariñosa carta en la que quiere tranquilizarlo con respecto a su salud.

Monseñor Cagliero que había sido su gran apoyo en éstos últimos días le da los últimos sacramentos y lo acompaña hasta el final. Ceferino fallece en silencio el 11 de mayo de 1905. Sus restos son llevados a campo verano, cementerio de Roma, por un pequeño grupo de personas, allí son enterrados en una humilde tumba con una cruz de madera y chapa de latón que llevaba la inscripción de su nombre y la fecha de su fallecimiento.

Una muerte silenciosa, humilde sin mucho ruido de alguien que tenía un corazón grande, de alguien que voló al cielo que hoy se nos propone a nosotros como modelo. Con ésta insistencia de aquellas palabras que un   hhhbuen día pudo decir a su padre, pudo decir a su gente: padre, las cosas no pueden seguir así, quiero estudiar para ser útil a mi gente.

En 1924 sus restos son trasladados a la Argentina, a Fortín Mercedes, frente a la localidad de Pedro Luro en el sur de la provincia de Buenos Aires. Nos dicen las memorias de aquellos días que desde ese primer momento de la llegada de sus restos a la Argentina muchos peregrinos pasan delante de su tumba para orar y encomendarse a su intercesión. El pueblo sencillo siente que Ceferino es uno de los suyos. Ya en aquella época a Ceferino lo consideraron un santo.

Es que el pueblo sencillo lo consideraba cercano y ve en su figura los valores del reino que hoy como ayer como siempre siguen siendo imprescindibles en la sociedad y que Ceferino supo encarnar con sencillez y radicalidad. Cuando dejó Chimpay para Buenos Aires aquella decisión” quiero ser útil a mi gente” creciendo en el conocimiento y en el amor a Cristo se fue transformando en otra v opción más profunda” quiero ser sacerdote y misionero de mi pueblo”.

Un sueño, el suyo que mantuvo vivo hasta los últimos días. Podemos preguntarnos¿ cual es la vocación a la que el Señor nos ha llamado?. Tendríamos que abrirnos a la voluntad de Dios Padre en cada momento de nuestra vida sabiendo que será siempre para nuestra felicidad.

 Muchos testimonios dicen que Ceferino sabía sonreír, que sonreía con sus ojos grandes, ingenuos y limpios. Esta alegría reflejaba un alma, la suya, enamorada de Dios, enamorada de la Virgen María, respiraba gratitud en sus gestos, en sus cartas. Siempre agradecía a todos. La gratitud es signo de las almas nobles, de los humildes de corazón, los amigos de Dios. Su vida es un mensaje de santidad vivida en el compromiso serio frente a la realidad de su gente y es manifestación que asumió el Evangelio como proyecto de vida. Evangelio que vivió con sencillez y humildad. El mensaje de Ceferino es el testimonio de quien se juega que no mira desde afuera las cosas. Ceferino es un verdadero mapuche y cristiano. La fortaleza de su raza la unió a la fuerza de la gracia de su bautismo.

Una santidad que fue echando raíces en el Evangelio pero que se hizo realidad en su pueblo aun cuando desde su enfermedad la lejanía de su estancia en Europa seguía tan cercano con sus cartas, con sus recordatorios. Se entrego a Dios y nos invita a nosotros a seguir su ejemplo. Ceferino nos está abriendo un camino para que nos animemos a seguirlo. Nos enseña a amar a nuestra tierra, a nuestra gente. Su ejemplo nos anima a ponernos en camino para ser útiles servidores de los hermanos y seremos así de verdad discípulos misioneros del Señor. Su vocación misionera se manifiesta en tantas expresiones de religiosidad popular que hace que ésta imagen de Ceferino, esa estampa que creo que no hay hogar en la Argentina que no la tenga esté presente siempre y acompañe nuestra vida.

Es así que ésta figura de Ceferino aun desde hace mucho haya hecho que se levanten ermitas, monumentos a la vera de las rutas a lo largo de los caminos de nuestra patria y que en estos días tantos hombres y mujeres de nuestra Argentina quieran visitar, quieran compartir ésta fiesta que es de todos en Chimpay. Que éste testimonio de Ceferino mueva el corazón.

En tiempos violentos y de crisis como el que hoy nos toca vivir no creo que muy distintos a los que vivió Ceferino. Su ejemplo nos enseña a ser fuertes a tener un corazón y una mirada capaz de descubrir lo esencial. Aquello que vale la pena, aquello que me ayuda a superar la discriminación, la violencia. La entereza de Ceferino y la firmeza en su opción nos tiene que llevar a quitar del corazón los intereses mezquinos. Buscar el bien de todos, especialmente el bien del que más sufre.

Celebrar éste acontecimiento con motivo de la beatificación nos tiene que ayudar a hacer memoria, nos tiene que ayudar a renovar también la dimensión profética de nuestra fe. Su ideal de servicio y entrega nos debe enseñar hoy a nosotros a no achicarnos en el seguimiento de Cristo.

Ceferino su palabra, su mensaje, su vida nos estimule a no callar por miedo o por cobardía la Buena Noticia del Evangelio.

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