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19 de abril de 2014 06:24 horas Programa Actual: Música
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La misión del Espíritu Santo
“Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedestambién dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.

Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes”.

Juan 15, 26 – 27; 16,1 - 4

La llegada del Espíritu Santo, es para sostener en el testimonio. Cuando venga el Paráclito, el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí, ustedes también darán testimonio de mí. Lo dice Jesús hoy en el texto del evangelio, tan rico en contenido con el que el Señor nos invita a renovar nuestra confianza en la fuerza del Espíritu, que como Pablo dice, es el que nos conduce, nos guía, el que va en nosotros como en una vasija de barro, este tesoro maravilloso, que opera y actúa con el poder del Dios en nuestra debilidad, la gracia del espíritu.

Dios da esta manifestación testimonial del Espíritu Santo, a los que se abren a su moción interior con obediencia. Nosotros somos testigo de estas cosas y también el Espíritu Santo, que da Dios a los que obedecen, dice Pablo a la carta a los romanos, en el capítulo 5, 32. Obediencia que es fidelidad al testimonio de lo que se ha participado, es decir de lo que hemos tenido experiencia, de lo que hemos visto, de lo que hemos oído, de lo que tocamos con nuestras manos, eso es lo que anunciamos. La manifestación del Espíritu Santo nace entonces de una experiencia que es en la obediencia, ¿ cuál es esa experiencia por la que hay que dejarse llevar en Espíritu de obediencia?. Ayer lo decía el evangelio de San Juan, en el capítulo 14,14, si me aman y guardan mis mandamientos yo pediré al Padre y Él les enviará otro Paráclito.

Es dejarse llevar entonces por la fuerza transformante del amor, es obediencia en la caridad. Es obediencia a lo único que Jesús manda a lo largo de todo el evangelio, a que nos amemos, no hay otro mandato. Es un mandato de liberación, no de esclavitud, es un mandato de transformación, es un mandato que libera, transforma, cambia la vida. Amén. Allí se sintetiza todo el mensaje de Jesús, en el amor fraterno. Ámense unos a otro como Yo los he amado, nadie tiene amor más grande que el da la vida por los hermanos.

Un texto muy bonito que quiero compartirlo con vos, lo trae el padre Héctor Muñoz, en el amor es más fuerte, cuenta él hace 15 años visitando la Universidad Católica de Washington, un sacerdote amigo me invitó a recorrer sus instalaciones, una de sus secciones era el instituto de la juventud, dedicado a estudiar toda su problemática, a la entrada había allí una escultura metálica, de tamaño natural, de un niño negro llevando a cuesta a otro niño, su hermano, en la base de la escultura había una inscripción, mi circunstancial guía me explicó que afines del siglo XIX, hubo un gran incendio en los algodonales en el estado de Virginia, ocasionando terribles pérdidas materiales y muchas muertes. Dos niños los de las estatuas, se salvaron, sufrieron grandes quemaduras y al tercer día de caminar descalzos por los campos quemados, hambrientos y sedientos, llegaron a un pequeño poblado, al ver su estado lastimoso, los pobladores corrieron a ayudarlos, e intentaron sacarle el peso de su hermano, que el mayor llevaba a cuesta. La pronta respuesta fue: no, no pesa, es mi hermano. Su amor era tan grande que no sentía el peso. No pesaba porque en verdad llevaba sobre sí el peso del hermano, carga asumida sin fatiga, peso amargo al que el amor transforma en dulce y liviano.

Esa era la descripción en el pedestal de la estatua. No pesa es mi hermano. San Pablo, en una de sus cartas, lo dice, cada uno cargue con el peso del hermano, y así cumplirán la ley de Cristo. He subrayado dice el padre Muñoz a propósito y así, para manifestar que sólo cargando el peso del hermano sobre mi espalda cumpliré la ley del Señor. Este, que cada uno cargue con el peso de su hermano, será sinónimo de que cada uno, ame a su hermano, lo asuma, lo contenga, lo acepte tal como es. No pesa es mi hermano. Ojala todos podamos decir esto en el trato de vínculo con aquello que Dios nos confía en el amor fraterno.

La frase hermosa que nos acerca Martín Luther King “el amor es la única fuerza capaz de transformar a un enemigo en amigo”.

Decía uno de los torturadores de un sacerdote católico en los campos de concentración de Auschwitz, más te golpeo y más me vences. Más recibimos reveses de la vida y nos sostenemos en el amor, para no contestar con violencia a la violencia, ni con agresividad a la agresividad y más vencemos. El amor realmente vence.

El testimonio de los perseguidos y de estebas en particular, hace que Pablo pase de perseguidor a seguir de cerca de Jesús, le haga decir “quién podrá apartarnos del amor de Cristo. Ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni los peligros, ni la espada. En todo salimos vencedores gracias a aquel que nos amo.

La fuerza que el espíritu de Jesús, el paráclito, el que El nos envía para que no quedemos huérfanos, para que no quedemos abandonados, para que no quedemos al margen del camino, es el único capaz de sostenernos en el medio de lucha, particularmente en el medio de la adversidad y muy en particular en el medio de la persecución. Nos aprietan por todas partes, dice el apóstol Pablo, pero en todas vencemos gracias a aquel que sostiene nuestro peregrinar, sostiene nuestro andar. Quién podrá apartarnos del amor de Dios?.

No hay forma de transformación del mundo sino es amando y amándolo. La fuerza del amor es la que transforma, apostar siempre por él.

Esto que decíamos la semana que paso, esta desproporción que hay entre los instrumentos que nosotros tenemos para sostenernos en la construcción de la humanidad del futuro en la educación, de los hijos, los nietos, los jóvenes que se nos confían y los medios con los que a veces el espíritu del mundo, que gobierna bajo el principio del mundo el tiempo de hoy, tiene para avanzar, son realmente desproporcionados, sin embargo la fuerza del amor es la que queda, la que permanece, todo lo demás pasa, todo se muda decía Santa Teresa, todo pasa y por eso hay que saber esperar en Dios, la paciencia todo lo puede, la paciencia todo lo alcanza.

Quién a Dios tiene, nada le falta, solo Dios queda, solo Dios basta y este Dios que queda, este Dios que basta, este Dios que no pasa, este Dios al que esperamos y este Dios que viene, este Señor que esta en medio de nosotros, que le da verdadero sustento a nuestra vida, solidez y cimiento, es el Dios del amor y el que nos invita a amar, a amar sin medida.

La medida del amor, decía San Agustín, es amar sin medida, no hay medida para el amor.

En este sentido, somos llamados en este tiempo de preparación a la manifestación del Espíritu Santo a renovar nuestro compromiso del amor, claro que hay fuerzas que atentan contra él, son las fuerzas del miedo particularmente, donde tendemos a meternos como una ostra hacia adentro, impidiéndonos encontrarnos con los que esperan de la presencia del amor de Dios a través de nuestros gestos, de nuestra palabra, de nuestro oído atento, de el saber estar, como decía tan bellamente ayer el obispo de Jujuy, el gran desafío de la iglesia en este tiempo, es saber estar, aquello que San Juan de la Cruz decía tan hermosamente, los males de amor se curan con presencia y con figura.

Es lo mismo, es saber estar. Muchas veces es en el estar, donde en la presencia, la presencia en la figura donde las heridas que la vida nos ha dejado por algún rasguño que nos tiro en algún zarpazo de la búsqueda de terminar con nosotros, es la que puede curarnos, la que nos puede transformar. Que bien que nos hacen ciertas presencias, cuanto mas aquella que viene del misterio del Señor en la palabra y en la eucaristía, donde se nos revela con presencia de amor y con figura de amor, los males, las heridas que son por amor desmedido o por ausencia de amor, solo se curan con un saber estar en Dios, con presencia y con figura.

Cuando se hacen diagnósticos de la realidad por la que atraviesa el mundo de hoy, desde costados distintos y desde modos diversos surgen también las propuestas que buscan sanear las grandes dificultades que existen en el vínculo humano, ricos cada vez más ricos, pobres cada vez más pobres.

Oposición entre diversos bloques dentro del concierto de la nueva configuración geopolítica. Situaciones de extrema pobreza, el hambre parece ser amenaza al mundo todo en este tiempo, y uno cuando ve también el factor climático amenazando la estabilidad de el ambiente en que vivimos se pregunta ¿y todo esto como se hace verdaderamente para cambiarlo? ¿cómo se produce un cambio que sea transformante, estable, que no suponga acuerdo de partes, donde las partes que acuerdan terminan por, después, borrar con el codo lo que acordaron en un papel por la voluntad de los que gobiernan, como la ha hecho Estados Unidos, esta mañana lo leía en el diario, lo escuchaba en la televisión, han determinado que a los terroristas se los puede torturar aún yendo mas allá de lo que se ha establecido en los pactos internacionales de los derechos humanos, se los puede torturar y eso quiere decir se puede hacer cualquier cosa, no esta diciendo otra cosa. Es lo mismo que pregonan los derechos humanos, que buscan que se instalen en todo el mundo y firman pactos a favor de estos, son los que después dicen, estas otras barbaridades, por ser terroristas, que no es para salir a aplaudirlos, ni para que queden libres, ni para que hagan lo que quieran, se puede hacer con ellos lo mismo que ellos hacen, como si esta ley del ojo por ojo y diente por diente, tuviera todavía tanta vigencia en medio nuestro, sin terminar de caer en la cuenta que la violencia detrás de la violencia genera un espiral de violencia interminable, difícil de superar sino aparece otra fuerza capaz de cambiarlo. Es la fuerza del amor decía Petru Dimiciu “si amo al mundo, ya con esto lo estoy cambiando”.

La fuerza de transformación del amor, para poder entrar en esta dinámica del amor que cambia y transforma debemos salir de la cultura de la queja lastimera, para ingresar en el mundo concreto tal como existe, no con ángeles sino con hombres de carne y hueso. No con seres perfectos, sino con pecadores y molestos y pesados, indiscretos, con feos y con lindos, con fracasados y con quejosos, en el mundo tal cual es y no como yo quisiera que fuera, soy invitado a poner lo mejor de mi, guiados por una fuerza de amor que llevo dentro mío como un tesoro escondido en esta vasija de barro que soy.

Si me animo a vivir en esta clave podré decir yo con el apóstol Pablo, todo lo puedo en aquél que me conforta, me hace fuerte, me permite.

Quisiera amar este mundo, cambiado, pero la cosa es al revés, debemos amarlo para que cambie. Pero esto se da solo si tenemos confianza en la transformación que provoca la fuerza del amor.

Algo parecido al amor de Dios que de la nada hace nacer las cosas, a ese estilo estamos llamado nosotros a llamar a la existencia, al mundo nuevo por la misma fuerza del amor con la que Dios dice hágase y todo viene a la vida por esa palabra creadora. El amor es así, es creador de novedad. Un hombre nuevo nace a partir de una experiencia de amor que transforma su propia vida, que le permite desde ese lugar cambiarlo, y si como decíamos el otro día, como me ponía Adriana aquí en este hermoso regalo que me hizo, si nos falta amor para llevar adelante la obra, la llevemos adelante y el amor va a llegar.

Salgamos, no nos detengamos, no lo dudemos, no pongamos en tela de juicio la verdad grande que el evangelio de Jesús, su buena noticia ha venido a traerla, por que el amor todo lo puede. Que el amor es la gran propuesta y el gran camino y lo único mandado por ÉL.

Solo el amor puede cambiar un rostro agrio en una cara dulce, solo él puede hace un renacimiento. Solo el amor puede reconvertir al violento en un pacífico y esto es nacer a la paz. Solo amando a este mundo en el que tengo puesto mis pies puedo hacerlo habitable para que deje de ser una jungla y se convierta en una casa para todos, en un hogar. Solo amando a tu suegra, aunque se meta en todo, quiere educar a tus hijos y a tu cuñado que no es prudente y a los primos y a los amigos inoportunos, y a tu socio que no es muy cuidadoso y a quién limpia la casa y al que es impuntual y a los hijos que se pelean a cada rato como perro y gato, puede llegar que cambie, que nazca la novedad de la prudencia, la discreción, la laboriosidad, el cuidado de los bienes comunes, la serenidad en las tareas con las que somos llamados a comprometernos, la paz, la paz del hogar no hay otro modo, sino AMANDO.!!

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