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10 de septiembre de 2010 16:14 horas Programa Actual: Vengan y Vean

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Retiros
Retiro Mensual de Julio 2008: La formación de los discípulos misioneros

Este sábado 5 de julio, las Obras de Radio María y Hombre Nuevo vivimos el Retiro Mensual de Junio a cargo de Gabriela Lasanta, desde la ciudad de Córdoba. Esta es al anuncio que Lasanta expuso en el Retiro.

La formación de los discípulos misioneros

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.
La naturaleza del cristianismo consiste, en reconocer la presencia de Jesús y seguirlo (244-245)…
Hoy en nuestro continente se levanta la misma pregunta”Maestro ¿Dónde vives? (Jn.1, 38) ¿Dónde encontramos a Jesús?
Lugares de encuentro con Jesús.
“La Iglesia es nuestra casa ¡Esta es nuestra casa! En la Iglesia tenemos todo lo que es bueno, lo que es motivo de consuelo” (Benedicto XVI)
Jesús dijo que en su casa había muchas habitaciones y cuando Juan y Andrés le preguntaron dónde vivía El les dijo “Vengan y lo verán”La casa de Jesús es el primer lugar de encuentro con los discípulos. Su casa es hoy la Iglesia, y el quiere hacer de la Iglesia una experiencia de casa, “nuestra casa.”Alli hay una habitación para cada uno de nosotros. Una parcela de jardín donde florecer en plenitud, es en el terreno de la Iglesia donde el jardinero del Amor me garantiza sus cuidados y nutrientes.
Aprendamos a ver la belleza de la Iglesia, a sentir con la Iglesia, a reconocer sin escandalizarme sus debilidades,  sobrellevar con humildad sus pecados y a amarla como Cristo la amó.
La Palabra de Dios es otro lugar de encuentro con Jesús. Dios aún sigue hablando, su mensaje contenido en los textos sagrados, es Palabra viva y eficaz La Palabra se propone como un pan para el corazón hambriento de oír al Señor(Am8,11) Muchos personajes del los evangelios se acercaron a Jesús con anhelos, búsquedas, dificultades o ganas de cambiar…
Zaqueo, la Samaritana, Nicodemo, el ciego de nacimiento…Todos ellos fueron iluminados por el diálogo con Jesús. Por la fe, por la gracia del Espíritu, hoy también el Señor nos habla. Tenemos que instruirnos en los modos de ese diálogo, captar los ritmos de su revelación, los lugares de la vida que El quiere iluminar, soportar el silencio necesario para que el corazón se abra y escuche. Su Palabra no divierte, convierte y por lo tanto supone una disposición interior de receptividad que nos enseña la Lectio Divina o ejercicio de lectura orante. Con sus cuatro momentos de lectura, meditación, oración, contemplación, favorece el encuentro personal con Cristo.
La eucaristía es otro lugar de encuentro. Si leemos atentamente los evangelios veremos que muchas de las enseñanzas de Jesús tienen como marco una comida. Para El la cumbre de la vida comunitaria se daba en el comer juntos. No sería exagerado decir que a Jesús lo mataron por su forma de comer (con publicanos y pecadores). Una de las convenciones  que Jesús revolucionó  más es justamente la de las comidas. Su anuncio es comparado con un Banquete al que son invitados los que jamás serían invitados según las normas vigentes en su época. La conversión del hijo pródigo es celebrada con un banquete, confronta con los fariseos en una comida, multiplica los panes para alimentar a la multitud, se despide de sus amigos en una cena y decide quedarse en el vino y el pan.
Para Jesús la comida compartida es vital para la comunidad. El encuentro, la amistad, la alegría, el dolor, en definitiva toda la vida pasaba para él por la mesa compartida. En la sencillez de lo cotidiano, del pan y el vino, quiere Jesús sanar, nutrir y consolar a su comunidad. Es en la eucaristía dónde se fortalece nuestro encuentro con El y nuestra identidad cristiana. Jesús pensó la mesa compartida como el momento de celebrar la vida comunitaria, el amor mutuo, alimento integral del alma que vivifica al cuerpo, momento de intimidad con El y con los hermanos. El mismo expresa antes de morir su deseo y necesidad de comer junto a los suyos: “¡Cuánto he deseado celebrar ésta pascua con ustedes!!!”, dice en la última cena. Si para Él compartir la cena con su comunidad es consuelo y fortaleza para lo que ha de venir (su muerte), cuánto más nosotros tenemos necesidad de ese ámbito nutricio que es la eucaristía para afrontar los desafíos de la vida
Es evidente en los relatos sagrados que no hay comunión sin comunidad. La eucaristía es siempre celebración de la comunidad, del amor mutuo a pesar de todo, de la alegría de vivir habitados aunque transitoriamente estemos solos. El cristianismo pensado por Jesús no se concibe sin la vida comunitaria. El señor estuvo tres años formando la comunidad en tiempo convivencial y recién al final instituyó el sacramento eucarístico. Esto puede hacernos pensar en la importancia que le dio el señor a la comunidad que hace la comunión, no debemos siguiendo al maestro, priorizar la vida sacramental por sobre la vida comunitaria. No puede haber tiempo para las misas y no haberlo para la edificación de la comunidad.¡Lo que pasa es que preparar la liturgia puede ser mucho menos trabajoso que formar una comunidad madura!!!!Por eso, miremos a Jesús y sigamos su ejemplo: cuánto tiempo dedicado, cuánta paciencia esperando los tiempos de cada uno (a veces también parece que la perdía), Cuántas horas dedicadas a la formación, al acompañamiento. La pedagogía de Jesús para hacer de aquellos pescadores, hombres rudos, cobradores de impuestos, pescadores de hombres fue reunirlos en comunidad. Hoy parece a veces que hay tantas cosas que hacer, tantos problemas que atender, tantas urgencias apostólicas que dedicar un buen tiempo a matear y compartir el corazón, escucharnos sin premuras en espacios sin temáticas asignadas (sin las famosas charlas), orar las cosas simples pero a veces paralizantes de la vida, hacer espacio para que Jesús se manifieste con su ternura, con su mirada, jerarquizando a cada uno, especialmente a ese desprovisto de brillo que nadie escucha, es vivido como pérdida de tiempo.¡Esa no es la pedagogía de Jesús!!!!El siempre se ocupó de nutrir y nutrirse de los vínculos comunitarios. Todo lo que se invierte en formar comunidades se vuelve un ciento por uno. Con el tiempo todo es más fácil, más lindo, más divertido, y mucho más eficaz.
La oración es también el espacio donde vive el Maestro. no basta con reunirse, hay que reunirse en su nombre. Pronunciar su nombre es ya un don del Espíritu, es ¡Orar!!!!
 “Dónde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18, 20).
¡No invocaremos su nombre en vano!Ante su nombre dobla su rodilla todo poder en la tierra y en cielo ¡Y hasta en el mismo infierno! Dice la Palabra. Su nombre es poderoso. Y sin embargo cuántas veces rezamos rapidito antes de una reunión como para cumplir con la identidad católica con la cabeza puesta en la temática del día. Ignoramos su presencia y la centralidad que ella tiene según su promesa. La oración comunitaria trae esa fraternidad que no se logra con la buena voluntad solamente, ese amor con que hemos sido amados hasta el fin y con el que se nos manda amarnos, ella apacigua las tormentas de nuestras relaciones, pone luz donde hay oscuridad, Jesús en medio nuestro, como decía Chiara, es garantía de unidad en la diferencia, de amor en la discrepancia, de libertad para decirlo todo sin miedo.
En la oración comunitaria El vence al mundo que se infiltra en la comunidad, experimentamos la fuerza del resucitado “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2,20)No basta hablar de El, ¡Hay que hablar con El! Si no hay oración comunitaria  en vano trabajan los obreros, por que el que construye el edificio es el Señor ¡Cuánto trabajo en vano!!!!!Después vamos como Pedro a quejarnos: “Hemos trabajado toda la noche y no pescamos nada…” Pero si no le preguntamos dónde tirar las redes!! ¿Que pasaría si reemplazáramos la mitad de nuestras conversaciones por conversaciones con El? Habría menos ruido humano y más aleteo divino, menos tormentas y más brisa, menos respuestas pero más confianza, más dolor pero más esperanza, los mismos problemas quizá, pero más alegría
Maestro ¿Dónde vives?...”En los pobres y afligidos” (Mt 25,37-40). No es posible la conversión a Jesús sin la conversión al hermano pobre. No es el camino que marcan sus huellas. Si lo seguimos en el pan, iremos a la mesa del pobre, si lo seguimos en Su Palabra, iremos  a las actuales galileas, si lo seguimos en las bienaventuranzas iremos hacia los crucificados de éste mundo, si imitamos sus gestos nos encontraremos rodeados de sufrientes, y, a la hora de la tribulación si seguimos a Jesús seguramente serán los poderosos de este mundo los que se declaren nuestros enemigos. Tarde o temprano ir a la casa del Señor es hospedarse en la vida de los pobres porque allí le gusta a Jesús estar. Nos guste o no su itinerario comienza siempre en el pesebre y pasa por la cruz. Es bueno pensar en esto porque es lo que distingue al cristiano. La opción por los pobres no es una ocurrencia de la Iglesia, sino una debilidad de Jesús, sencillamente los ama, ellos ven a Dios y en sus ojos vemos más claramente su reflejo. Es una dimensión constitutiva de nuestra fe.
Cuando los pobres nos molestan, cuando sus demandas nos superan y pensamos que todo sería más eficaz si nos dedicamos primero a buscar el Reino en la abundancia para llevarlo después a la carencia, estamos mudando  de rumbo, primero los pobres. Esta declaración es muy audaz en la iglesia. Especialmente en la Iglesia latinoamericana que está llena de pobres. Nos exponemos a ser juzgados por nuestras prioridades, ante el mundo no podemos decir que ellos son nuestra predilección y vivir en el despilfarro y la opulencia. No es creíble alguien que dice hacer suya la causa del pobre e invertir en su vestido lo que necesita una familia pobre para vivir un año. Pero ¡Que difícil que es para un rico entrar en el Reino de los cielos! Pensaba y decía Jesús con dolor. Se ve que Él allí encontraba una traba, una ceguera producida por la riqueza, una atadura de la que no le era posible liberar al esclavo de sus bienes. El pobre es un sagrario caminante, en su dignidad se juega la fidelidad a la Iglesia de Jesús      

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