Este sábado 2 de agosto, las Obras de Radio María y Hombre Nuevo vivimos el Retiro Mensual de Junio a cargo de Gabriela Lasanta, desde la cárcel de barrio San Martín, en la ciudad de Córdoba. Esta es al anuncio que Lasanta expuso en el Retiro:
El hijo prodigo
El texto de la Parábola del Hijo Pródigo se encuentra en Lucas 15, 11- 32 y se enmarca historicamente en el escándalo que arman los fariseos por la acogida que Jesús da a los pecadores, al comer con ellos.
La herencia
La herencia es un bien por el cual no hemos trabajado; un don cuyo valor desconocemos. Tener una herencia es ser propietario de algo que no hemos ganado; nos pone en el riesgo de malgastar esa herencia.
Podemos preguntarnos entonces: ¿Qué cosas recibimos sin merecimiento propio ni conquista? ¿Cuánto valen esas cosas? A veces hay que perder la herencia para correr el velo de la ignorancia.
La escasez (Jeremías 2,13)
Cuando hay escasez, la vida se torna sobrevivencia, mediada lacerante para el deseo humano. La aventura se vuelve exilio; la risa, mueca; la riqueza, lastre; la libertad, desolación; la cima, abismo. La región de la abundancia se transforma en región de escasez y resuena la frase: “nadie me da nada”.
La culpa
Comienza un proceso instintivo a través de la culpa. Aquinis dice ¡advertí que la ausencia total de la culpa hunde al nivel de la canalla”. Hoy no hay espacio para la culpa. La culpa como aguijón agrega otro malestar al de la escasez buscando revertir el proceso.
¿Quiénes tienen la culpa de lo que me pasa? Culpar a otro solo retrasa el proceso de aprendizaje.
Hacerse cargo de la culpa es recapacitar, re – capacitarse, volver a adquirir capacidades perdidas (pero no bienes perdidos) capacidades que adquiere el hijo prodigo:
1- Ver el presente. Reconocer mí aquí y ahora, ubicarme correctamente en el mapa de mi vida.
2- Ver la dirección correcta en la que seguir.
3- Ver el pasado y reconoces la historia que tejí mal.
El arrepentimiento
El arrepentiemiento es una fuerza positiva. Gran captación del bien que nos negamos. Fuerz repasadora: “abrazar con todas las fuerzas del alma aquello que negué” ( Padre Kentenich). Por el pecado se convierte en vacuna mi mejor yo vence sobre mi peor yo.
La compasión (Lucas 15, 20)
El verbo griego deriva de “Splangchna” son las entrañas del cuerpo. El centro desde donde brotan las pasiones, amores y odios. Movimiento de Dios profundo y misterioso: Dops tiene entrañas compasivas, es un movimiento en el seno de Dios Padre. Es la compasión la que mueve a Jesús a sanar: Mateo 9, 36 ; Mateo 14, 14 ; Lucas 7, 13 ; Marcos 8, 2.
Nuestra condición competitiva nos hace creer que nuestra identidad es la diferencia que hacemos. Somos las distinciones que podemos mostrar con orgullo lo que nos coloca aparte de los demás.
La compasión exige anular las distinciones y traiciona la profunda ilusión de diferenciarnos por competencias. Por eso la compasión confunde.
“Sean compasivos como su Padre”. Solo Dios puede ser completamente compasivo porque solo Él esta al margen de toda competencia con nosotros. Este mandato exige desenmascarar de identidad personal competitiva y eliminar el apego a las distinciones y comparaciones.
Ser asumidos en Dios. Dejar de ser la estima que recojo para ser el amor que recibo. Hombre nuevo libre de avaricia y afán de poder.
“El padre se alegra. El mayor no entra a la fiesta” (Lucas 15,28 – 32).
La compasión que Dios nos propone se caracteriza por un movimiento hacia abajo. Esto nos molesta. Aceptamos inclinarnos pero no bajar. Por eso tampoco aceptamos que el de abajo suba gratuitamente hasta donde a mi tanto me costo llegar.
Jesús quiere revelarnos la más intima identidad del Padre. El padre le pide que vaya de las alturas a la profundidad, de la victoria a la derrota, de la riqueza a la pobreza, de la vida a la muerte.
La compasión no es un movimiento con el que Dios se aleja de sí, sino un movimiento hacia sí mismo como tal. Un Dios que no vino a ser servido sino a servir.
Dios hace morada entre nosotros, en nuestra condición de enfermos, presos, pecadores y en este gesto de despojo no se desvía de su divinidad sino, al contrario, nos revela su divinidad. La compasión no es un movimiento con el que dios se aleja de si mismo sino un movimiento “hacia si mismo”.
Nos resulta difícil comprender que somos liberados x alguien que se hizo debil y carente de poder, o por un jefe que se hace siervo (Filipenses 2,6-8). Es comprensible que alguien crea que abandonar una posición de servidumbre parece una forma de masoquismo que frustra nuestras mejores aspiraciones. Es que la compasión carece de sentido a menos que en este ser pobre sufriente o perseguido encontremos al mismo Dios. Fuente de todo alivio y consuelo.
En el centro de la compasión (que es "padecer con el otro") encontramos el gozo de la Santísima Trinidad, el banquete de la vida al que nuestro “hermano mayor” no puede entrar.