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22 de julio de 2014 08:20 horas Programa Actual: Catequesis
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Contenido de Catequesis
Nuestro Dios es un Dios de paz
Dios no es Dios de confusión sino de paz.

1º Corintios 14, 33

¿Por qué elegí este versículo de la primera carta de los corintios en el capítulo 14, el verso 33?, porque justamente hoy queremos detenernos entre otros temas alrededor de los criterios básicos del discernimiento, y entre ellos está esta gracia de luz y de paz que trae la presencia del buen espíritu en el corazón.

Conviene asentar solidamente en el corazón algunos criterios además de este para entender por dónde hay que conducirse en la búsqueda de los caminos de Dios en espíritu de discernimiento, cuando hay paz y hay luz hay presencia del espíritu.

El espíritu santo, el que da gloria a Jesús, el espíritu de Dios el que no se contradice, si es de Dios lo que estamos encontrando en el camino de búsqueda y discernimiento de espíritu los frutos son buenos, si es de Dios edifica la comunidad. Dios en un Dios de luz y de paz, este sería el primer punto de nuestro encuentro hoy, el segundo el espíritu santo da gloria a Jesús, el tercero el espíritu de Dios no se contradice, el cuarto si Dios es Dios de luz sus frutos son buenos.

Si es de Dios lo que estamos encontrando en el camino, lo que estamos viviendo edifica la comunidad. Vamos entonces por el principio, Dios es un Dios de luz y de paz, esto quiere decir que sus inspiraciones y sus manifestaciones van acompañadas de claridad, orden, de paz. Donde hay claridad interior, dónde hay orden interior y exterior hay paz. Dios no es un Dios de confusión, nos ha compartido Pablo recién si no de paz.

La paz de Jesús no es la del mundo, yo les doy la paz y les dejo mi paz no como la da el mundo, el mundo como entiende la paz. Muchas veces como la ausencia de conflicto o como el equilibrio de fuerzas. No es tampoco la paz de los cementerios la que trae Jesús, es una paz distinta que se mezcla entre el dolor que aparece también en medio de la tribulación.

Como en la transfiguración de Jesús cuando Pedro exclama: “Maestro que bien estamos aquí”, así es el don de la paz que nos viene de Dios por medio de las cosas nuestras de todos los días, allí donde tenemos la certeza de que lo que nos está ocurriendo nos pone en el lugar que nos toca estar, ni más allá ni más acá. La presencia de la fuerza contraria a la de Dios, la que llamamos espíritu del mal y que viene a veces por la concupiscencia de la carne por el espíritu del mundo que resiste a Dios o por la acción directa del maligno va acompañada de confusión, de desorden, de inquietud.

Por eso Pablo ha dicho, Dios es un Dios de paz, no es de confusión. Con lo cuál Pablo esta distinguiendo las consecuencias que deja en el corazón la presencia de Dios diferenciada de aquellas otras consecuencias que deja el espíritu del mal cuando opera en el corazón.

A una hermana religiosa consagrada que estaba en espíritu de desolación, San Ignacio le describe las características de la desolación y lo dice así de este modo: “El enemigo nos hace desviar de lo que hemos comenzado, trata de tirarnos abajo en el ánimo, pone en nosotros tibieza sin saber porqué estamos de ese modo, no podemos rezar con devoción ni hablar ni oír hablar de cosas de Dios con gusto interior, sentimos como si todos fuéramos olvidados de Dios”. Venimos a pensar que en todo estamos lejos de Dios, lo hecho y lo que queríamos hacer nada tiene sentido, nos trae a desconfiar de todo, esto es ausencia de orden, es presencia del enemigo que trae confusión.

Se distingue claramente de aquella sensación de armonía, de interioridad ordenada de claridad, de estar en el lugar en el que tenemos que estar, no con ausencias de dificultades sino aún en medio de las dificultades de las luchas, de los dolores, de las enfermedades, de las crisis que siempre son posibilidades de crecer y de crecimiento con la certeza de que Dios está con nosotros y si Él está con nosotros como dice el apóstol en romanos 8 ¿quién contra nosotros?, ¿quién podrá apartarnos del amor de Dios?. No hay nada ni la misma aflicción que pueda contra los que vivimos en Dios, o los que buscamos vivir en Dios. Dios en un Dios de luz, es un Dios de paz.

Esas oscuras quebradas por donde Dios nos permite pasar, si las transitamos con paciencia, confiando de que no hay mal que dure mil años y no hay circunstancia de la que no podamos salir airoso con la presencia de Dios. Una vez que hemos transitado por allí salimos con la sabiduría de haber andado de los caminos oscuros por donde Dios quiere que transitemos para que aprendamos a descender con él a los lugares donde él descendió cuando murió para terminar de resucitarnos.

Justamente esos lugares de infierno interior que hay en nosotros. Pero el señor bendice. Entonces para estos tiempos de desolación hay algunas recomendaciones como permanecer en paciencia, no hacer mudanza, no cambiar rápidamente las cosas importantes, buscar la fidelidad, tener un gesto de caridad para con alguien que lo necesita aún cuando más nos cuesta, insistir más en la oración, si no podemos con la oración espontánea con la oración del corazón, con la oración de la palabra, con la oración vocal, particularmente la oración del rosario suele ser muy saludable en éstos tiempos. Y no identificar los momentos de gozo, de la oración como si fueran sólo esos los mejores momentos. En los momentos de lucha, de combate de la oración, suele ser donde más se fomenta la oración, donde más se fortalece.

El espíritu santo de Dios da gloria a Dios, el espíritu no puede inspirarnos cualquier cosa sino aquello que deriva de Jesús y se halla en consonancia con su obra. El espíritu de la verdad, decía Jesús en Juan 16, 13- 14, el espíritu de la verdad los guiará hacia la verdad completa, no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y les anunciará lo que ha de venir, él me dará gloria porque recibirá de lo mío y se los anunciará a ustedes. Pablo lo dice esto de una manera muy clara en primera de corintios 12, 3.

Nadie inspirado por el espíritu de Dios puede decir maldito sea Jesús, nadie puede decir Jesús es el señor si no es movido por el espíritu santo. El espíritu santo que guía nuestro camino es el que nos conduce a dar gloria a Dios, dice el apóstol, quién va en el camino de Dios y en discernimiento en Dios de sus propios caminos termina por darle gloria a Dios y proclamar la grandeza de Jesús. Mientras hay que examinar los espíritus para ver si vienen o no de Dios.

El que reconoce que Cristo es Jesús, se hizo hombre, habla de parte de Dios. En esto reconocerán al Dios que inspira, en cambio si un inspirado no reconoce a Jesús este no habla de parte de Dios, sino que habla como el anticristo dice en la primera de Juan 4, 1- 3. Es decir quien vive en el espíritu de Dios da gloria a Dios, quién glorifica a Dios lo hace movido por el espíritu y este es el que muestra y conduce por el camino.

El espíritu del hombre al natural y el espíritu del maligno tienen como otro movimiento, tienden a la auto glorificación. Se auto glorifican a si mismo, en muchas maneras y formas muy sutiles y a veces evidentes. Hay un culto hoy a lo humano que aparta de este sentido último de la vida de dar gloria de Dios. A veces este culto a lo humano es expresado en el mundo de las estrellas, el mundo de los espectáculos, es evidente, otras veces es como más sutil. En todos los casos el hombre se ha constituido en su propio Dios, sea descaradamente o sea sutilmente, cuando en realidad el espíritu que verdaderamente viene de Dios termina por incorporar lo humano en todas sus dimensiones a partir del hecho de dar gloria a Dios.

La presencia del Espíritu Santo, no contradice la presencia de Dios en lugares objetivamente claros como la palabra de Dios, la enseñanza de la iglesia en 2000 años atravesó tradición y el magisterio de la iglesia que guarda el depósito de la revelación. Otros tenemos como una misma fuente en dos vertientes en la revelación.

La sagrada escritura, la presencia del Espíritu Santo que guía a la comunidad de la iglesia hace 2000 años y esto encuentra su eco interpretativo y el acompañamiento pastoral por la guía de nuestros pastores y la enseñanza del magisterio, cuando se quiere discernir si lo que estamos vivenciando corresponde o no a una inspiración del Espíritu Santo, hay que confrontar con la palabra de Dios y hay que confrontar con la tradición de años de la iglesia y la enseñanza del magisterio.

En este sentido decimos que el Espíritu no se contradice. Santa Teresa de Ávila afirma que es de Dios aquella inspiración que vaya conforme a la escritura y apenas se apartase de ella, creería firmemente, dice Teresa de Jesús, que es del demonio. Porqué entonces no es necesario buscar señales, ni que espíritu es, pues esta tan clara esta señal, para creer que la inspiración es del demonio que aunque todo el mundo me asegurase que es de Dios, no lo creería.

Pablo tiene una expresión semejante cuando dice: “Si alguien enseñara algo distinto de lo que Uds., han aprendido de nosotros, aunque sean ángeles, los que vienen a revelarse, rechácenlo”.

Hace referencia a esta otra dimensión, la enseñanza magisterial por parte de la iglesia. El espíritu mentiroso nos tiende trampas para que sigamos encaminados hacia la ruptura con Dios y los demás, nos alejemos de El, entones inventa la nueva revelación que nos lleva a la nueva salvación y que no conduce a la conversión ni a la relación real con los miembros de la comunidad, son la aparición de un montón de inspirados e inspiradas que dicen haber recibido de Dios tal o cual mensaje y que no siempre terminan por producir los frutos que devienen del espíritu que es el próximo punto de nuestra reflexión de hoy, si es de Dios produce frutos buenos.

Para saber si un espíritu es de Dios, produce frutos buenos, no produce frutos malos y los frutos buenos cuales son? Dice Pablo en Gálatas 5,22-23, amor, alegría, paz, paciencia, comprensión de los demás, bondad y confianza, fidelidad, mansedumbre, dominio de si.

Fulano de tal dice estar inspirado por Dios, dice que Dios le dijo tal o cual cosa, le mostró tal o cual otra, pero uno observa su vida, la de fulano o la de fulana, se da cuenta que alrededor suyo hay confusión, alrededor suyo hay división, genera conflicto, siembra cizaña, difícil que el chancho vuele o le pongan alas, eso no es de Dios.

Se pueden decir muchas cosas, pero en realidad todo se define en los frutos, amor, alegría y paz, paciencia, comprensión de los demás, bondad y confianza, fidelidad, mansedumbre, dominio de si.

El atribuirse a si mismo una cierta inspiración, una cierta presencia de la gracia de Dios en particular que nos asiste, no esta mal si así ocurre, lo único que después hay que ver si eso se traduce en la vida, no se dice de golpe que no es así, tampoco se puede decir que sea así tal cual decimos que está ocurriendo, si no hemos visto en la vida como se traduce esto en una mejor manera de vivir.

Pablo habla del fruto en singular, para destacar que todos esos rasgos, estos de amor, alegría, paz, confianza, paciencia, comprensión de los demás, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de si, todos estos rasgos de carácter, aparecen en el cristiano que cultiva la presencia del espíritu en su corazón.

Se podría decir lo contrario, sino es de Dios los frutos no son buenos y Pablo también se encarga de hacer una linda lista de situaciones que muestran que a pesar de querer sostener que es Dios quien inspira no puede ser El si aparece la lujuria, la inmoralidad, el libertinaje, la idolatría, la magia, enemistad, las peleas, las rivalidades, la violencia, el egoísmo, la discordia, el sectarismo, los disensos y las envidias, las ebriedades y las comilonas, las orgías y todo exceso de ese tipo.

Ayer veía la película Karol, en su segunda versión, hermosísima realmente y en un momento de ya esta Juan Pablo en su ministerio apostólico como sucesor de Pedro, como Papa, en un momento en África va a la puerta sin retorno de donde salían los esclavos que llegaron a Europa y a todas partes de América del Norte sobre todo y mirando sobre esa puerta, muy hermosamente en la película, pone en boca de San Pablo aquel pedido de perdón con el cual nos introdujo él, en mar adentro en el tercer milenio diciendo “no puede ser que desde este lugar algunos hayan creído que era cristiano lo que estaban haciendo”.

Por los frutos se conoce el árbol, por mas que digamos que fue cristiano la matanza de las personas bajo determinado régimen, no hay cristianismo que pueda emparentarse con la muerte, ni el de la cruzada, ni las locuras de la reorganización nacional bajo el mote de occidental y cristiano. Por el fruto se conoce el árbol, no por los títulos, no por los galones, no por las autodeclaraciones ni por una definición de principios, ni por una categoría intelectual racional que nos hace creer que aquello que pensamos corresponde a la realidad, por los frutos se conoce el árbol.

Basta que el fruto lógico y natural de una determinada orientación sea la dimensión de nuestra fe viva en Jesús, para que aparezca bajo ese mismo signo lo que estamos afirmando y podamos decir que verdaderamente de El viene.

Dios es un Dios que produce frutos buenos, si los frutos no son buenos, la cosa no viene de Dios.

Si lo que estamos viviendo es de Dios, edifica a la comunidad. Saber si lo que nos está inspirando, hacia donde sentimos que nos va conduciendo lo que llevamos dentro del corazón que decimos pareciera que es de Dios, esto que conduce nuestra inspiración, debe edificar a la comunidad.

La acción del espíritu se dirige siempre a la edificación y a la unidad de la iglesia, todo aquello que separa, que destruye a la comunidad, es decir que va en contra del amor mutuo, no es del espíritu de Dios, por mas inspirado o escriturístico que parezca.

El Espíritu Santo guía a la iglesia a toda la verdad y la unifica en comunión y ministerio dice Lumen Gensium 4. Las enemistades, las disputas, los celos, las iras, las divisiones, las envidias, las provocaciones, los escándalos, las murmuraciones, los rencores, son obras de la carne y especialmente del demonio que debilita el cuerpo de Cristo.

Tal vez pueda aplicarse la pregunta de Pablo a los Corintios, “desde el momento que hay envidias y discordias entre ustedes, no es porque aún son carnales y viven a lo humano”.

Muchas veces nos quejamos de que la comunidad no este atravesando un buen momento, pero no revisamos todo aquello que hemos dejado entrar en el ámbito de la comunidad, sin discernimiento que termina por hacer pasar a la comunidad por un mal momento. Cuando aparece la enemistad, los enfrentamientos, los celos, las iras, las divisiones, las envidias, las provocaciones hay que caer en la cuenta de que no está la presencia de Dios guiando estos sentimientos, estas actitudes y estas acciones escandalosas de murmuraciones y de rencores sino que son obras de la carne y es acción especial del mal espíritu.

No siempre se puede encontrar la solución deseable a los problemas, no siempre es posible llegar a una coincidencia de pareceres, pero siempre es posible crecer en la caridad, en la comprensión mutua, en el mutuo respeto. Siempre es posible la gracia de la reconciliación y de la paz. Si una inspiración viene de Dios edifica a la sociedad y a la humanidad, llevando adelante la obra de la transformación de las realidades temporales, según el plan que Dios el Padre tiene.

Si queremos saber si a donde estamos siendo conducidos viene de Dios o no, es bueno tener en cuenta todo esto que hoy hemos compartido bajo la mirada de Pablo que desde el principio de la catequesis nos invita a distinguir entre orden y desorden, entre paz y discordia. Dios no es un Dios de confusión, es un Dios de paz.

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