Este sábado 6 de setiembre, la Obra de Radio María vivió el Retiro Mensual de Setiembre a cargo de Anabel Thanos, desde la ciudad de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires. Este es al anuncio que Thanos expuso en el Retiro:
Dicen que la geografía determina la Cultura y la Espiritualidad de los pueblos.
Desde esta bendita tierra Argentina , “Bahía Blanca” tierra de pescadores y redes... nos animamamos a descubrir al Señor, en lo cotidiano, en el hermano, en lo visible y lo invisible.
Entre hombres de mar, desde unas de las principales ciudades portuarias de nuestra Patria, le pedimos al Espiritu del Señor que se haga presente entre nosotros, en medio de nuestras oscuridades, necesitamos encontrarte Jesus ...
Si hacemos un poco de memoria todas las apariciones de Jesús resucitado tienen básicamente la estructura de un encuentro. También la que aconteció a orillas del lago de Tiberíades (Jn 21,1-14). Un encuentro que es, en realidad, reencuentro en lo cotidiano, como lo es, este momento compartido como comunidad orante.
En la Palabra la intuición del amor se muestra certera: «¡Es el Señor!!!...
Los invito a que Juntos entreguemos nuetras distracciones, lo que esta ocupando lugar en la cabeza y en el corazón, las preocupaciones, la lista de lo que tengo que hacer mas tarde, este dolor, esto que hace ruido y no me deja ver al Señor.
Aprovechamos el tema musical para despojarnos de esta mochila que nos pesa. Como peregrinos cansados que buscan nuevas fuerzas, dejamos en los pies de María mediadora nuestra, todo obstáculo para ir al encuentro de su Hijo, y como dice un amigo “Que el árbol de los pequeños odios no nos tape el bosque del gran amor”.
La Palabra esta en (Jn 21,1-14) Aparición junto al mar de Tiberíades
Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
«El juego del escondite»
Puede ayudarnos a comprender la palabra, este cuento tradicional del Judaismo místico que se llama «El juego del escondite», que dice asi :
“El nieto de un anciano rabino, jugaba un día al escondite con otro niño. Estuvo escondido mucho tiempo pensando que su compañero le estaba buscando hasta que, cansado de esperar, salió de su escondite y corrió llorando a contarle a su abuelo, el anciano rabíno, que su amigo ni siquiera se había puesto a buscarle.
Los ojos del Rabíno se llenaron también de lágrimas y dijo: «Eso es también lo que dice el Señor: "Me escondo y nadie me busca...".
«Se apareció Jesús»
En los relatos pascuales de los Evangelios hay algo de este juego: el Resucitado aparece
repentinamente «bajo otra figura» a dos discípulos, como dice Marcos (16,12), se acerca bajo la apariencia de un peregrino a los de Emaús (Lc 24,15) o de un jardinero a María Magdalena (Jn 20,11-15).
El resucitado aparece como quien desaparece. Es el mismo Jesús, pero no es lo mismo.
La nueva presencia abre los ojos de los discípulos; les hace ver y entender de una manera nueva.Les hace pasar del miedo y de la duda a la confianza.
Es el tránsito del «no conocer» al «reconocer» lo que envuelve a los discípulos en el dinamismo pascual y los hace pasar de un estado de indigencia a otro en el que les desborda la plenitud del gozo.
En la escena del lago (Jn 21,1-14), la fatiga estéril de los pescadores en la noche es su manera de experimentar la ausencia de un Jesús que se esconde. El «no» con que responden a la pregunta del desconocido que está en la orilla y pregunta: «Muchachos, ¿tienen pescado?», resume una situación cerrada, y casi les arranca una confesión de conciencia desdichada de la que no parece haber salida.
Es de noche en medio del lago.Y ellos están buscando al Maestro sin saberlo.
El Señor se hace presente en nuestra vida, aquí mismo...en este lugar , en mis situaciones, en medio de mi indigencia ...
« Meditemos de que manera -que no estoy reconociendo- Jesús esta viniendo a nuestro encuentro.
«¡Es el Señor!»
El amanecer acompaña la presencia de Jesús en la orilla y el dato de la luz nos introduce en una situación nueva y abierta: comienza el día, se escucha una palabra y la red desborda de peces.
La luz llega a los ojos de Juan y le hace salir de Ia oscuridad y entrar en el reconocimiento: «¡Es el Señor! » (Jn 21,7).
Pedro salta al agua porque reconocer en Israel no pertenece sólo al ámbito de la inteligencia,sino que afecta y compromete la vida entera: conocer al Señor es conocer su interpelación, es entrar en una relación de obediencia rendida.
El final de la escena refleja la situación transfigurada: el trabajo se ha vuelto fecundo, los discípulos se reunen en torno a aquél que ha congregado su dispersión y ha vuelto a reunirlos en una comida fraterna.
La conversión a la que convoca la Pascua está insinuada en un verbo ya familiar:
«Ninguno se atrevía a preguntarle: ¿quién eres?, porque sabían que era el Señor
«Es gloria de Dios ocultar un proyecto, es gloria de reyes descubrirlo» (Proverbios 25,2).
La novedad de la Pascua va más allá del viejo proverbio: la verdadera gloria está en acoger con asombro agradecido al mismo Dios, que se hace encuentro pero no como fruto del esfuerzo de nuestra búsqueda, sino como un regalo inmerecido.
« Oremos al Señor para poder reconocer el gozo de su presencia en nuestras vidas
Desde el Lago Tiberiades hasta Aparecida
Es esta experiencia profunda de Jesucristo, que irrumpe en nuestras vidas, lo que convierte la mision en un compromiso con la vida. Insistimos que es un compromiso y no una obligación, ya que como dice el documento de Aparecida al inicio de la 3a parte, la misión de los discípulos consiste en estar al servicio de una “vida plena”.
Una vida plena para todos
“La vida plena para todos” como indica el Documento, solo surge de experiencias profundas, no de planes y estructuras vacias. Podemos estar “toda la noche de pesca”, pero es Jesus mismo quien nos marca el camino “tiren las redes a la derecha y allí encontraran” . Hacer lo que Jesús nos sugiere nos descubre su verdadero rostro, el que anhelamos para nosotros y para todos los hombres..
Pero, unas lineas adelante, Aparecida nos puntualiza , ante todo cual es “esa vida plena para todos” : es la vida nueva en Cristo, participación en la vida de amor del Dios Uno y Trino, que comienza en el Bautismo y llega a su plenitud en la resurrección final” ( Documento de Aparecida 357). Nuestros pueblos quieren esa vida, ya que están inmersos en sombras de muerte (hedonismo, poder, placer a cualquier precio) y anhelan la Vida de Cristo quien “no quita nada y nos da todo”, ya que el mismo Jesus nos prometió la vida plena (Jn 10, 10).
Interpelados por la realidad
Es que la condicion de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y dolor, contradicen este proyecto del Padre -“la vida plena”- , y nos interpelan para que asumamos un mayor compromiso con la “cultura de la vida”. El Reino de vida que Cristo inauguro es incompatible con esas situaciones inhumanas que vemos a cotidiano a nuestro alrededor.
Cómo discípulos estamos llamados al servicio de la vida plena, pero existen muchas contradicciones en nuestra misión al servicio de la vida y de la esperanza ...fatiga, desaliento, falta de compromiso, ausencia de alegría,prejuicios, distorción del mismo rostro del Señor, el trabajo hasta muchas veces planificado pero que se queda sin Dios. Así podemos sumar mas actitudes que nos muestran la búsqueda, las buenas intenciones, pero como fruto distan bastate de la justicia y el amor de Dios para nuestra propia vida y para generar vida en nuestro pueblo.
« Qué se esta interponiendo al mismo Dios, que pequeños árboles de odio, estan tapando el bosque del gran amor?
« Cómo esta nuestro estado de gracia, condición necesaria para ser auténticos a la hora de testimoniar al Resucitado?
Leyes profundas de la realidad que nos llenan de esperanza y entusiasmo
Esa experiencia del Resucitado, es decir la “vida plena” cumple con una ley profunda de la realidad, ya que solo se desarrolla plenamente en la comunión fraterna y justa, porque Dios en Cristo no redime solamente la persona individual sino también las relaciones sociales entre los seres humanos” (Documento de Aparecida 359).
Y ademas hay una segunda ley profunda de la realidad que es milagrosa en si misma, ya que la “vida plena” se alcanza y madura a medida que entregamos nuestra vida para dar vida a los otros.
Llamados a la renovacion pastoral
Debemos pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera (Documento de Aparecida 365-372). Siempre estamos tentados a “conservar” lo que conocemos, a repetir lo que ya hicimos. Pero Jesús nos dice “tiren la red a la derecha que allí encontraran”
La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza a la misión de toda la Iglesia.
Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (Cf. Jn 2, 5) para que Él pueda derramar su vida en medio de nuestro pueblo.
« Examinado nuestras conductas podemos detectar aquellos protagonismos sin Dios que le quitan vida a nuestras comunidades eclesiales, a nuestras instituciones, a nuestro pueblo Argentino?
« En comunidad oramos y elegimos tres acciones concretas para hacer presente al Maestro en nuestras vidas y otras tres acciones concretas para transmitir la vida del Señor en nuestra actividad misinera al servicio de la vida plena.