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07 de septiembre de 2010 13:12 horas Programa Actual: Tiempo de Noticias Segunda Edición

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Retiros
Retiro Mensual de Octubre 2008: El Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana
Este sábado 4 de octubre, la Obra de Radio María vivió el Retiro Mensual de Octubre a cargo de María Fernanda Maurutto, desde la ciudad de Córdoba. Este es al anuncio que Maurutto expuso en el Retiro:

 

 

El Reino de Dios

 

Como discípulos misioneros estamos llamados a anunciar a todos la buena nueva que seguramente ha sido buena noticia en nuestra vida y como dice Juan no podemos callar lo que hemos visto y oído por eso deseamos fervientemente salir  a anunciarlo a todos. La misión del anuncio de la buena nueva tiene una destinación universal.

La buena noticia está impregnada por el amor, trae consigo un  mandato de caridad que abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y a todos los pueblos

Todos y cada uno de nosotros hemos sido llamados desde el Amor y para el amor. El Señor nos ha pensado desde siempre y nos ha llamado desde el primer momento, su proyecto se hace proyecto en nuestra vida, por ello es necesario escuchar su voz que llama y dar respuesta inmediata para poder servirle en la construcción del reino.

Estamos llamados a ser la voz que grita en el desierto de nuestras vidas, en medio de las realidades mas oscuras de nuestra existencia, allí donde parece que nada es posible estamos invitamos a confiar en que Dios nos dará la fuerza y los elementos necesarios para   su palabra y su amor. Porque el anuncio, es un anuncio de amor de caridad. Jesús mismo nos lo ha dicho que el primero y mas importante de los mandamientos es el amor Más aún cuando lleguemos al final de nuestra vida será esa la pregunta que tendremos que responder ¿cuanto hemos amado?, ¿Cuánto hemos servido desde el amor, cuanta caridad hubo en nuestra vida? Pero para llegar a esa instancia hay que andar el camino, por eso es bueno que nos preguntemos en este aquí y en este ahora cuánta caridad hay en mis acciones?

Alcanzar el reino de Dios es reconocer el amor en nuestra vida y en Jesús está demostrado ese amor, El es amor supremo, El se entregó por amor a cada uno de nosotros, El ha venido a traer esta buena noticia, la de la vida nueva en el amor.

En el Evangelio de Marcos 1,14-15 El Señor nos dice:

"Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva”. Cristo, por tanto para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos. Cómo dice el Catecismo de la Iglesia Católica en su numero 542: “Todos los hombres están llamados a entrar en el reino de los cielos. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones, para entrar en él es necesario acoger la palabra de Jesús.

El reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que acogen con un corazón humilde. Porque los que son pobres nos poseen nada lo tienen todo en Dios.

Jesús se identifica con los mas sencillos con los pobres de verdad, el conoció el camino de la renuncia, la privación, la sed, se identifica con los pobres de toda clase; hace del amor activo la propuesta del reino”.

Poder entrar en el reino supone despojarse de todo lo que tenemos, de lo que estamos agarrados que no nos permite avanzar con libertad en la vida para alcanzar el camino del amor y de la generosidad.

Para alcanzar el reino de Dios es fundamental convertirnos, es una condición necesaria. Jesús en más de una oportunidad nos hace esta invitación a cambiar y convertir nuestra vida. Tomemos por ejemplo el texto de Lucas 5,36-39:

“Y les dijo también una parábola: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para ponerlo (de remiendo), a un vestido viejo; pues si lo hace, no sólo romperá el nuevo, sino que el pedazo cortado al nuevo no andará bien con el viejo.

Nadie, tampoco, echa vino nuevo en cueros viejos; pues procediendo así, el vino nuevo hará reventar los cueros, y se derramará, y los cueros se perderán.

 Sino que el vino nuevo ha de echarse en cueros nuevos.

Y nadie que bebe de lo viejo quiere luego de lo nuevo, porque dice: el viejo es excelente".

Jesús ha venido a traernos una vida nueva, vida de la gracia, y esa vida nos requiere como hombres nuevos, con una nueva mentalidad, con nuevos criterios, con una nueva escala de valores, ahora debemos ver las cosas de una manera distinta, y hacer un juicio renovado de los acontecimientos. En efecto Jesús, ha venido a terminar con todo lo viejo y nos trae un hombre con un nuevo sentido de la vida, con esperanzas nuevas.

Ese vino nuevo, es el hombre nuevo que se forma en Cristo, se debe echar en odres nuevos, esto es un cambio profundo y un nuevo sistema de vida. Pablo nos dice; “Así como Jesucristo resucito en la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6,4), o también como nos aclara cuando nos dice: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente” (2 Corintios 5, 17).

No nos contentemos con lo que somos, tratemos de ser como nos enseño Jesús, “sean perfectos como es perfecto el Padre que esta en los cielos” (Mateo 5,48).

 

Promoción y dignidad humana

 

La conversión se hace necesaria para poder contener la presencia amorosa de Dios en nuestra vida y para que en ella echen raíces los gestos de amor y misericordia de Dios;  no solo para nosotros sino que también puedan ser verdadero alimento para otros. Estamos llamados a ser discípulos  misioneros, llamados a anunciar a todos los hombres con nuestros gestos y palabras la buena noticia. Para hacerlo, para que en nuestros gestos y palabras se haga presente el Señor es necesario convertirse.

Los invito a tomar las bienaventuranzas, "El compendio del Plan de Dios para el Hombre":

 

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra.

Bienaventurados los hambrientos y sedientos de Santidad, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos conseguirán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos a causa de la santidad, porque de ellos es el reino de los cielos.

 Bienaventurados ustedes cuando los maldijeren y persiguieren y dijeren, mintiendo, todo mal contra ustedes por mi causa. Alégrense, porque la recompensa de ustedes será grande en los cielos” (Mateo 5,3-12).

 

Las bienaventuranzas son la síntesis del Evangelio de Jesucristo. No podemos transformar el mundo si no vivimos y tenemos el espíritu de las bienaventuranzas. Por eso buscamos en ellas el espíritu que las impregna, sabiendo que han sido proclamadas para todos, no sólo para una categoría especial de cristianos. Constituyen la manera concreta de vivir el proyecto renovador de Jesús.

Su espíritu se sitúa más allá de la ética y de la moral. Las bienaventuranzas no son los mandamientos del Nuevo Testamento ni una lista de virtudes ascéticas que privilegiar. Se colocan bajo otra óptica. Hablan de situaciones sociales, de vicisitudes de persecución, de coyunturas desagradables, de condiciones de debilidad y de desventaja.

Las bienaventuranzas se mueven en este nivel. No dicen si se debe hacer esto o aquello- eso es la moral-, sino si lo que se hace manifiesta y comunica el corazón de Cristo, si se es testimonio o no de su mensaje para la salvación de los hombres.

Las bienaventuranzas son una revelación de Dios, de cómo es su amor, su corazón. Su mensaje central expresa la verdad de que el Reino de Dios está ya aquí, en la situación que describe cada una de ellas. Está en nosotros y entre nosotros, aunque en la dinámica del ya y del todavía no.

Además, la expresión Reino de Dios evoca a un rey-servidor del pueblo, a un personaje justo y misericordioso que se preocupa por resolver los problemas de la gente y por defender la libertad de las personas.

Es Dios quien tiene una predilección por quienes se encuentran en dichas situaciones. Las bienaventuranzas antes que expresar una virtud del corazón, declaran cuáles son las opciones de Dios, qué es lo que le gusta, que es lo que prefiere y qué haría si se hiciera hombre. ¿Qué haría Dios en el mundo de hoy? Haría lo que ha hecho Jesús, o sea, lo que anuncian las bienaventuranzas

Las bienaventuranzas son la revelación de la profundidad del corazón de Cristo; y dan la vuelta a la mentalidad del mundo: la cruz, que en la opinión mundana es un patíbulo de vergüenza, llega a ser con Jesús la expresión más grande de amor que se puede concebir. Es este un profundo cambio espiritual.

He aquí, pues, en las bienaventuranzas un concepto de amor totalmente diferente del mundano... Ellas muestran cómo es el corazón de Jesús y alimentan en nosotros sus mismos sentimientos de amor. Nos estimulan a optar según las preferencias de Dios, a tener los mismos destinatarios y, sobre todo, a desarrollar la misma capacidad de amar.

 

Gestos y palabras en acción

 

Estamos llamados a la acción concreta a ser capaces de descubrir con mirada nueva la realidad que nos circunda, a salir del letargo en el que nos encontramos, salir de la burbuja en la que nos hemos metido y la que nos mantiene bastante ocupados como para percibir lo que en realidad pasa a nuestro alrededor. Muchos hemos entendido o entendemos que los gestos de nuestra misión solo se traducen llegando aun lugar lejano para asistir a los que menos tienen. Esa es solo una expresión de la tarea de caridad a la que estamos llamados. La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios (CIC 1822).

Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo.

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad, es siempre desinteresada y generosa, es amistad y comunión (CIC 1829).

Como Iglesia, tenemos la misión de comunicar la vida de Jesús a todas las personas desde el anuncio y la asistencia. Es decir desarrollar en nuestra vida la caridad desde Jesús y darla generosamente en gestos y palabras a los hermanos.

La cultura actual tiene a proponer modelos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano y nos llena de valores superfluos que termina destruyendo los valores fundamentales de la vida. Necesitamos darlo vuelta al mundo de hoy, no solo es posible dando amor; sino haciéndonos Amor.

Ser hombres nuevos, es poder dar respuesta a la situaciones de dolor, de injusticia, de abandono, que nos circundan. Es no quedarnos de brazos cruzados, dejando que la cultura de la muerte nos destruya la vida. Nuestra poción, debe ser una opción preferencia por los pobres, por los sencillos, por los que no pueden hacer oír su voz. Que la opción sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales. Somos invitados a ser la voz que grita en medio del desierto, en medio de la oscuridad. Cuando el Señor llega a nuestra vida nos invita a salir para ser luz y sal para las naciones, bien dice el evangelio no se enciende una luz para esconderla, sino más bien debemos ser pregoneros de la luz de Cristo que quiere iluminar la vida de todos los hombres.

El Santo Padre nos ha recordado que la Iglesia está convocada a ser “abogada de la justicia y defensora de los pobres” ante “intolerantes desigualdades sociales y económicas que claman al cielo” (EAm 56a).

Todo proceso evangelizador implica la promoción humana y la autentica liberación” sin la cual no es posible el orden justo de la sociedad” (DI 3). La verdadera promoción humana no puede reducirse a aspectos particulares.”Deber ser integral, es decir, promover a todos los hombres y todo el hombre (GS 76) desde la vida nueva en Cristo que transforma a la persona de tal manera que “ la hace sujeto de su propio desarrollo (PP 15).

La globalización hace emerger en nuestros pueblos nuevos rostros de pobres; los migrantes, las victimas de la violencia, desplazados y refugiados, victimas del trafico personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, toxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son victimas de la  prostitución, de la pornografía y violencia o trabajo infantil, mujeres maltratadas, victimas de exclusión y del trafico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, los desempleados, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, as personas de la calle, los indígenas y los afro americanos, campesinos sin tierra  y los mineros. Hay que denunciar , acompañar y proponer políticas sociales nuevas donde estos hermanos nuestros encuentren su lugar   ayudarlos a defender su dignidad humana y donde no sean golpeados en su libertad y en su esencia de seres humanos.

Me parece bueno terminar con este escrito de Madre Teresa de Calcuta quien vivió con y por los pobres entre los pobres:

 

No importa quienes somos, ni cual es nuestra profesión: es decir, qué somos.

No importa nuestra nacionalidad, ni tiene importancia que seamos pobres o ricos.

Cualquiera sea nuestra condición humana y civil, cualesquiera que sean nuestras circunstancias profesionales y sociales, somos radicalmente hijos de Dios, hechura de sus divinas manos.

Cada uno de nosotros tendrá que encontrarse cara a cara con El en la hora de su muerte.

Él nos juzgara

¿Y cómo se desarrollara el juicio?

El juez nos dirá

-tuve hambre y me diste de comer. Estaba desnudo y me vestiste. Carecía de hogar y me diste cobijo…

Vivimos en un mundo que padece hambre. No solo hambre de un pedazo de pan

Hambre también de amor

Hay gentes que se sienten no queridas, no amadas, descuidadas

En tanto, nosotros estamos demasiado ocupados, hasta el punto de que no tenemos tiempo para sonreírnos unos a otros

Aun menos tenemos tiempo para orar

Y menos aun para permanecer unidos, para saciar la necesidad que tenemos unos de otros.

 

 

Pensemos un poquito acerca de cómo estamos dando respuesta a las necesidades más urgentes, a las realidades injustas que no permiten el crecimiento y el desarrollo de las diferentes personas en nuestra sociedad, la injusticia que genera una desigualdad que duele.

 

¿Qué respuesta personal y comunitaria damos? ¿Estamos mostrando el rostro de un Jesús que dignifica y libera?

 

¿Cómo vivimos la construcción del reino de los cielos en nuestra vida y nuestra comunidad?

 

¿Son las bienaventuranzas un lugar desde donde nos paramos para alcanzar el reino de Dios y la grandeza del amor que libera y convierte?

 

¿Qué gesto concretos de caridad estamos desarrollando en nuestra vida y nuestras comunidades?

 

¿A qué acción concreta me invita hoy el Señor para ser verdadero discípulo misionero?

 

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La dignidad es un derecho fundamental de todo hombre.
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