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25 de julio de 2014 12:56 horas Programa Actual: Entre Nosotros
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Jesús nos enseña a orar

Y sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos:  «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos».  Él les dijo:  «Cuando oréis, decid:  Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».

Lucas 11; 1 - 4

Comentando éste texto bíblico San Agustín en el Sermón 80 nos dice así: creen hermanos que Dios no sabe lo que es necesario. El que conoce nuestros desamparos conoce anticipadamente nuestros deseos.

Por eso cuando el Señor enseñó el Padrenuestro recomendó a sus discípulos a ser sobrios en la palabra. Cuando recen no usen muchas palabras como los paganas. Su Padre sabe lo que les hace falta antes que se lo pidan.

Si nuestro Padre sabe lo que nos hace falta, dice San Agustín, ¿  porqué decírselo aunque sean pocas palabras? Señor si tu lo sabes todo ¿es necesario orar? Se pregunta el obispo africano.

Ahora bien el que aquí nos dice no usen muchas palabras en sus oraciones nos dice en otra parte: pidan y recibirán y para que nadie crea que lo que dice como de paso en otra parte añade: busquen y hallarán. Y para que nadie piense que es una simple manera de hablar miren como termina: llamen y se les abrirá.

El Señor quiere recibir. Primero que le pidamos. Que para hallar te pongas a buscar y en fin para entrar no dejes de llamar ¿ para que pedir? ¿ para que buscar? ¿ para que llamar? ¿ para que cansarnos orando, buscando, llamando como para hacer saber al que ya lo sabe todo, se pregunta San Agustín. Incluso leemos en otra parte es preciso orar sin parar, sin cansarse y termina: bien para aclarar éste misterio pedí, buscá y llamá y si el Señor cubre de velos éste misterio es que quiere que te ejercites en buscar, en encontrar tu mismo la explicación.

Todos nosotros debemos alentarnos mutuamente a orar. Sin duda la oración es un lugar clarísimamente humano. Es decir de gozo, de alegría, de búsquedas, de anhelos, de esperas, de luchas. Le preguntaba un discípulo a un monje del desierto ¿ que es la oración? A lo que el sabio monje respondió: es un lugar de combate. Nos muestra éste costado laborioso, humano y de oración la respuesta del monje. En momentos de consolación la oración nos resulta fácil.

Nos parece volar. Podemos pasar horas junto a la Palabra o frente al Santísimo sin distraernos, sin experimentar cansancio. En otros momentos la oración es un ejercicio penoso, arduo, donde el silencio no parece habitado por la Palabra sino por la experiencia dolorosa de la sed en medio del desierto donde lo que resta por delante es un largo camino sin poder sostenernos más que la esperanza que algún momento será el oasis de la presencia de Dios que todo lo habita. La oración, un camino que Jesús enseña con su testimonio y nos alienta a vivir en común unos con otros.

El segundo punto de nuestra catequesis de hoy es Jesús maestro de oración. Cuando Jesús ora nos enseña a nosotros el camino de la oración. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica : el camino teologal de nuestra oración es su oración, la oración de Jesús a su Padre. El Evangelio nos entrega una enseñanza explícita de Jesús orante. Jesús aparece en la Palabra de Dios, en los textos evangélicos como un pedagogo. Nos toma donde estamos y progresivamente nos conduce al Padre. Jesús es un orante.

De hecho el pedido de los discípulos Señor enséñanos a orar nace de la observancia de un Jesús profundamente rezador. El hizo un camino de aprendizaje en la oración junto a María y a José sus padres.

La familia de Nazaret fue la escuela de oración de Jesús. El Maestro Jesús fue discípulo que aprendió en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo en la Sinagoga de Nazaret y en el templo el camino de la oración.

Este camino de aprendizaje, de oración familiar y popular en la sinagoga y en el templo tiene sin embargo en la vida de Jesús una fuente secreta, distinta como lo dice El cuando tiene doce años y en el Evangelio de Lucas nos queda testimoniado en el capítulo 2 en el verso 49 yo debo estar en las cosas de mi Padre.

Esta experiencia de vínculo con el Padre es la que abre a lo que va hacer toda una novedad en el estilo de oración de Jesús: la oración final, la oración filial, la oración que completa el camino de oración. Cuando ustedes recen digan Padre y Pablo va a entender los gemidos interiores del Espíritu cuando hablando acerca de la oración nos diga que éste clama llamando interiormente llamando desde dentro de nosotros a Dios por el nombre que tiene abba es decir papá.

El camino de la oración de Jesús Maestro es un camino aprendido, donde El enseña, es un camino que tiene como fuente y lugar primero de aprendizaje el modo y el estilo de trato de Jesús con su Padre.

Es su testimonio el que contagia. Hay una imagen de Jesús orante que a mi particularmente me pone en contacto con éste testimonio de oración de Jesús. Es un cuadro donde el Señor aparece con las manos entrelazadas, los ojos cerrados, un gesto verdaderamente concentrado y con una presencia de luminosidad que indica éste contacto de intimidad, de encuentro profundo y de relación clara de lo más hondo de su corazón en el trato con el Padre.

Es contemplándolo a El y escuchándolo a Jesús donde nosotros aprendemos el camino de la oración filial, el camino de la oración a Dios como Padre. Aprendemos a decir Padre en el Hijo Jesús en el que nosotros somos hijos también.

La oración de Jesús es una experiencia existencial que abarca la vida. Así loo expresa la Carta a los Hebreos 5,7-9 el cual habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte fue escuchado por su actitud reverente y aún siendo Hijo con lo que padeció experimentó la obediencia y llegando a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

El camino de la oración de Jesús es un camino de obediencia en la fe, es un camino de entrega, es un camino de obediencia, de fe y de entrega hasta expresar con la propia vida en clamor y en lágrimas lo que está e4scondido en el corazón de Cristo, la humanidad toda que sufre y padece la ausencia de Dios por la ruptura de iniquidad queha introducido el pecado en el corazón mismo de la humanidad.

Es allí en aquellos lugares que podríamos llamar de infierno humano donde Jesús se instala con clamor y lágrimas para pedirle a Dios el Padre la liberación de la muerte experimentando El la propia muerte y liberándonos a nosotros de ella para darnos la vida para siempre.

Es una oración existencial Pascual la de Jesús y a partir de allí nosotros contemplando al Jesús orante con la vida aprender a orar desde la vida y con el corazón. No solo son palabras, no está en las muchas palabras la oración sino en un corazón que se anima a poner la vida en la oración. La oración en la enseñanza de Jesús va de mano de la conversión al rostro del Dios verdadero, el Padre.

La reconciliación con el hermano antes de presentar la ofrenda en el altar, el amor a los enemigos y la oración por los que nos persiguen, el orar desde el corazón y en lo secreto, el no gastar muchas palabras, el perdonar desde el fondo del corazón al orar, la pureza del corazón y la búsqueda del Reino.

Es toda ella polarizada hacia el Padre en el vínculo filial. No hay verdadera oración si no hay verdaderamente un camino de oración. La verdadera conversión se da de la mano de un camino de oración y la verdadera oración de un camino de conversión.

En esto Santa Teresa de Jesús tenía una expresión sumamente rica al respecto: vida regalada, es decir una vida ligera y camino de oración no van de la mano. Solamente una vida vivida en orden puede ser una vida de oración profunda y una oración honda, profunda conduce a un ordenamiento claro de la propia vida. El camino de la oración que Jesús nos invita a vivir hoy guarda todavía algunas de las enseñanzas que estamos compartiendo en ésta mañana.

La oración que enseña Jesús es la oración en fe. La oración en fe nace de un corazón que se convierte. La fe es una adhesión filial al Padre más allá de lo que nosotros sentimos, más allá de lo que nosotros comprendemos.

La oración es posible en Jesús el Hijo amado que nos abre al encuentro con el Padre. El puede pedirnos que busquemos y que llamemos porque El es la Puerta y El es el Camino. La oración de Jesús invita a la audacia. Del mismo modo que Jesús ora al Padre le da gracias antes de recibir sus dones, nos enseña ésta audacia filial. Todo lo que pidan en la oración crean q ya lo han recibido.

Esta es la fuerza de la oración. Todo es posible para quien crea. Con una fe que no duda oramos. Con una fe que sabe que lo que pide lo recibe. Así como Jesús se entristece por la falta de fe de los de Nazaret y la poca fe de sus discípulos así admira la gran fe del centurión romano y de la cananea. Del centurión dice Jesús: jamás he encontrado fe como he visto en éste hombre y a loa mujer cananea que le dice: los cachorros comen de las migas que caen de las mesas de sus señores.

Le dice que la salud de su hija es una realidad a partir de la fe que ella tiene. Orar pero no solo orar. Orar con fe, orar lanzados audazmente en las manos del Padre como hace un niño que no tiene problema de subirse a la mesa y decirle al papá: me tiro papá .Se lanza y el Padre lo recibe cuando se tiró de la mesa y el Padre estaba del otro lado esperándolo.

Así Dios nos quiere a nosotros lanzados audazmente, confiados, absolutamente sabiendo que Dios hace posible lo que a nuestra experiencia racional, experiencia de vida de fracaso algo le dice que no es posible aquello que sentimos nos brota de lo más hondo del corazón como anhelo, búsqueda, deseo. Dejémonos llevar por la inspiración que Dios pone en el corazón y animémonos a caminar en paz y confiados los caminos en los que Dios hace posible lo imposible.

El tercer punto de la catequesis de hoy es: oramos en el nombre de Jesús El Padre atiende las súplicas del Hijo y en todo caso la nuestra en la medida en que en Cristo estamos en comunión. En cuanto estamos en unión plena con El, el Padre recibe nuestras súplicas. Pedir en el nombre de Jesús es pedir estando en comunión con su voluntad, haciéndonos uno con su querer.

En Juan 14,3 la Palabra nos dice: y todo lo que pidan en mi nombre yo lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Este yo lo haré por parte de Jesús. Este yo lo hago por parte del Señor tiene como sustrato o condición el que nosotros permanezcamos en Cristo. Lo que el Padre nos da cuando nuestra oración está unida a la de Jesús es otro Paráclito para que éste permanezca con nosotros para siempre. Es el Espíritu de la verdad. Esta novedad de la oración y de su condición aparece en todo el discurso de despedida de Jesús.

En el Espíritu Santo nuestra oración es comunión de amor con el Padre no solamente por medio Cristo sino también en El. Hasta ahora nada han recibido en mi nombre. Pidan y recibirán para que su gozo sea perfecto. Orar y orar con la confianza cierta que el Señor escucha nuestra súplica. Orar anhelando permanecer en comunión de amor con Dios el Padre en la persona de Jesús. Orar desde los gemidos que el Espíritu Santo mueve nuestro corazón para que desde ese lugar de transformación nuestra oración sea con poder en fe sabiendo que Dios hace posible lo imposible.

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