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23 de abril de 2014 00:15 horas Programa Actual: Catequesis (R)
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La Tolerancia Del Disenso

Diálogo con Pedro Almeida, sociólogo


    La tolerancia, tanto como la intolerancia, son dos expresiones diferentes de un mismo tema.
    Estamos preocupados porque crece la intolerancia en la sociedad argentina, y daría la impresión de que este ‘virus’ de la intolerancia es tan peligroso como el dengue.

GL: Pedro Almeida¿Cuáles son las consecuencias de la intolerancia cuando empieza a desarrollarse, a crecer, en una sociedad? La historia ha tenido capítulos terribles en materia de intolerancia. ¿Cómo se vivencia eso socialmente?
PA: En un mensaje del Rector de la Universidad Católica de Córdoba para semana santa, decía en algunas frases de que  “hay que recuperarse de aquella idea de que uno tiene la noción correcta del bien y del mal, y comprender a otras personas que piensan de otro modo, sienten de otro modo y creen en otra cosa”. Me parece un mensaje muy sabio. Nos han enseñado a que tenemos que ser hombres de principios, que siempre sabe lo que corresponde, siempre está seguro del bien y del mal,  siempre saber quién es el que está acertado –que piensa como uno- y quién es el que está equivocado –que es el otro-.
    Creo que la mayor parte de los problemas del mundo son debidos a la intolerancia, es decir, por la dificultad de aceptar lo diferente, de convivir en la heterogeneidad, es decir, con quien no piensa como yo, tiene distintos parámetros de evaluación.

GL:Vos hablaste de tener una correcta noción del bien y del mal. Parece entonces que es nuestra propia moral la que genera la intolerancia

PA: Ese es el tema: nosotros queremos exigir un modo de comportamiento en base a ciertos criterios y pautas que tenemos elaborados y asumidos, y no siempre es así.  Hay que ser considerado con otras concepciones de lo correcto. El mensaje cristiano no está en una moral rígida, absoluta, sino en la caridad, en la percepción de las diferencias y en la comprensión, en todo eso que hace el mundo más rico, y hoy en día con la globalización, si nosotros queremos aplicar un criterio único, una cultura única, un sistema de valores único, una religión única, nos vamos a encontrar con que vamos a tener que pelear con todo el resto del mundo.

GL: Ha habido una distorsión. Hablaste de una imagen hermosa, de una ‘cavidad’ que hace referencia a ‘hacer lugar’ más que salir a convencer (hermosa imagen para aplicar a Jesús), a imponer una determinada escala de valores. Es darle cabida al que es distinto.

PA: La comprensión del otro implica el no juzgamiento preliminar, y el aceptar que puede haber distintos puntos de vista. Los judíos han sufrido en carne propia la intolerancia. Si uno tiene un esquema de valores, a partir de ahí se puede considerar y respetar la de otro. El problema viene cuando uno no tiene escala de valores, lo que crea una sensación de inseguridad, inestabilidad social y emocional muy fuerte.

GL: ¿Cómo tolerar la intolerancia? Cuando nos topamos con personas rígidas para las que todo es blanco o negro, sin términos medios, sin posibilidad de reflexión ni de diálogo, con autoritarismo y prepotencia, ¿Cómo nos plantamos con la propia tolerancia o con la tolerancia que quiere difundir en la sociedad, frente a los intolerantes?

PA: Hay un poema que dice “Si una espina me hiere me aparto de la espina, pero no la aborrezco”. Yo evitaría tener que compartir con una persona intolerante, porque lógicamente me va a querer aplicar sus valores, principios, y si es intolerante los va a aplicar como si ese fuera el centro de la verdad para todo el mundo. Creo que justamente lo que no se puede tolerar es la intolerancia. La “tolerancia a la intolerancia” es “entregar el control de las situaciones a quien nos va a obligar a sentir, pensar y obrar según a él le parezca”

GL: Mirando la sociedad en general, la humanidad, también la historia, las religiones ¿han sido fuente de tolerancia o de intolerancia?

PA: Las dos cosas. Si miramos tanto el judaísmo, como el catolicismo, como el protestantismo, el islamismo, etc. Actualmente, no son lo mismo que fueron años atrás: el catolicismo en guerra abierta contra el protestantismo, el islamismo fanático. Creo que no es cuestión de las religiones sino de la humanidad toda, que ha ido madurando en esto de aprender a convivir de alguna manera..
    El Comité Interreligioso por la Paz que funciona tan lindo en Córdoba, es una manifestación de que uno puede tener su fe y puede convivir, comprender y celebrar la fe del otro

GL: En la vida cotidiana, hay intolerancia a cualquier cosa: uno toca bocina y ya escucha un insulto, hay una crispación en el ánimo permanente que nos lleva a malos tratos todo el tiempo. ¿Qué reflexión podemos hacer para no darle más cabida a estos impulsos tan agresivos que tenemos tantas veces?
PA: Tiene que haber una consideración previa del asunto. Ese aumento de irritabilidad e intolerancia se da normalmente en sectores urbanos de alta concentración de personas. La cantidad de personas y el compartir espacios genera muchas veces intolerancia. Siempre que hay exceso de población para el espacio en que se convive surge una agresividad que se afirma en la diferencia del otro. Esto suele ocurrir también en los matrimonios: toda la vida compartida, resulta que el defecto del otro que era un rasgo simpático en un momento, en otro llega a ser intolerante y se transforma en mal humor, protesta, queja.

GL: La intolerancia ¿tiene que ver con el miedo?
PA: Por supuesto: es una manifestación del miedo. Cuando estoy tranquilo frente a otro no surge agresividad.

GL: Los argentinos, que somos un crisol de razas y en otro momento distintos sociólogos y distintas sociedades han mirado a la Argentina como una suerte de modelo de la tolerancia por haber estado tan poblada de heterogeneidad. ¿Compartís ese criterio?
PA: Esa es una cosa no conciente, pero evidentemente estamos más acostumbrados a las diferencias que otros países más homogéneos desde el punto de vista poblacional, religioso, cultural. Nuestra categoría es la heterogeneidad

GL: Creo que la Iglesia Católica ha sido una de las primeras en aprender de los errores de la intolerancia, y también una de las primeras en aprender a leer la Biblia que es fuente muchas veces de intolerancia  Vamos a un ejemplo: En la Biblia Dios promete a Israel la tierra prometida, De la promesa se hace heredero el pueblo cristiano en la nueva alianza. En su momento la Iglesia entendió que Israel era una tierra que le pertenecía porque allí había nacido su Maestro fundador y porque allí estaba el Santo Sepulcro. El tema es que también se la prometen a los judíos y a Mahoma. En los libros sagrados Dios aparece prometiendo lo mismo a tres pueblos distintos, y aparece con términos bastante absolutos. Si no aprendemos a leer los libros sagrados, si los leemos literalmente o como libros de historia, o como libros dictados por el Espíritu divino directamente a la mano inherte de un escribiente que no hace más que escuchar el susurro de la voz de Dios en el oído, indudablemente vamos a caer en actitudes de mucha intolerancia. Creo que la Iglesia ha sido una de las primeras instituciones religiosas en descubrir no solo el alcance de la tolerancia, sino lo que esta  tolerancia le exigía como un modo de interpretar la vida religiosa en medio de los pueblos.
    Volviendo al tema, no creo que en este momento ningún cristiano vaya a salir a matar a otro porque piensa de otra manera. Este es un aprendizaje realizado ya desde hace mucho tiempo.
    Lo que sí, me parece que la intolerancia anida en el corazón, y esto de ser poseedores de una verdad única, exclusiva, inmutable, con toda una vocación expansionista, nos posiciona frente a los demás en una incapacidad muy grande para el diálogo en el sentido de la escucha. Tal vez no somos irrespetuosos, no le tapamos la boca, no insultamos, no les decimos cosas que puedan enmarcarse en lo que socialmente se entiende por intolerancia, pero nuestro corazón no escucha.
    Por eso me gustó mucho esto de que el cristianismo es “cavidad”. Es también anuncio, pero desde la “cavidad”, desde el hacer lugar al otro en el amor.
 
MALTRATO (Ignacio Copani)
Ni los perros contra los gatos se podrían tratar tan mal,
como el hombre usa el maltrato contra otro hombre que no es igual

Forme fila y espere un rato o no ve que voy a almorzar?
disque siete, asterisco y cuatro que un aparato lo va a orientar

Llene aquí, déjeme sus datos, pronto lo vamos a llamar
tome diez hojas de contrato, tiene un minuto para firmar

Me maltratan a mí... Te maltratan a vos...
y desde que te vi, estamos maltratándonos

Si cruzás yo te tiro el auto, sos muy negro, acá no entrás
por ser joven yo te maltrato así de adulto te acostumbrás

Y de viejo, bien maltratado, de seguro no llegarás
como en Roma, hasta el Senado, aquí los sabios no cenan más

Si maltrato al de más abajo,  qué derecho voy a invocar,
si le niego pan y trabajo  ya lo entrené para maltratar

Al que gana lo maltratamos, su pecado es el de triunfar,
el segundo es un fracasado, del rezagado mejor ni hablar

Al distinto lo marginamos, nuestra propia incapacidad
no es capaz de tender la mano, para tratarlo con dignidad

Con la furia de un latigazo, la codicia y la vanidad,
pisotean y se abren paso a los codazos por mi ciudad

Para sobrevivir, intentemos mi amor,
en la lucha seguir... Y tratarnos algo mejor

Entrevista a Ángela Sannuti, Lic en Psicología y Miembro del Consejo de Redacción de la Revista CRITERIO

GL: ¿Cuál es la raíz de la intolerancia?

AS: La raíz es siempre la educación: cómo hemos sido educados. La intolerancia es una forma de violencia. La violencia es un estado psicológico, porque es no incluir a lo otro y al otro: aquello que me molesta no existe, o lo extermino. Esto es violencia. 
    La intolerancia tiene que ver con “lo distinto”: lo distinto puede ser perturbador, o puede enriquecer. Una persona integrada se enriquece con las diferencias. Para una persona disociada, lo que es diferente es perturbador, y lo que perturba, tratamos de eliminarlo.
    La estructura educativa en que estamos formados es intolerante. Nosotros somos hijos de la intolerancia, porque cuanto más está basada en dogmas, en esquemas rígidos, la educación está basada en la disociación. El amor es integración. La verdadera educación de un ser humano es integradora, la madurez es integrar los aspectos de la vida que la educación disoció y desintegró. Decir “esto es bueno, esto es malo, esto es superior, esto es inferior, esto me gusta, esto no me gusta, en esto coincido, en esto no” es humano, es parte de nuestra naturaleza, y como tal, es sagrado. Pero  es un esquema de disociación, y si es  ahí donde nos detenemos, empieza el trabajo de deshumanización. Porque el trabajo de la verdadera educación consiste en integrar aquello que no me gusta, que no entiendo, que me perturba. La educación convencional no hace esto.
    Yo entiendo por educación la crianza de los hijos “puertas adentro”, y luego lo que se instituye en la sociedad en cuanto al sistema educativo o a los medios de comunicación. Todo educa.
    Cuando el niño es pequeño es egocéntrico. Pero este es solo un momento y hay que respetarlo, y entonces después, pasado ese momento el niño se abre al compartir, evoluciona ya en la infancia madura. La integración por ejemplo, de ‘lo que me gusta y lo que no me gusta’ ya desde ahí comienza. Al niño se le debe enseñar que en la vida siempre va a haber cosas que no le gustan, pero no por eso se las debe rechazar o exterminar, sino tratar de integrarlas.
    La  “idealización” – el enamoramiento, el amor apasionado- es un “valor” muy arraigado en nuestra cultura. ¿Qué es idealizar? Es ponerle al otro ( a una persona, a una comunidad, a un movimiento, a un trabajo, a una pareja) una carga que no tiene, y por la cual no vemos al otro. La famosa frase “me enamoré de una persona y me encontré con otra”: no, no. Te encontraste con la persona que era, pero que vos no viste.
    Y nos educan justamente con este modelo: la “idealización”. Las personas hiper-moralistas, hiper-principistas, hiper-religiosas, se basan en este modelo: idealizan, ponen toda una carga de ideal y no ven lo humano. Cuando el otro no satisface todas mis expectativas, que es lo humano, ahí aparecen las intolerancias que son una manera violenta de excluir. El amor es inclusivo. La violencia es excluyente.

GL: Las jerarquías ¿son violentas? Y por lo tanto ¿generan intolerancia?

AS: La jerarquía es una estructura de poder, es una estructura violenta, porque habla de algo superior y algo inferior. Nosotros estamos acostumbrados al esquema autoritario, que es jerárquico.
Otra cosa distinta es el orden, la organización. Ya en la familia hay una estructura, un orden. Cuando hay amor en un vínculo, en una familia, hay roles asimétricos, pero no hay ejercicio de poder

GL: Generalmente el que ejerce intolerancia lo hace en nombre de algo que vivencia como jerarquía, o en nombre de algún poder que le es conferido o al cual sirve, o al que se somete.

AS: Si la estructura social es violenta, porque todo lo que no entra y no es funcional al sistema de valores, lo excluye: lo feo, lo escandaloso…Es ‘normal’ entonces que haya intolerancia.  Cuando una persona en nombre de un principio dice “esto está bien, esto está mal, esto es acertado o no lo es”, deja afuera lo que excluye en lugar de integrarlo. Y en realidad, lo que es adentro es afuera. Si uno dice “qué corrupción hay en este país”, es un discurso estéril, porque en realidad el problema de la honestidad y de las elecciones morales se dirime en nuestra vida.    El tema es siempre integrar.
El tema del holocausto es una situación extrema, pero hay miles de situaciones. Cuando un católico lo piensa en su fuero íntimo tiene expresiones que son como fugas. De esto al holocausto claro que hay un largo trecho, pero desde esos pequeños pensamientos se va construyendo la intolerancia extrema. Cuando Hitler subió al poder tenía a su favor la mitad de la población, y toda una Europa cómplice (y la complicidad pasiva es una especie de violencia) sin la que jamás hubiera podido llevar adelante ese holocausto. Fue una violencia pasiva que sucesivamente fue teniendo brotes de anti semitismo.
    Ya no estamos para buscar a todo un chivo expiatorio. La violencia está adentro nuestro y ese es el trabajo de la vida: detectar nuestra propia violencia psicológica y emocional. La paz no es una declaración. Uno no es pacífico porque diga que lo es, sino que lo es en la medida en que trabaja en sí mismo la violencia en los distintos rostros (la crueldad, la burla, etc).

GL: Hay presencia del mal en una densidad como la humanidad ha conocido tanto en algunos delincuentes como en determinados líderes políticos ante la cual uno se queda atónito. Porque es el mal como la opción que una persona hace: elige la destrucción, el odio. Lo cierto es que el mal se nos presenta diariamente –en la persona que asesina por asesinar, la persona que tiene una indiferencia absoluta a hacer volar una ciudad, etc- ¿cómo integrar esto, o,¿cómo no decir :esto es malo? O cualquier forma de exclusión ¿cómo no disociar?

No se puede prohibir, ni se puede negar el derecho a vivir, la razón de soñar...
No se puede prohibir, el creer ni el crear, ni la tierra excluir, ni la luna ocultar...
No se puede prohibir, ni una pisca de amor, ni se puede eludir que retoñe la flor...
Ni del alma el vibrar, ni del pulso el latir, ni la vida en su andar... No se puede prohibir.

No se puede prohibir, la elección de pensar ni se puede impedir, la tormenta en el mar...
No se puede prohibir, que en un vuelo interior un gorrión al partir, busque un cielo mejor...
No se puede prohibir, el impulso vital, ni la gota de miel, ni el granito de sal...
Ni las ganas sin par, ni el deseo sin fin de reir, de llorar, no se puede prohibir.

No se puede prohibir, el color tornasol de la tarde al morir, en la puesta de sol.
No se puede prohibir, el afán de cantar, ni el deber de decir lo que no hay que callar...
Sólo el hombre incapaz de entender, de sentir ha logrado, al final, su grandeza prohibir,
y se niega el sabor y la simple verdad, de vivir en amor y en total libertad...
Si tuviese el poder de poder decidir... Dictaría una ley... ¡ES PROHIBIDO PROHIBIR! Eladia Blazquez

GL: A veces uno no entiende las cosas, pero lo mira con una mirada comprensiva, inquieta, con ánimo de enriquecerse.  Hay también otro tipo de mirada, ante la cual todo lo que es diferente me perturba. Y no es lo feo, lo escandaloso: es lo que yo vivencia como malo –y tal vez puede objetivamente serlo-. ¿qué hacemos frente a eso?

AS: Hay un filósofo que dijo que “el mal es la ausencia de bien”. No hay dos entidades (esa sería otra cosa disociada). Estos conceptos son maniqueos, dicotómicos. El maniqueísmo es disociación, y lleva a las falsas opciones. Estamos tan disociados que no podemos concebir la unidad de todo, la integración. No es que existen el bien y el mal como entidades diferentes. El desamor no es una entidad: es ausencia de amor. El no aceptar lo que no entiendo y primero tener tolerancia (no tenemos por qué entender todo, y debemos aceptar el límite, la carencia). La tolerancia empieza cuando uno acepta la limitación. Cuando uno no acepta lo diferente, lo que no entiende, eso es un crimen. Una persona no se convierte en asesina de la noche a la mañana –esto sería una mirada ignorante, ingenua, y muestra la superficialidad en que vivimos-. Hay una larga cadena de eslabones que hacen que una persona un día “decida” matar a alguien: en una persona que llega a esta situación extrema hay miles de indicios de violencia a los que no les prestamos atención. Y no les prestamos atención porque nosotros también somos violentos. Y por eso no detectamos las “violencias invisibles” en nuestra vida de relaciones familiares, laborales. Tiene que llegar una masacre para que nos demos cuenta de la violencia.
    Y ejemplo de violencia que llegó a ser “éxito” –por estar avalado por la sociedad- fue el programa de Tinelli, que por 10 años obtuvo el éxito basándose en burlarse de la debilidad del otro. Eso, traducido psicológicamente, es crueldad, es violencia. Eso te habla del estado psicológico de una sociedad que avala la crueldad, que es violencia.
    Yo hablo siempre desde el plano psicológico: la persona violenta es la que no conoció el amor, la que no fue educada en el amor, porque el amor es inclusivo.-
    Y los que compartimos la fe, nos llenamos la boca hablando de fraternidad universal, y resulta que más de una vez consideramos al judío o al musulmán algo así como un “sub-hermano”.

GL: ¡Y lo violentos que podemos llegar a ser “en nombre de Dios”!

AS: Estamos disociados: ya es un hecho. Pero no somos marionetas. Lo maravilloso, lo grandioso, es el trabajo que uno puede hacer con lo que ha recibido. El trabajo terapéutico consiste en eso: “¿qué hago con lo que me han hecho?”,. ¿Cuál es el trabajo de la vida?: empezar a detectar en uno esa violencia que está hecha carne: autoritarismo, cómo le cuesta a cada uno incluir.  Tenemos permanentemente una mirada de la sociedad disociadora. El idealismo es considerado un valor en esta cultura, y es un dis valor, porque cuando más idealiza una persona, más cruel es, porque no da lugar a la equivocación. Eso lo recreamos en nuestros vínculos cotidianos.

GL: En la práctica cotidiana se nos puede armar lío entre la tolerancia y el respeto, y el poner límites, sobre todo cuando experimentamos que somos agredidos. ¿qué podemos hacer?

AS: La tolerancia es respeto, y es poner límites. Pero  poner límites es una palabra muy engañosa: es un ‘comodín’: como la educación es autoritaria, el límite es ‘aplastar al otro’. Todo es limitado. La existencia humana es limitada. El que no reconoce los límites es justamente intolerante. Reconocer el límite es tolerancia. Una persona respetuosa es tolerante y reconoce el límite: el propio y el del otro.
    La obediencia, que también se ha postulado como un valor, desde mi punto de vista es un disfraz del sometimiento, porque en realidad entre los seres humanos existe el compartir, el concensuar. Nadie tiene que someterse a nadie. Pero estamos tan acostumbrados que nos parece un valor.
Ya entre los seres humanos nos ponemos límites. Cuando se habla de la falta de límites, esto habla de la inmadurez de no reconocer que la vida está llena de límites. Es como el caso de las personas hiper-moralistas que dicen por ejemplo “yo soy una persona honesta”, y no hace falta postularlo, porque eso está implícito en la búsqueda amorosa. Con los límites pasa lo mismo: cuando se habla de que hay que poner límites es porque hay una carencia del reconocimiento de los límites. Como no los reconocemos y no nos educan para eso…

GL: También es cierto que hay una cultura del “no-límite” y en ese sentido los padres están poniendo límites diciendo a los chicos, por ejemplo  ¿“no te das cuenta de que si hacés esto te va a ir mal?” como una negación de las consecuencias, de la realidad en los adultos, que se transmite a los hijos.

AS: Y en esta cultura autoritaria siempre cuando se habla de límites siempre se piensa del adulto al niño, y los niños también ponen límites de otra manera. Cuando el niño llega a la vida, ya está poniendo un límite al adulto. Entonces esa es otra gran astucia del ser humano: poner límites se ve como algo unidireccional. Y el amor es inclusivo, porque es entre otras cosas, aceptar la limitación que impone la presencia del otro y la limitación que pongo yo a la existencia del otro.

GL: Si la batalla se lleva dentro del hombre, ¿esto es innato o adquirido? ¿Venimos como ‘disociados’, como si tuviéramos una naturaleza proclive a la disociación, a la exclusión, o nos enseñan eso?

AS: Yo tengo un artículo publicado en la revista CRITERIO que habla sobre esto (creo que se llama “Las raíces de la violencia”) Hay un ejemplo muy simple: ningún bebé nace mintiendo: aprende a mentir. Eso es aplicable a todo.
GL: Ojalá esta charla nos haya servio al objetivo de tomar contacto con nuestras intolerancias, dejar de ponerlas siempre afuera y pedirle a Dios la gracias de poder hacerle un lugar a ella, dialogar con ellas y preguntarnos qué nos pasa

Participan los oyentes
-    ¿Cómo se hace, siendo tolerantes y sin tratar de convencerlos, hacer ver, por ejemplo a los amigos, que tal vez están yendo por camino equivocado y por eso sufren?
AS: Esa es una tendencia del ser humano. Si uno ama gentilmente, el amor parte de la aceptación. Nosotros empezamos al revés: queremos en seguida cambiar lo que el otro hace. Aparte, ¿por qué esta proyección hacia fuera cuando nosotros interiormente también tenemos cosas para madurar?. Lo que pasa es que el amor implica la aceptación del otro, y en la medida en que se profundiza el vínculo es como se madura. A veces la preocupación por el otro no implica madurez ni profundidad en el vínculo.

-    No debe haber tolerancia ante los ataques y agravios a la fe de un pueblo. No se debe ser complaciente con el relativismo que quieren imponer.
GL: Una cosa es ser tolerante, y otra cosa es ser complaciente. Tolerar, es no querer negar lo que existe, lo que hay, es querer incluir al otro, lo cual no significa ni estar de acuerdo ni ser cómplice de las actitudes del otro que no nos representan ni con las cuales estamos de acuerdo. En cuanto a la tolerancia ante los ataques y agravios a la fe de un pueblo, hay mecanismos y recursos. Cuando hubo un pintor que pintó cuadros agraviantes para la fe cristiana, católica, la sociedad tiene el derecho de generar normas, leyes, promover actitudes que favorezcan la tolerancia, no los agravios. Y poner límites forma parte de la tolerancia. Decir “mirá, acá donde estás pisando estás lastimando. ( en este caso, las creencias, o el sistema religioso o la sensibilidad religiosa del otro) No hay derecho a que vos hagas esto”. Ahora, una cosa es hacer esto, y otra cosa es romper los cuadros: eso es intolerancia: al otro lo quiero eliminar, excluir. Y esto se empeora si encima creo que lo hago ‘en nombre de Dios’. Esto ya lo aprendió la humanidad. No volvamos atrás en cuatro patas. Con la intolerancia perdemos todos: aquel a quien quiero aniquilar, y también al aniquilador. ¿Acaso no hemos tenido en nuestro país décadas de intolerancia que nos han eseñado y nos siguen enseñando hoy que ese no es el camino?

DESIDERATA poema anónimo del SIGLO XIII
Camina placidamente entre el ruido y el bullicio
y observa la paz que pueda haber en el silencio
hasta el punto en que te sea posible,
procura estar en buena armonía con todos.

Expón tu parecer e forma reposada y clara,
y escucha a los demás que, aunque sean lerdos e ignorantes,
ellos también tienen algo que decirte.

Evita las personas ruidosas y agresivas que constituyen una vejación para el espíritu.

Si te comparas con otros, puedes volverte petulante o amargado
porque siempre hay alguien que es inferior o superior.

Interésate siempre por lo que haces, por muy humilde que sea tu tarea
porque es algo que siempre perdurará, aunque las circunstancias cambien.

Se precavido en tus negocios porque el mundo esta lleno de astucia.

Pero, que la precaución no te impida ver donde está la virtud,
pues hay muchas personas que luchan en pro de elevados ideales
y toda vida está llena de heroísmo.

Sé sincero. En especial, no finjas afecto ni seas cínico en relación con el amor,
porque a fin de cuentas, la aridez y el desencanto son tan perennes como la hierba.

Toma resignadamente el consejo de los años, renunciando gallardamente a las cosas de la juventud,
y no te preocupes por temores imaginarios, pues muchos de ellos son producto de la fatiga y de la soledad.

Por encima de toda disciplina edificante, sé benévolo contigo mismo.

Tú eres un ente del universo, no inferior a los árboles y los planetas.
Tienes derecho a estar aquí. Y lo entiendas o no, el universo se desarrolla como debe hacerlo.

Por lo tanto, procura estar en paz con Dios, cualquiera sea la forma en que le concibes.

Y cualquiera que sean tus obras y tus aspiraciones, en la ruidosa confusión de la vida,
procura estar en paz contigo mismo, porque con todo desequilibrio, con toda maldad,
es, sin embargo, un hermoso mundo. Así es que ten cuidado.
ESFUÉRZATE POR SER FELIZ.

EL PRIVILEGIO DE AMAR
Qué podré decirte en el corto tiempo en que se vive una ilusión,
Qué podré dejarte tan pegado al alma que se quede allí en tu corazón;
Yo no pretendo enseñarte lo que es el mundo,
Me falta también, Pero vale la pena disfrutar cada día
Porque me has regalado el privilegio de amarte.

Di lo que sientas, Has lo que piensas,
Da lo que tengas y no te arrepientas;
Y si no llega lo que esperabas,
No te conformes, Jamás te detengas.

Pero sobre todas las cosas nunca te olvides de Dios.

Si eras del tamaño de tus pensamientos no te permitas fracasar,
Lo mas importante son los sentimientos, y lo que no puedes comprar;
Y cuando llegue el momento en que tú sola quisieras volar,
Aunque no estemos juntos estarán los recuerdos
que con solo quererlo volverás a vivirlos.

Di lo que sientas, Has lo que piensas, da lo que tengas y no te arrepientas;
no te limites por lo que digan, cree lo que quieras, pero se tu misma;
Y si no llega lo que esperabas, no te conformes, jamás te detengas.

Pero sobre todas las cosas nunca te olvides de Dios,
Pero sobre todas las cosas… Como te quiero mi amor. (Manuel Mijares)

 

“Ninguna cosa que entra en el  hombre puede hacerlo impuro. Lo que lo hace impuro es lo que sale de él. Porque es del corazón del hombre de donde salen las malas intenciones: los robos los asesinatos, la infidelidad, la codicia, la maldad, la envidia, la injuria, el orgullo. El que tenga oídos para oír, que oiga.”Mc 7,14

MADRE DEL CIELO, DANOS HOY LA GRACIA DE PODER ENTENDER ESTAS PALABRAS DE JESUS.

 



GL: Cuando las puertas están cerradas, solo el agua puede colarse por debajo de ella. Y aún hasta la estatua de piedra, si uno la expone por siglos a los efectos erosionantes del agua le cambia la forma.
Es una linda imagen para entender que para nuestro gusto, en un mundo tan intolerante y tan voraz, tan asociado al poder, resulta desagradable la sensación de impotencia al no-cambio de los demás.
Nosotros quisiéramos que nuestros hijos fueran más tolerantes, que entre los hermanos sean tolerantes, que tu esposo sea más tolerante, que la sociedad sea mas tolerante, y nos sentimos impotentes frente a la imposibilidad de hacer cambios sobre los otros. Pero el Evangelio es una propuesta para hacer cambios sobre nuestra propia vida, y a partir de ahí, como las gotitas de agua, ir haciendo un fluido en la sociedad que termina por ablandar hasta lo más duro, y al mismo tiempo, crear un cauce de vida.

Hay, hasta donde yo sé, un solo remedio para la intolerancia: LA PACIENCIA.
Tomar conciencia de la intolerancia es un buen punto de partida, un gran paso
NO DEJEMOS QUE LA INTOLERANCIA APAGUE LA LLAMA DEL AMOR.

Apoyate en mi, sere tu brazo fuerte cuando sientas morir,
que sepas que yo siempre estare para ti,
que hay momentos feos, pero la vida es asi.
acercate ya, quiero ser tu panuelo cuando sientas llorar,
que en medio del dolor, no haya mas soledad,
que sientas que alguien te ama y que nunca jamas te dejara.

quien dijo que no habrian tormentas que te golpearan,
quien dijo que no habrian amigo que traicionaran,
quien dijo que no habrian momentos de dificultad,
donde tu piensas que tu mundo se derrumbara,
quien no ha llorado alguna vez sintiendose impotente?,
porque es tan grande la barrera que tienes en frente,
escuchas voces de fracaso hablando a tu mente,
y repitiendote constantemente,
que nunca lo lograras, no te podras levantar,
que no hay razon de luchar, que debes volver atras,
y te duele el corazon, se te nubla la razon,
se te escapa la pasion y hasta pierdes la vision.
hoy no es tiempo de rendirse, ni volver atras,
todo en la vida pasa, no hay que desmayar,
tu lugar esta en lo alto vuelve a comenzar,
Dios te da en este momento la oportunidad


recuerda bien, sabes que en la noche mas oscura
es justo en el momento antes de empezar a amanecer,
todo acabara y la luz alumbrara,
y tu cara brillara, mostrara felicidad,
se rompen las cadenas, se van todas tus penas,
comienzas vida nueva, tu fe se regenera,
llega alegria a tu corazon, porque la tormenta ya termino.
ahora descanza, canta, sonrie a la vida,
disfruta el regalo que te han dado desde arriba,
lo mejor esta por llegar, si tu lo crees lo recibiras,
en el camino encontraras todo lo que haz perdido,
lo que te han quitado y lo que nunca haz recibido,
abrigo en el frio, amor de padre a hijo,
abrazo de un amigo, que estara contigo.
Isabel Valdez
GL: A veces asociamos la tolerancia a la debilidad y a la debilidad con fracaso. Si la tolerancia es solo soportar, permitir, entonces se fracasa. La tolerancia tiene que ser una fuerza, que tiene que ver con esta canción:
 
' AGUA, TIERRA, FUEGO Y VIENTO ' (Soledad Pastorutti)
Llevo muy adentro cada gota de mi vida
un amor profundo, luminoso, singular.
Te amo con el alma, te amo sin medida,
te amo solamente como nadie supo amar.

Pero no estoy sola, este amor que nos protege
viene acompañado como río rumbo al mar,
trae enamorado agua, sol y peces
y refleja un cielo donde vamos a volar.

Cuando yo te abrazo no te abrazo sola,
te abraza conmigo una eternidad,
te abrazan los valles, las montañas y los vientos,
las flores del campo y el olor del pan.

Cuando yo te beso, no te beso sola,
azúcar te traigo del cañaveral.
Soy como la tierra para darte fruto,
soy de miel morena para amarte más.

"Esto sentimos por ustedes,
nuestro continente amado latinoamericano"

Vengo desde siglos, traigo voces y señales
que salen del fondo de la tierra por mi voz.
Cuando digo te amo, te aman los frutales,
la luna que enciende en mis ojos el carbón.

Por eso te cuido, te extraño, te nombra mi canción,
por eso te apaño con mis manos de algodón.
Que nada ni nadie pueda hacerte daño,
te pongo de escudo el parche de mi corazón.

Cuando yo te abrazo no te abrazo sola,
te abraza conmigo una eternidad,
te abrazan los valles, las montañas y los vientos,
las flores del campo y el olor del pan.

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