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26 de julio de 2014 06:06 horas Programa Actual: Música
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El diálogo de Jesús con Nicodemo

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él”. Jesús le respondió:  “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo le preguntó:  “¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”.  Jesús le respondió:  “Te aseguro que el que no nace del agua y del espíritu no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu.  No te extrañes de que te haya dicho:  “Ustedes tienen que renacer de lo alto”.  El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”.

Juan 3, 1-8

El primer punto de nuestro encuentro dice así: Nacer de lo alto, revistiéndonos del hombre nuevo, Cristo.

Jesús se lo proclama a Nicodemo, necesitas nacer de nuevo y, dicho a él, nos suena cercano a cada uno de nosotros cuando en el derrotero de la vida vamos descubriendo esta búsqueda del corazón humano, en perspectiva constante de renovación y de transformación; como parte de la lógica del ser humano, el proceso permanente de crecimiento, de madurez y de renovación. Él, Nicodemos y nosotros nos preguntamos en qué consiste este renacer, este renovarse, este proceso constante de crecimiento en la madurez.

La respuesta la encontramos en la misma palabra. Nacemos de nuevo, nos renovamos, nos transformamos, nuestra vida madura y crece cuando en nosotros obra y actúa el Espíritu Santo. El Espíritu Santo obra y construye un hombre nuevo en nosotros, nos hace otro Cristo.

Nacer de nuevo en el Espíritu Santo es dejar que el Espíritu, como en María, actúe de tal manera en nosotros que engendre la presencia viva de Cristo, comenzando por tener sus mismos sentimientos, es decir, dejándonos tomar por la frecuencia cardiaca de su interioridad, hasta hacernos uno con Él y decir con el apóstol San Pablo, vivo yo pero no soy yo, es Cristo Jesús quien vive en mí.

Y mientras vivo en esta carne, vivo, dice el apóstol Pablo, en la fe, en el hijo de Dios que me amó y entregó su vida por mí.

Cristo trae la gracia de una nueva humanidad. Hay una transfusión, no solamente de gracia, de sabia, de vida, sino de la persona misma de Jesús que toma nuestra persona hasta hacernos con él uno. Hay un viejo dicho, “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Si andamos con Jesús, se reconocerá la presencia de Jesús en nosotros. Andemos con Jesús en la búsqueda por el Espíritu de la renovación en su persona y seremos verdaderamente testigos de la presencia de Jesús en el mundo. Abrámosno a esa presencia de vida suya en nosotros, hasta llegar a reflejar esa vida en nuestra propia vida, en gestos, en palabras, en actitudes, en compromisos, en vínculos. Bañados, revestidos, ungidos de Cristo para en Cristo poder desarrollar una vida nueva. El señor nos regala en esta oportunidad, de un hombre nuevo en Él. De eso se trata cuando hablamos de nacer de nuevo. Nacer de lo alto es revestirnos de hombre nuevo en Cristo.

El segundo punto de nuestra reflexión en esta catequesis, reza así: Para el hombre nuevo es necesario despojarnos del hombre viejo.

Si nacer de nuevo, nacer de lo alto, según la expresión de Jesús a Nicodemo en el evangelio de Juan, supone nacer del Espíritu, esto en términos paulinos se caracteriza o se concretiza en la expresión suya, la renovación hasta constituye en nosotros un hombre nuevo en Cristo.

Ahora para que esa gracia se de es necesario, según la enseñanza y la doctrina de Pablo, despojarnos del hombre viejo. Dice el apóstol Pablo, en Colosenses 3, 1-17, “despójense del hombre viejo, con sus malas paciones y revístanse del hombre nuevo. Mortifiquen las pasiones del hombre terrenal, esto es la fornicación, la impureza, concupiciencia, los malos deseos, la avaricia, que es una forma de idolatría”.

¿Que está diciendo Pablo con esto?, que para nacer de nuevo, desde Cristo debemos hacer Pascua con Cristo en todo lo que nos aparta del proyecto de Dios en nuestra vida, para darle lugar a Dios obrando en nosotros.

Hacer Pascua en nuestra vida con Cristo, apartándonos de lo que nos aleja del proyecto del padre.

Muriendo a todo lo que nos pone lejos de Dios, al hombre terrenal, según Pablo, al hombre carnal según otra expresión también, que en la misma línea orienta la mirada sobre aquella dimensión de desorden que ha dejado en nuestro corazón la presencia del pecado y las consecuencia que de Él se devine, esto son las paciones de las que Pablo habla cuando la refiere a la fornicación, a la impureza, la concupiciencia, a los malos deseos, a la avaricia.

La misericordia, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, son los que hablan de la presencia, de la novedad de Jesús en nuestra propia vida. Si uno quiere como testear como va este proceso de transformación en nosotros, es bueno identificar que corresponde en nosotros a lo más carnal, terrenal, según aquellas descripciones sintéticas que Pablo hace de la condición del hombre que vive en esta corriente y compararlo con esta otra dimensión de misericordia, de bondad, de humildad, de dulzura, de comprensión que hacen más a la vida del Espíritu en nosotros.

Para esto dice Pablo, hay que aprender el camino fraterno de sobrellevarnos mutuamente y de perdonarnos al modo como la que Dios nos ha perdonado en Cristo. Este proceso de transformación de la vida, si no está hecho en clave de vida fraterna, es imposible de desarrollar, esto está diciendo Pablo en Colosenses.

Pablo advierte que el proyecto es claramente distinto entre una condición terrenal, carnal, la alejada de la vida del Espíritu, por las consecuencias que se siguen en un caso y en el otro, pero para vivir según este hombre en el Espíritu, que es el Cristo total con el que somos llamados a identificarnos hasta ser un hombre y una mujer nueva. Para poder hacerlo necesitamos de los hermanos, por eso culmina la exhortación paulina, invitándonos a sobrellevarnos mutuamente, a saber acompañarnos en este proceso de transformación, a saber como dejarnos acompañar y aprender a acompañar.

Este camino de vida fraterna revela la presencia de Jesús en mi, es justamente porque en la vida fraterna se revela la presencia de Jesús en este saber cargarnos mutuamente, el saber llevarnos mutuamente, lo que permite el desarrollo de la gracia del Señor en la vida de cada uno a partir de la presencia del Señor en la vida fraterna. Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ustedes.

Ahora la pregunta sería, ¡qué está ocultando o qué está impidiendo el desarrollo de la gracia de la vida de Cristo en mi?, es decir, cual es la condición del hombre terrenal, donde todavía no ha ocurrido la Pascua, para que acontezca, para que sea realidad la muerte en mi, a lo que debo morir y para que aparezca en mi la vida de Jesús en las dimensiones en que está como queriendo aparecer desde lo más hondo de mi ser, ¿A qué debo morir para renacer en Jesús?, esta es la consigna, se hace pregunta, ¿Cuál es la condición carnal, terrenal que en mi está impidiendo el desarrollo de la bondad, de la humildad, de la dulzura, de la comprensión, de la vida en el Espíritu que es gozo y alegría y paz en Cristo Jesús?.

Dirá Pablo en otra de sus cartas advirtiendo la diferencia que se da entre quién vive en el Espíritu y vive en la carne según las consecuencias que se siguen, de los efectos que quedan en el alma en un caso y en otro. ¿Qué es lo que impide en mí la alegría, la paz, el gozo en el Espíritu, que es lo que impide en mí la humildad, la bondad, la dulzura, la comprensión, es decir ,¿Cuál es el hombre carnal? ¿Cuál es la condición carnal? ¿Cuál es el desorden al que todavía no se ha sabido amoldar a la Pascua de Jesús?, es decir no se ha sabido entregar, no hemos podido terminar de darnos cual es el paso de conversión Pascual a la que Dios me está invitando. Ponerle nombre a la Pascua que debe acontecer en mí y poderlo compartir con los hermanos es haber dado un paso inmenso para que la vida de Dios sea realidad en mi propia vida, para que el hombre espiritual, el hombre en Cristo, el hombre nuevo, el que nace de lo alto comience a manifestarse en mi propia vida.

El tercer punto de hoy es: Cómo abordar el proceso de transformación desde nuestra debilidad. No se trata de cortar, de liquidar el defecto, ni de ser violentos con nosotros mismos, en este punto el tratamiento interior de nuestra propia fragilidad, es todo un aprendizaje que hay que hacer.

En este sentido, la espiritualidad, la psicología nos enseñan toda una mirada positiva sobre la fragilidad y el pecado. Por eso el reconocerlo, no te invito a que lo hagas desde una mirada negativa como quejándote de vos mismo en lo que es frágil, sino desde esta perspectiva de gracia de transformación desde el lugar de la propia fragilidad.

Trata de mirarlo desde allí, tal vez el compartir este tercer punto, gracia de transformación de la propia fragilidad te ayude a poder formular positivamente tu propio defecto y descubrir que allí donde está tu debilidad, esta tu gran posibilidad, que allí donde abunda la miseria y el pecado, como dice el mismo apóstol Pablo, allí mismo sobreabunda la gracia de Dios.

Dice Carl Young, psicólogo de la escuela primera de Freud se abre después en otro sentido, más desde una perspectiva trascendente, que lo que no cambia se congela. Esta es una afirmación que nos ayuda para animarnos a un proceso constante de transformación y reconversión. El mayor enemigo de una gracia de transformación, es una vida de éxitos. Uno piensa que todo está bien y, entonces como todo está bien no hay lugar para el cambio.

Cuando estamos en esta mirada, estamos ante el estancamiento. Repetimos los mismos tópicos que durante tiempo venimos llevando adelante y la vida se hace como una rutina y diría Martín Descalzo, un gran bostezo, se hace aburrida. Se vuelve aburrida, dice Young, cuando el cambio no tiene lugar en nosotros porque lo que hemos alcanzado ya no pide más, es decir, es cuando decimos qué más le puedo pedir a la vida, cuánto más, no que más.

Cuando decimos que más le puedo pedir a la vida, la vida interior, la vida en el espíritu se va aburguesando, vamos pasando de lo que supuestamente es un agradecimiento de la vida por todo lo que nos dio a un aburguesamiento de la vida haciéndola demasiado corta, mediocre.

Mucho más se le puede pedir a la vida cuando la entendemos en mayúscula, cuando la entendemos en Dios. Nos volvemos aburridos, rutinarios, repetidos cuando no tenemos expectativas de más, nuestro lenguaje, nuestro pensamiento, es como el café frío. El café frío pierde su sabor, pierde ese gusto que tiene el café de la mañana cuando nos da la bienvenida del comienzo de la jornada y con su aroma nos envuelve en la calidez del comienzo de un nuevo día.

La gracia de la transformación, la gracia de la conversión, el traspaso del hombre viejo al hombre nuevo quiere evitar que nos tratemos con dureza, muchos nos creemos a veces en el deber de transformarnos pero cuando lo hacemos con dureza y con repudio a nosotros mismos, tengo que cambiar, mi figura actual no es buena, así las cosas no pueden seguir, no está mal caer en la cuenta pero lo que no está muy bien es creer es a fuerza de trompadas, de enojos, a fuerza de dureza que la cosa va a cambiar. Tengo que erradicar esta mi falta, esta mi sensibilidad, este mi temor, este mi exabrupto. Si, el tema es cómo.

Erradicarlo a los empujones, cuando del otro lado hay una fuerza que me lleva en el sentido contrario y que además está instalada en mi como una inercia histórica, que no solamente es mía sino tiene que ver con la génesis de mi forma de ser, que tiene que ver con el lugar de dónde vengo y al que pertenezco, empujarla es encontrar del otro lado una fuerza que tiene un valor de peso e importante. ¿Cómo transformar esa fuerza que en principio es negativa en una fuerza negativa? Aquí está el secreto del proceso de transformación.

La gracia de la transformación quiere darme un aviso, primero, todo es bueno en vos, aún lo más malo a tus propios ojos, tiene un costado bueno. Me recuerdo aquel pasaje del evangelio apócrifo que muestra a Jesús caminando con los discípulos y encuentran un perro muerto y los discípulos todos medio que lo miran con asco a aquel perro y Jesús hace sólo un comentario, qué lindo dientes que tenía, le encontró el costado bueno al perro podrido, muerto y tirado a los costados del camino. Los discípulos vieron la podredumbre, les llamó la atención el mal olor. Jesús vio que tenía lindos dientes aquel perro.

De esto se trata, de encontrar el secreto de lo bueno ahí donde la cosa viene como demasiada convulsionada, dado vuelta, demasiado cargado de negatividad. Cómo encontrar el costado positivo a lo que no está tan bien. Tu temor es bueno, te indica a menudo que fundamentas tu vida en un principio falso y , darte  cuenta de esto es bueno. A lo mejor te sentís en el deber de hacerlo todo a la perfección, de no cometer ninguna falta y, esto es lo que trae como mensaje la angustia que te genera vivir. Es bueno darte cuenta de esto.

Si de golpe te das cuenta, es porque hay un mensaje de no angustia, hay un mensaje de paz, de reconciliación con lo imperfecto que anida adentro de tu corazón al que hay que darle más lugar. la posibilidad de darnos cuenta de lo que no está bien viene de la mano de la contraluz de lo que nos está mostrando cual es el camino, por eso más que fijarnos en lo no bueno aunque salte a la vista, hay que preguntarse quién me está mostrando lo que no está bien, es decir cual es la contra cara de lo no bueno, para seguir esa contratara y animarme a trasformar lo que está desordenado.

Tu cólera es buena si la permites expresarse en aquellos lugares donde tenés que vencer las dificultades que aparecen en la vida. Hay una saludable agresividad en nosotros, el problema es cuando no está encausada y por cualquier cosa nos sacamos cuando no nos tenemos que sacar y nos reprimimos donde no nos tenemos que reprimir.

Es parte de la virtud de la fortaleza, una saludable agresividad que nos permite superar los obstáculos que la vida nos ofrece, como imposibilidad de andar en el camino que tenemos que ir.

Hay que desarrollar esa dimensión de agresividad bien orientada y bien encausada para transformar la vida sobre aquellos lugares donde la vida es impedida su crecimiento justamente por los mensajes de resistencia que recibe, concretamente imagínate vos enfrentando el próximo examen en la facultad y encontrándote con los libros que tenés que asumir como estudio, un examen difícil, de esos que aparecen en la carrera como los mas complicados y mirándolos sencillamente, como contemplándolos, hasta que no los agarras no funciona la historia y para agarrarlos hace falta una cierta agresividad, que se dice a si mismo, esto yo lo puedo y lo afronto y salgo del temor que me genera el pensar, que es mucho lo que tengo por recorrer y me animo a empezarlo a recorrer, es decir a dedicarle tiempo al estudio, mas del que le he dedicado a otras materias, violentando mi propia naturaleza, acostumbrada a otro ritmo de estudio.

Hace falta una cierta agresividad, que rompe con los moldes del tiempo, como hsta aquí los he administrado o manejado, es decir, es posible encontrar un costado saludable, también a la agresividad y a la cólera, cuando está bien encausada.

Ahora si yo no enfrento lo que tengo que enfrentar, la cólera y la agresividad va a aparecer por otro lado, se va a manifestar en un lugar que no tiene que manifestarse, en la convivencia, en el trato con los demás, en una situación x, que viene a ser como la gotita de agua que rebasó el vaso y cobra el que no tiene que cobrar, cuando en realidad lo que debiera haber hecho era asumir la responsabilidad que me toca con mayor decisión y empeño y encauzar toda mi energía sobre ese lugar.

Hay una gracia de transformación que está en nosotros y que supone una mirada de nuestra propia realidad en los aspectos mas negativos que debe ser contemplada desde el saludable lugar de lo bueno que todo lo oscuro trae consigo.

Los cuentos, dice Hansel Grun, los cuentos hablan y suelen traer escondidos los misterios de la transformación, los seres humanos se convierten en animales en los cuentos y los animales en seres humanos. En los cuentos, dice Grun, todo puede transformarse, esto indica que no tenés que asustarte ante nada que ves en vos, también en vos puede transformarse todo, podes nacer de lo alto, decía Jesús.

Hay un hermoso cuento que describe el misterio de la transformación, es el cuento de los tres lenguajes, del joven que no quería aprender lo que el padre deseaba de él, pero aprende el lenguaje de los perros, el lenguaje de las ranas, el lenguaje de las aves. Durante un viaje llega a un castillo, el dueño le ofrece tan solo la torre, donde ladran unos perros salvajes que ya han devorado a mas de uno, el joven no tiene miedo porque entiende su lenguaje, los perros le dicen que son tan salvajes y fieros porque guardan un tesoro, le muestran el tesoro y le ayudan a sacarlo, entonces desaparece del país lo que era miseria y todo comienza a ordenarse y a encontrar paz.

Es una hermosa imagen, donde esta tu problema capital, donde mas te duele, donde mas enfermo estás, allí se esconde un tesoro.

Feliz culpa, dice Pablo, que mereció tan gran redentor.

Yo me glorío, decía el apóstol, en mi propia fragilidad, porque allí esta escondida la fuerza de Dios.

Cuando soy débil y me reconozco como tal, aparece la gracia de transformación de Jesús.

Nacer de nuevo, supone aprender a reconciliarse con la propia fragilidad.

Asumirse es el punto de partida de todo proceso terapéutico, cuando hacemos incide, cuando registramos nuestro propio conflicto, empieza a renacer como en un proceso de recilencia lo bueno que hay en nosotros, capaz de transformar lo que nos está bien en nosotros.

En la vida espiritual también lo decimos, una persona comienza a recorrer un camino de vida espiritual sano cuando se asume a si mismo. Es lo que Jesús dice claramente en el evangelio, quién carga con su cruz es quién me puede seguir, el que se hace cargo de si mismo, de esto se trata.

Hay un hombre nuevo que está queriendo nacer en vos, sabes que depende, de que te hagas cargo que hay algo viejo que está en vos.

Eso viejo se transforma por la gracia de resurrección de Jesús, que obra en medio de nuestras debilidades.

Padre Javier Soteras

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