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16 de abril de 2014 19:06 horas Programa Actual: Informativo de Radio Vaticano / Padre Ceschi
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Contenido de Catequesis
El mandamiento del amor
Jesús dijo a sus discípulos:  “Ustedes han oído que se dijo:  Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.  Pero yo les digo:  Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.  Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen?.  ¿No hacen lo mismo los publicanos?. Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario?.  ¿No hacen lo mismo los paganos?. Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”.

Mateo 5, 43-48

Buen día a todos los oyentes de Radio María que se unen para hacer este camino juntos con la Catequesis, de encuentro con la palabra de Dios, encuentro con nuestro propio corazón, es una respuesta generosa a este Dios de la vida que hoy nos regala una nueva jornada para que con nuestra vida podamos darle gloria a su nombre.

Pedimos la gracia, la presencia y el don del Espíritu Santo, que ilumine nuestro día y nuestro encuentro de Catequesis, que abra nuestros corazones al amor de Dios.

Oh! Purísima Virgen María,

que en tu Inmaculada concepción fuiste hecha por el Espíritu Santo,

tabernáculo escogido de la divinidad,

ruega por nosotros y haz que el divino paráclito

venga pronto a renovar la faz de la tierra.

Oh! Purísima Virgen María

que en el misterio de la encarnación

fuiste hecha por el Espíritu Santo, verdadera madre de Dios,

ruega por nosotros y haz que el divino paráclito

venga pronto a renovar la faz de la tierra.

Oh! Purísima Virgen María

que estando en oración con los apóstoles en el cenáculo

fuiste inundada por el Espíritu Santo,

ruega por nosotros y haz que el divino paráclito

venga pronto a renovar la faz de la tierra.

Ven Espíritu Santo,

llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor,

envía tu Espíritu para darnos nueva vida

y renovarás la faz de la tierra.

Dios, que iluminas los corazones de tus fieles

con las luces del Espíritu Santo,

danos gustar de todo lo recto según el mismo Espíritu

y gozar para siempre de sus consuelos,

por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén

Seguimos escuchando la enseñanza que Jesús hace después de regalarnos el sermón de la montaña, las Bienaventuranzas, nuestro auténtico maestro sigue profundizando en la ley del Antiguo Testamento proponiéndonos las características de lograr del cristiano, y qué es ser cristiano sino ir haciendo nuestro el proyecto de vida de Cristo y nuestra su mentalidad, su escala de valores, tantas veces por encima o a veces en contra de nuestra mentalidad y de los valores de esta sociedad en que vivimos, por eso cada catequesis es una invitación a mirarnos al espejo de Cristo, él es el centro, a escuchar y aceptar su palabra, palabra que sigue siendo viva, palabra que sigue orientando la vida de todos los hombres de buena voluntad.

En esta semana la 11º del año, la palabra de Dios va a insistir en nuestra relación con el prójimo, la ley del amor en la plenitud. Ya desde el Antiguo Testamento se nos urge a que amemos, a que evitemos el odio y el silencio cuando es cómplice del amor fraterno o la venganza o el rencor. Se nos va a dar ya una nueva y buena medida de amor, es Jesús quien nos va a proponer amar al prójimo como a nosotros mismos. Se nos dice que así imitamos a Dios y somos santos como él.

Cuál es la actitud de Dios que debemos imitar, qué es lo que nos propone este Dios que es padre bueno. Tantas veces lo habrás rezado en el Salmo, el Señor es compasivo y misericordioso, es bueno para este tiempo volver a escucharlo, no podemos decir que honramos a Dios si no imitamos su manera de actuar con nosotros. Dios que es lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia, por eso la caridad con el que está a tu lado aparece como una consecuencia absolutamente ligada a nuestra fe en Dios.

De hecho San Juan nos lo dice: Quien dice que ama a Dios que no ve y no ama a su hermano que ve, es un mentiroso. Jesús en el Evangelio a concretado mas esta ley del amor, ya no debe regir para los suyos la ley del Talión, ayer lo recordábamos, aunque todavía hoy sea lo mas espontáneo, ojo por ojo, no me habla – yo no le hablo, me critica – yo lo critico.

Los discípulos de Jesús debemos aprender la ley del amor, no vengarse del mal con el mal, intentar vencerlo con el bien, poner la otra mejilla, el amor es dar gratuitamente, lo otro, saludar al que ya nos saluda, tratar bien al que ya nos trata bien, es mas bien un negocio, doy para que me den, entrego para recibir. Cristo no nos enseña solo un estilo civilizado de convivencia sino uno claramente superior basado en el amor gratuito, desinteresado, difícil para este tiempo en que el mundo nos insiste en vivir de manera egoísta, este es un amor bien entendido, ese amor que nos significa siempre callar, el silencio a veces se convierte en cómplice con el mal, a veces el amor incluye la corrección fraterna tantas veces necesaria.

Esto que vivimos todos los días y que lo compartimos y que tantas veces nos enoja, padres que consienten los malos caminos de sus hijos, los hijos que también deberán decir una palabra oportuna a sus padres si ven que las cosas así no marchan, y si estás en una comunidad religiosa con cuanta mas razón, amar no debe significar cruzarse de brazos, renunciar a la acción comprometida en la lucha contra lo que es injusto.

Comenzábamos esta mañana diciendo que queríamos reflejarnos en Jesús, el único maestro, aquel a quien tenemos que imitar, es Jesús el que ha podido enseñar esta doctrina de cómo vivir el amor, la novedad y la audacia de esta ley del amor. Cuanto para aprender de este Jesús nuestro maestro. Te invito a que te animes a ir pensando desde la palabra ¿qué te sugiere este amor al enemigo y perdón a todos? ¿Qué actitud estoy dispuesto a imitar de Jesús?

Ninguna frase del Antiguo Testamento pide odiar a sus enemigos, aquí Jesús hace alusión a la actitud corriente del conjunto de los hombres, tenemos que descubrir que no somos originales en esto, ya en la época de Jesús estaba grabado muy fuerte esto de odiar al enemigo, y ha echado raíces en el corazón a partir de la desobediencia del pecado del hombre. Se tiene la impresión de que Jesús deroga y no es así, Jesús viene a terminar en profundidad lo que ya estaba en germen en el corazón de los judíos como en el corazón de todo hombre, esto de vivir en el amor, en la ternura siguen siendo un gran deseo y aspiración para cada hombre.

Para ser buenos hijos de nuestro padre Dios tenemos que recordar que él no hace distinciones, hace salir el sol sobre buenos y sobre malos y manda la lluvia sobre justos y sobre injustos.

El modelo es Dios, amar a los que no nos aman, eso es imitar a Dios. Hacer el bien a los que nos hacen el mal es divino y requiere de una madurez extraordinaria, tal vez suene extraño esto de hacer el bien a quien te hace el mal es divino, es que la palabra divino la usamos fuera de contexto, y decimos es hermoso, es lindo, y sí, Dios es hermoso y es lindo pero también es exigente y eso es “divino”, solamente desde Dios y con los sentimientos de Jesús podemos amar a quien nos hace el mal, en la venganza siempre hay algo de infantil y adolescente, hay falta de dominio de sí mismo, es necesario que nosotros nos elevemos al nivel de Dios y volvemos a este Dios que hace bien a todos sin depender de ningún límite, sin depender de ninguna decepción, de ningún interés, amar simplemente amar, pues si queremos solo a los que nos quieren ¿qué premio vamos a merecer? No hacen eso mismo los publicanos y los recaudadores de impuesto, dice Jesús, aquellos que eran pecadores públicos, aquellos que traicionaban la causa del pueblo judío.

Nosotros podríamos decir para entender un poco más: ¿no hacen lo mismo los que no creen en Dios, o los que ni siquiera lo conocen? Y si mostramos afecto y amor solo a nuestra gente, ¿qué hacemos de extraordinario? 

Hoy Jesús nos vuelve a repetir que tenemos que ir mas allá de lo que naturalmente nuestros sentimientos nos dice, esto es así, hay a nuestro alrededor un círculo de gente fácil de amar, mis amigos cercanos, mis compañeros de trabajo, los que corresponden al amor que yo les doy, los que piensan como nosotros, los que son de nuestra misma raza, de nuestra misma religión, de nuestro mismo partido político, no hay que detenerse aquí, hoy Jesús es claro, es insuficiente.

Lo vuelvo a recordar, saludar a los que nos saludan lo hacen todos, amar a los que nos aman es algo espontáneo, sale naturalmente, lo que ha de caracterizar al cristiano es lo extraordinario, hacer el bien al que me aborrece, al que hablo mal de mí, al que me embromo en un negocio, al que me fue infiel, es de Dios, es divino y necesitamos de su gracia y se la tenemos que pedir, pero en eso no estamos solos, quien mejor a imitado este amor de Dios nuestro padre es Jesús su hijo, este hombre verdadero y Dios verdadero.

El fue quien nos mostró preferencia, la preferencia por los pobres, la preferencia por los débiles, la preferencia por los marginados por la sociedad, por los pecadores. Cuando uno lo dice así parece fácil pero cuando recorremos uno a uno los momentos de la vida de Jesús y lo vemos hablando con los pecadores, los cobradores de impuestos, las prostitutas, las mujeres y hombres de mala fama, que eran públicamente separados del grupo, y Jesús no solamente estaba con ellos, él que podía leer las intenciones de los hombres y podía leer lo que decía el corazón de los hombres, también tenía que escuchar la crítica, y a aquellos que lo criticaban les respondió con amor, con dureza pero con amor, y al final del camino por amor a todos entrego su vida por todos y murió perdonando a aquellos mismos que lo estaban crucificando.

No hay duda, lo que Jesús trajo fue una propuesta de un hombre y una mujer nuevos superadores de las cadenas del egoísmo y de la venganza. Jesús predicó y no se cansó de testimoniar: no basta amar a los que nos aman también a los que no nos son agradables, a los que nos perjudican, incluso a los que nos quieren mal o nos causan mal.

Cuánta insistencia sobre esto, ¿no? y la insistencia está porque no es fácil porque volvemos a usar esta expresión que hace un momento compartía, porque es divino, porque es de Dios. Se me ocurre pensar, el tiempo, la plata, la paz, la dignidad que perdemos cuando nuestra imaginación – y en este tiempo mucho mas – nos lleva a pensar que alguien nos está haciendo el mal, y en vez de rezar por ese alguien recurrimos a cosas raras, que lejos estamos de ser cristianos cuando pensamos así.

El Evangelio dice reza por el que te hace mal, perdónalo desde lo profundo del corazón. Cuanto alivio cuando sentimos que amamos, que rezamos que nos tratamos de acercar al enemigo, pero cuando ya estamos rezando o estamos pidiéndole a Dios es que estamos alcanzando la capacidad de perdonar.

Es bueno poder descubrir que la clave del amor al enemigo está en el nombre de Dios, en el nombre de Jesús y en su amor, y también tener paciencia, los tiempos de Dios no son los nuestros y los tiempos del corazón que se cierra a la misericordia de Dios tampoco. Lo importante es rezar con confianza en el silencio y con sana caridad pedir que rápido puedan abrir el corazón porque se están perdiendo vivir en alegría y en paz, y ofrecerle a Jesús el dolor de aquellos que no viven felices en Dios, de aquellos que no le abren el corazón.

Gracias por compartir la vida, porque aunque a veces no nos damos cuenta, cuando compartimos nuestros testimonios es a muchos a quienes ayudamos a crecer. Una comunidad cristiana, según nos enseña el mismo Jesús, debe ser mas que un grupo de hermanos bondadosos entre sí, deben ser hermanos capaces de perdonar y de perdonarse, de rogar por aquel que los daña, de devolver bien por mal.

Aquí los argumentos racionales no son los principales, los que elaboramos solamente con la inteligencia por encima de todo tenemos el testimonio del padre celestial que actúa con nosotros devolviéndonos bien por mal, ya que a pesar de nuestro pecado gozamos de la lluvia, gozamos del sol, gozamos de la creación, gozamos de todas las cosas como si fuésemos los mejores, los mas buenos, los santos de la tierra.

Ante la sociedad que se mueve bajo criterios de compensación: doy para que me den, apoyo para que me apoyen, saludo para que me saluden, voy a rezar a tal santo para que no me enferme, hasta a veces un mundo que está interesado en la venganza Dios se muestra y se revela como una verdadera alternativa, en esto tenemos que estar siempre atentos porque la tentación es muy sutil y no alcanza simplemente decir yo voy a saludar a todo el mundo, también a veces lo ponemos en apuros a Dios, también a él a veces le exigimos, detrás de tantas promesas: si Dios me da yo hago tal cosa , y si Dios no te da, porque no es el tiempo, porque no te es necesario, porque no es lo mejor, ¿vas a seguir rezando? ¿vas a seguir yendo a misa?

Acaso allí no estamos en la misma: saludo porque me saludan, dejo de saludar porque no me saludan? Tal vez yendo a la liturgia de la celebración de la Misa recordemos que el gesto de la paz que hacemos en la Misa antes de ir a comulgar no lo podemos restringir a aquellos que están cerca en el banco, para mi amigo, para que le llegue la paz a quien piensa como yo, el gesto de la paz en la Misa es mucho mas, es llegar a todos, es dársela a aquel a quien hoy estás presentando al Señor para poder perdonar.

Cuando nos cuesta todavía acercarnos a aquel que nos ha ofendido o que nos ha hecho mucho daño y porque nos cuesta nos parece que todavía no perdonamos, en cada Misa el Señor nos brinda esta posibilidad en el que está al lado tuyo, hasta que llegue el día en que puedas completar ese gesto de perdón y este gesto fraterno de abrazar a tu enemigo, en el que tenés al lado empezá a bendecir a Dios, nosotros queremos ser discípulos y por lo tanto debemos mostrar esta imparcialidad para con los amigos y los enemigos, de la misma manera que lo hace Dios.

¡Que difícil! Volvemos a la palabra, esto es divino, es de Dios, que hace que la luz del sol brille sobre buenos y malos, que la lluvia caiga sobre justos e injustos. Al comportarse de esta forma providencial a semejanza de Dios nosotros que queremos ser discípulos de Jesús tenemos que justificar nuestro ser hijos de Dios, actuando y obrando como nuestro padre del cielo. El amor dentro de la familia, del grupo, lo tenemos que seguir haciendo pero hoy te invito a que sigas contemplando esta imagen de Jesús, Jesús que tantas veces es despreciado en algunos ambientes y sin embargo sigue yendo, sigue compartiendo, sigue anunciando y te sigue diciendo que tenemos que ser perfectos como el padre celestial es perfecto.

El amor hacia el enemigo, el amor hacia aquel que me hace daño, aquel que hace que mi corazón esté dolido, es la actitud que asegura la integridad de la doctrina cristiana, este amor al enemigo es el vértice donde Jesús pone todo su proyecto, cambiar la antigua ley por una manera distinta de ver la realidad, el amor sin límites y sin restricciones.

En este capítulo 5 del Evangelio de Mateo podemos descubrir esta postura de Jesús para combatir el legalismo, llevar la ley a las últimas consecuencias, Jesús no viene a abolir la ley en vigor simplemente viene a perfeccionarla.

Jesús trata de atenerse al espíritu de la ley y no a la letra que mata, pero esto que contemplamos en Jesús no toca ahora a nosotros, hay que actuar así como Jesús actuó ante la ley, dejando de lado aquel legalismo tan fuerte y tan marcado en el corazón de aquellos hombres para vivir desde el espíritu, desde una verdadera libertad. Siempre la palabra de Dios nos interpela, nos interroga, pero hay textos que nos dejan mas tiempo para contemplar y creo que este es uno de ellos porque demasiadas veces en el día nos enfrentamos a estas situaciones, nos enfrentamos ante esta duda de cómo tengo que actuar con aquel que me ha hecho algo malo.

Nos volvemos a preguntar, poniendo la mirada en Jesús, que nos dice que es posible amar y amar hasta el extremo. En que situación de mi vida, o en qué situación de mi familia estoy necesitando hacer este giro, porque mi vida no la estoy haciendo como Jesús me pide, hacer la experiencia de amar a todos, también al que no te ama.

Cuando escuchaba los testimonios pensaba en la paciencia, y la paciencia que tiene Dios con nosotros también tenerla nosotros con nuestros seres queridos que por allí no terminan de comprender que nosotros los amamos, y el amor que todo lo puede y todo lo supera en algún momento va a triunfar porque no es mas que el amor de Dios. En la cruz de Jesús parecía que estaba el fracaso y sin embargo se vio coronada por la resurrección, no desanimarnos en la oración, no desanimarnos en el amor y tener la paciencia que Dios tiene con nosotros.

Junto con el Sermón de la montaña y las Bienaventuranzas, en este Evangelio de hoy vamos viendo las líneas fundamentales de la manera en que Jesús quiere que actuemos, esto que podríamos llamar la ética de Jesús, y que pase por la interioridad, que no se quede en el cumplimiento externo de unas normas sino que mire al corazón del hombre. Es una manera de obrar que no busca el aplauso, ni el ser visto o el ser alabado por los hombres, sino que vive ante la propia conciencia y ante Dios que ve en lo escondido.

Cuando la impotencia de aquello que no podemos cambiar, la intención, el deseo, la pasión con la que le pedimos a Dios es lo que él ve, porque ve en lo escondido, por eso la manera de actuar del cristiano, del discípulo de Jesús, de aquel que quiere hacer de su vida una centralidad en ello, nunca se contenta con los mínimos, (el no robar, el no mentir) sino que brota de una actitud de generosidad y grandeza de corazón. Como culminación de todo este camino que Jesús nos presenta debemos vivir de una manera distinta, debemos vivir el amor sin límites que Dios padre nos muestra y nos rebela cada día cuando hace salir el sol y hace caer la lluvia sobre malos y sobre buenos.

Para los discípulos de Jesús, aquellos, los históricos, los que caminaron con Jesús y los escucharon hablar y predicar, los de su época, fue duro este mensaje, porque es aquella comunidad que a partir de Pentecostés comienza a anunciarlo y a testimoniarlo, que estaban siendo perseguidos, los enemigos tenían un rostro concreto – cuantas veces el rostro de la muerte – aquellos mártires, y San Mateo les recuerda, escribiendo a ellos, recen, amen, perdonen, presten la otra mejilla. A esta altura de la reflexión de la palabra de Dios me acuerdo del final del discurso del pan de vida del evangelio de San Juan, cuando Jesús hablaba de comer su propia carne para tener vida en abundancia y que todos se fueron yendo, quedaron los discípulos, aquella pregunta que Jesús les hace ¿Uds. también quieren irse? Y la respuesta de Pedro, ¿a dónde vamos a ir? Sólo tu tienes palabras de vida eterna.

Creo que vivir la vida cristiana como hoy nos plantea el evangelio de Mateo también es una opción que tenemos que hacer todos los días. Hemos visto la postura de Jesús para combatir el legalismo, llevando la ley a la última consecuencia, no anula la ley, simplemente la está perfeccionando. Nos toca a nosotros actuar de la misma manera en que actuó Jesús frente a la ley, dejando de lado la letra que mata, dejando de lado el observar los preceptos solamente que nos ponen ciegos para vivir en la verdadera libertad.

Todo aquello que va respondiendo a nuestra vida de fe y que es el instrumento que nos ayuda a vivirlo, los preceptos, los mandamientos, el participar en la vida de la Iglesia, no es mas que el andamiaje que me lleva a lo central, al encuentro con Jesús vivo y desde este encuentro vital con Jesús, el encuentro con el hermano. Te invito a que sigamos haciendo esta reflexión durante todo este día que el Señor nos regala, no dejes de poner la mirada en el evangelio y en la propuesta de Jesús, revisar los criterios de vida, balancear la vida para que nuestro obrar no sea según nuestro egoísmo que es aquello que sale espontáneamente del corazón sino que sea el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial, así termina el texto de la palabra de Dios que hemos compartido y creo que así podemos terminar nuestro encuentro: Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial, sean santos como es santo el padre celestial. Cristo hoy nos invita a amar, a amar sin medida, esa es la medida del amor verdadero, sin límite, Dios es amor y el hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos, y cada uno de nosotros que somos esa chispa de Dios ha de luchar para asemejarse a él cada día.

¿Dónde encontramos ese rostro de Cristo? En el otro, en el que está mas cerca y en el que está mas lejos, pero sobre todo te invito en este día a encontrarte con ese Jesús que pasa a tu lado, nos es mas fácil amar la situaciones que vemos en la televisión o que escuchamos en las noticias, a ellos también hay que amarlos y por ellos también hay que rezar, pero hoy te pido que compartas esta palabra con aquel que está a tu lado.

Nos animamos a ser santos porque nuestro padre Dios es santo. Amar a nuestros enemigos, amar hasta que duela, esta frase de la Beata Madre Teresa de Calcuta. Gracias por compartir este momento de la Catequesis. Que Dios los bendiga y hasta mañana

Parroquia Nuestra Señora de la Merced

Arroyito

Diócesis de San Francisco - Córdoba

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