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26 de julio de 2014 04:06 horas Programa Actual: Semillas del Reino (R)
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Contenido de Palabras de Vida
Fiesta del Bautismo de Jesús
Invocamos al Espíritu Santo de Dios:
Cada día Señor, cruzo en mi camino a tanta gente cuyos ojos me interpelan. Ojos azolados por el sufrimiento, ojos regados por las lágrimas, ojos apagados, tristes, en los que no brilla ninguna llama. Ojos de ancianos volcados al pasado, ojos de adultos cansados de la vida, ojos de jóvenes ya saturados de espectáculos, de ruidos, de aturdimiento, ojos tímidos y llenos de temor ante la vida. Ojos de desprecio, de superioridad que anulan y matan. Ojos sin esperanza  abiertos sobre el vacío y la sombra. Ojos de sangre que respiran odio y venganza.
Cada día Señor, cruzo en mi camino a tanta gente cuyos ojos  me interrogan. Ojos que sonríen a la vida. Ojos ingenuos que esperan. Ojos atentos y fieles, ojos que alientan, ojos que buscan el encuentro. Ojos que aguardan una respuesta. Ojos abiertos sobre el espacio infinito.
 Señor, me cruzo con tus ojos en el pesebre y todas las miradas del mundo se concentran allí. Tu mirada invita a dejar cansancio, infidelidad, tristeza, vacío, odio, venganza. Tu mirada abraza toda la miseria del mundo. Tu mirada multiplica la alegría y la esperanza del mundo.
Tus ojos Señor, penetran el misterio, tus ojos Señor descubren lo invisible. Tus ojos Señor,  se pierden en lo infinito. Tus ojos Señor expresan el horizonte último. No hablan nada y lo dicen todo. Tus ojos Señor, espejo de mí mismo,  reflejo de vos mismo. Tus ojos Señor yo quiero tener en mis ojos y en mi mirada por esta presencia del Espíritu Santo que viene a mí, viene a encarnar tu presencia en mi. Viene a experimentarme como Hijo del Padre Dios por el Bautismo, por tu gracia, Jesús, por tu pasión muerte y resurrección, por tu sangre derramada en la cruz.
Puedo decir, con el Espíritu presente en mí Abba, Papá, Padre, y abandonarme en tu confianza y entregarme porque soy su hijo, porque soy su hija.
Ven Espíritu Santo en este día a hacernos encarnar esta realidad en nuestra vida. La realidad de la gracia bautismal por la cual tenemos todo el poder, con la cual somos de verdad hijos e hijas, con esa libertad interior para poder elegir y actuar. Amén.


Como ya sabemos estamos en este año sacerdotal que va a culminar en junio en un encuentro sacerdotal en Roma junto al papa. En este año dedico un segmento a un testimonio de algún sacerdote que ustedes me envían por correo. En este caso Lucrecia Clérici de Figueroa me envía un testimonio del Padre Jesuita José Lali que nació en 1924 y falleció  en 1987. Dice Lucrecia: “A quienes tuvimos la gracia de conocer al padre José no podemos olvidar, porque su ejemplo de vida nos conmovió y hoy nos sigue moviendo cada día a la alabanza divina. Llegó como misionero del norte de EEUU recién ordenado y recorrió las zonas más alejadas de la provincia de Salta, Anta, hasta que por razones de salud llegó a la capital salteña a donde hizo conocer la renovación católica y muchos fuimos sanados por su intercesión. Hijo de San Ignacio y de San Francisco Javier, evangelizaba con su presencia y su palabra y venían a recibir su bendición de provincias vecinas buscando alivio a problemas y dolores y también discernimiento y luz. También alivió el hambre de los niños fundando un comedor en Barrio San José que hasta ahora continúa. Como tantos santos contagiaba la fe que el Señor le regalaba en abundancia. Falleció en el año 1987 a los 63 años de edad y una multitud acudió junto al obispo y numerosos sacerdotes de esta y otras diócesis que se hicieron presentes para despedir sus restos que ahora descansan junto a la parroquia San José obrero donde se conservan también sus homilías que siempre nos acercaban al Corazón de Jesús y de su Madre. Este quiere ser un pequeño homenaje a este santo sacerdote que nos mostró con su presencia y su palabra el amor misericordioso de Dios. Los abraza. Lucrecia Clérici de Figueroa.”

San Juan María Vianey, ruega por nosotros.


En este año 2010 tenemos que tener presente de una manera especial a nuestra patria Argentina que está camino al  bicentenario de su fundación. Oramos al Padre Dios a través de Jesús que la bendiga, que nos de espíritu de diálogo, de concordia, de justicia, de paz social, de unidad, de integración, para que remontemos los valores y los ideales que nos hagan Nación. En este año del bicentenario recordémosla, encendamos una luz a María en Luján para toda nuestra patria, para que ilumine a todos, para que llegue a cada rincón, a cada argentino, sin distinción. Es un tema que no podemos dejar de lado.

El Bautismo. Lo más grande que tenemos, ustedes y yo, es el Bautismo. Es esa nota esencial por la cuál comenzamos a ser hijos del Padre Dios, hermanos de Jesús, miembros vivos de la comunidad Iglesia, templo del Dios uno y Trino, de la  Santísima Trinidad. Lo demás, las vocaciones específicas que cada uno tiene como laico, como religioso, como sacerdote, como casado o soltero, presbítero, obispo, eso es como una añadidura por decirlo de alguna manera  a esa nota esencial e importantísima, básica y fundamental que es el Bautismo. Por eso San Agustín decía: “Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo”. Y siguiendo un poco lo del sábado pasado, el tema de la encarnación,  hay que volver a recrearlo en nuestras predicaciones, en nuestras catequesis, volver con el tema del Bautismo como lo ha hecho también el documento de aparecida.
 
Justamente tomando el Evangelio según San Lucas 3, 15 ss leemos: “El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo por lo que Juan hizo a todos esta declaración: Yo bautizo con agua pero pronto va a venir el que es más poderoso que yo al que yo no soy digno de soltarle los cordones de un zapato. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.”

Y ahora tenemos delante muchísimos bautizados que nos están escuchando y muchísimos más que no están escuchando. Y muchos de ellos que engrosan, lo digo un poco sutilmente en broma, esos libros gruesos que tenemos en las parroquias donde se anotan las actas de bautismo burocráticamente archivadas allí. Muchos bautizados no son más que ahí en su nombre en el libro de bautismo porque no han tenido nunca un encuentro personal con el Cristo vivo que los haya hecho tomar conciencia de la gracia bautismal, de la riqueza enorme que poseen. Se han bautizado, hicieron la primera comunión, a veces también la confirmación por costumbre, por tradición, porque siempre se hizo así, porque hay que hacerlo o por la fiestita, los souvenirs, las fotos, pero la gracia está ahí dormida.
Entonces, podríamos decir que fuimos bautizados cuando no entendíamos nada, es verdad, pero es verdad también que la Iglesia bautiza a los bebés teniendo en cuenta el pedido, la solicitud y la fe de sus padres y madres. Atención a eso. ¿Qué sabemos nosotros de ese acontecimiento grandioso que marcó el inicio de nuestra  vida cristiana? Para la mayoría de los cristianos el bautismo fue y es todavía como una especie de encomienda regalo, que llega por OCA o Correo Argentino. Tenemos la encomienda regalo, recibida hace mucho tiempo, tenemos alguna foto por allí, alguna tarjetita media amarillenta, guardada o no, pero esa encomienda regalo no fue desenvuelta ni abierta. Tenemos el paquete pero no conocemos el don, el regalo, que hay en el interior. Y al no conocer el don no sabemos que somos ricos, no pensamos en dar gracias, en alabar, en bendecir, en alegrarnos. Somos ricos pero no tenemos conciencia de ello. La riqueza del bautismo sigue atada, oculta, y por eso no logramos oír en nuestro corazón esa voz dulcísimo que nos dice: “Vos sos mi hijo muy querido”
    La fiesta que celebramos este fin de semana, el Bautismo de Jesús, nos invita a desatar con decisión ese regalo y descubrir que ricos que somos. Somos libres, escuchaste, somos libres del poder del mal, somos hijos e hijas de Dios, herederos del reino, no hace falta ponerle una cinta roja en la muñeca ni llevar un amuleto, una pirámide, ni tener una cávala, ni andar asustado porque se cruzó un gato negro, ni pasar de bajo de la escalera, ni nada de eso y ¿sabes por qué?, porque todo el poder lo recibimos cuando en el bautismo, la gracia de la sangre de Cristo, derramada en la cruz, se hizo vida nueva y vida plena, vida eterna ya en germen en nosotros. Y a través del bautismo tenemos todo el poder como hijos e hijas de Dios para liberarnos de todo mal y del maligno y quitarnos todo el miedo, toda angustia, toda ansiedad, todo complejo de culpa, todo complejo de inferioridad, todo trauma. Qué lástima que no aprovechemos esta gracia, que andemos como timoratos, miedosos, atrapados por supersticiones, por pensamiento mágico, por cosa fácil. Cuando lo único que tenemos que hacer es abandonarnos con confianza como hijos muy amados del Padre, amados gratuitamente, incondicionalmente, no hace falta que se le presente cada día al Señor un reporte ni un Currículum Vital porque el me ama simplemente porque soy su hijo, soy su hija y quizás me ama más por mis miserias, mis pecados, y me ama más porque me siento muy frágil, muy limitado, muy vulnerable.
Pero antes de desatar el regalo de nuestro bautismo conozcamos una información importante. Con esta fiesta del Bautismo del Señor se cierra el ciclo litúrgico de Navidad. Comenzó con la celebración del nacimiento de Jesús, luego lo mostró como miembro de una familia igual a la nuestra, la Sagrada Familia, y en la fiesta de la Epifanía, de la manifestación, que celebramos en la semana, se mostró como luz del mundo iluminando a todos los seres humanos sin distinción de raza o de nación. Este fin de semana el Padre nos presenta a Jesús ungido por el Espíritu Santo. El ungido significa el Cristo, el consagrado, y nos anuncia su real identidad. “Vos sos mi hijo muy querido en quien tengo puesta toda mi predilección, mi complacencia”. De esta manera, en estas pocas semanas, la liturgia nos lleva desde el nacimiento de Jesús hasta el comienzo de su misión y de ahora en más, en cada domingo, se nos invitará a conocer, valorar y practicar algún aspecto particular de su enseñanza y de su vida. Por eso el evangelio dice que el pueblo estaba a la expectativa, como hoy, aunque andamos como errantes, desorientados, sin saber que hacer, pero hay en nosotros una inquietud, estamos a la expectativa. Jesús se mezcla con ese pueblo y quiere seguir mezclándose, entra en el movimiento de quienes esperan que Dios intervenga en la historia como lo esperamos nosotros, vos y yo, de quienes no se resignan a que todo siga igual, de quienes creen que es posible cambiar la propia vida, de mejorar el mundo. Jesús se hace solidario de las esperanzas de toda esa gente que acude a Juan el Bautista y se pone en la fila de quienes buscan el cambio, la conversión, un cambio en su vida pero de verdad, sinceramente, un cambio de criterios, de actitudes, un golpe de timón. También un cambio en la vida de la sociedad, porque si cambia cada uno cambia la vida, cambia la escuela donde vas, cambia el trabajo, la comunidad, la parroquia, el movimiento del cuál participas.
El agua en todas las religiones fue símbolo de purificación, así era el bautismo que administraba Juan, símbolo de arrepentimiento, de anhelo de una vida nueva, pero el padre Dios le encomendó entregarnos el gran regalo al descender el Espíritu Santo como una paloma hizo de ese bautismo un bautismo nuevo, el primer bautismo en el Espíritu Santo. No sólo el primero sino el modelo y la fuente de todo bautismo cristiano. En el Jordán el agua no santificó a Jesús sino que Jesús quien santificó el agua, todas las aguas. Cada bautismo cristiano no hace más que prolongar el misterio de ese día. El Espíritu Santo desciende sobre una criatura humana y esa criatura pasa a ser hijo muy querido, muy amado, en el cuál el Padre Dios tiene puesta toda su predilección. Así pasó con vos, así pasó con migo. Y con migo pasó un 31 de enero del año 1959, en Alcorta, en la parroquia Santiago Apóstol. ¿Y en tu caso qué día fue, te acordás, lo averiguaste, lo agradecés, lo celebrás? Porque solamente se recuerda aquello que se valora por eso no te olvides que aunque celebremos el día de nuestro cumpleaños, ese día hemos nacido a una vida biológica que tendrá fin el día de nuestra muerte, en cambio, el día del bautismo hemos nacido a una vida que no tiene fin, la vida de los hijos de Dios, es decir a una vida eterna, por eso creo que vale la pena saber que día fuimos bautizados recordando, agradecerlo, celebrarlo. Me parece importante.
Este es el regalo, este es el impensable privilegio de todos los bautizados, ser hijos muy queridos del Padre, hermanos de Jesucristo, miembros de la familia de Dios. Es necesario insistir y tenerlo claro. El bautismo tiene un contenido purificador, venimos al mundo sin ninguna culpa personal pero no nos engañemos, esa inocencia es más bien aparente. Por desgracia ya somos esclavos de  esa tendencia al egoísmo que llamamos pecado. Quedamos sometidos a la seducción del maligno. Por eso, la primera oración del rito del bautismo es una oración de exorcismo para liberarnos y protegernos del mal, pero el bautismo es mucho más que un rito de purificación. Es un Sacramento, signo eficaz por el cuál se nos entrega la  misma vida de Dios. Es un sacramento de unión con cristo. Morimos al pecado y resucitamos a una vida nueva. Mediante la humildad, la sencillez del agua y la invocación de la Santísima Trinidad, de la fuente bautismal, sale una nueva criatura, hijo adoptivo de Dios, partícipe de la naturaleza divina, hermano de Cristo, coheredero de El y templo del Espíritu Santo.
San Juan lo expresa bellamente en su primera carta: 1Juan 3, 1 :” Miren como nos amó el Padre, quiso que nos llamemos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente” Este es el núcleo del regalo divino, de ese paquete encomienda que recibiste y que tienes que abrir. Que tenemos que ayudar a que otros abran. No sólo nos llamamos hijos de Dios, lo somos realmente. Este regalo comenzó en el instante mismo de nuestra concepción, se afianzó con el don d la fe, y el buen Dios quiere prolongarlo por toda una eternidad feliz. Este regalo continúa con la Eucaristía, la Comunión que recibimos y es justamente una manera de fortalecer el bautismo. Y la Confirmación que es una forma de renovar, re actualizar y confirmar la fe bautismal. Por eso el Bautismo nos incorpora a Cristo, nos hizo miembros de su cuerpo que es la Iglesia, la común unión nos fortalece para que seamos miembros robustos, vitales, del cuerpo total de Cristo que es la Iglesia  y vayamos por el mundo preguntando y testificando el amor de Dios.

Seguimos con el tema del Bautismo. Por allí vieron que, lamentablemente hay muchísimos bautizados católicos que nunca toman la Biblia para  meditarla, leerla, jamás toman el Catecismo de la Iglesia Católica para sacarse las dudas sobre muchas cosas. Jamás toman un buen libro de espiritualidad para leerlo pero cualquier folleto, cualquier revistucha, cualquier comentario de radio o de televisión hechos por gente no formada, no instruida, no informada, a eso si lo agarran y lo manejan como muletilla moviéndolo. En ese sentido tenemos que reconocer que tenemos demasiados bautizados católicos que no están ni preparados, ni formados, ni evangelizados, ni han tenido un encuentro personal con Cristo vivo. Por allí están los que dicen: ¡¡ cómo van a bautizar a un pibe chiquitito si no sabe  qué es lo que hacen, eso es imponerle la fe!! Y después hay muy mala intención de parte de muchos grupos sectarios que hoy abundan en todas partes ideologizados, politizados, en fin, de todo, pero eso es el mundo que siempre mete cizaña. Nosotros tratamos de sembrar el trigo y que crezcan juntos y después que cada uno reconozca lo que es trigo y lo que es cizaña, pero eso sí, encendamos una luz, y para eso está Radio María, para encender una luz que ilumine las mentes, las conciencias, los corazones, sobre todo a muchísimos bautizados católicos que no tienen ni idea incluso muchos de ellos que han pasado por colegios católicos pero que han pasado por el colegio pero que el colegio no ha pasado por ellos o bien el colegio no les transmitió el Kerigma, el encuentro personal con el Cristo vivo y entre otras cosas hay comentarios como por ejemplo dicen que para qué se bautizan los niños pequeños, que dicen que el bautismo de los católicos no es válido, que solamente los adultos que creen pueden recibir validamente el bautismo y que además tiene que ser un bautismo por inmersión y no solamente por rociamiento y una serie de cosas que se pueden cada una responder con fundamento bíblico y fundamento en la tradición.
En primer lugar, los creyentes afirman que Jesús fue bautizado en el Río Jordán por inmersión, sin embargo  los evangelios no hablan para nada de eso. Puede haber sido bautizado como lo representan estando con los pies en el río mientras San Juan con las manos derrama agua sobre su cabeza. En verdad, el modo de mojar el cuerpo con el agua no tiene importancia de lo contrario habría sido prescripto. Si vos te quieres hacer un bautismo de inmersión, de hecho en Estados Unidos a donde voy yo cada año a predicar veo que los niños son bautizados en grandes fuentes en la parroquia, en el altar, en el presbiterio, en el agua tibia. Los padres llevan una túnica blanca, se la sacan en ese momento y se hace por inmersión pero eso no es lo esencial al bautismo. Hay quien sostiene que bautizar en griego significa sumergir en el agua pero también los biblistas afirman que en distintos pasajes de la Biblia esta palabra significa igualmente lavar, mojarse las manos, los pies, etcétera, en el agua. San Pablo usa este verbo en su primera carta a los Corintios, de alguna manera fueron bautizados en la nube y en el mar para ser el pueblo de Moisés como signo del bautismo cristiano. Sabemos en efecto que ese bautismo no se dio por inmersión porque los israelitas junto a todos sus familiares pasaron el mar rojo casi en seco. En el bautismo vale más la fe en Dios, la obediencia a su legítimo representante que el modo de usar el agua.
 Algunos textos bíblicos hablan del bautismo hecho por la imposición de las manos, así en el libro de los Hechos de los apóstoles, el bautismo del eunuco etíope realizado por el diácono Felipe en el camino entre Jerusalén y Gaza, donde no existía ningún río de agua profuso, ni siquiera una laguna, como para poder bautizar por inmersión. También en el mismo libro, Hechos 8, 36-38 encontramos también el bautismo de Saulo convertido en una casa de Damasco, Siria. No había ni piscina ni tiempo para el bautismo por inmersión. Leemos en Hechos 9, 18-19 “En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.”  En Filipos, San Pablo bautizó al carcelero convertido, Hechos 16, 33 “Y en aquella misma hora, de noche, el carcelero lo llevó consigo, les lavó las heridas e inmediatamente se hizo bautizar el con toda su familia”  Como en el caso anterior, también con ocasión del bautismo Lidia, San Pablo recuerda que ella y los de su familia recibieron el bautismo Hechos 16, 15 “Y bauticé también a la familia de Estefanas donde ciertamente no faltaba la presencia de niños”  
El mismo Jesús, dice a Nicodemo, “En verdad te digo, el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” Juan 3, 5.  Para los primeros cristianos esta norma valía  también para los niños.
Orígenes que vivió entre los años 185 al 255 escribe: “La Iglesia recibió de los apóstoles la tradición de administrar el bautismo también a los recién nacidos”, y San Cipriano, en el año 258 escribe: “Del bautismo y de la gracia no debemos apartar a los niños” En la Nueva y Eterna Alianza, el bautismo sustituye la circuncisión de la Antigua Alianza como rito de iniciación y pertenencia al pueblo elegido por Dios. Ahora bien, si el mismo Dios ordenó a Abraham circuncidar a los niños ocho días después de su nacimiento sin exigir de ellos una fe adulta, una libre elección, ¿por qué tendríamos que negar nosotros el bautismo a los niños de padres cristianos comprometidos a causa de tales exigencias? Por eso la Iglesia católica recomienda bautizar a los niños a pocas semanas de su nacimiento. Esto es importante aclararlo siempre y yo les recuero esto: Es muy importante que el papá y la mamá, cuando piden el bautismo para sus hijos, se den cuenta que por coherencia, madurez, tienen que ellos mismos intentar vivir esa fe, tiene que tratar de hacer una experiencia más fuerte de Cristo vivo, tiene que intentar dejarse amar por el padre Dios, tiene que intentar poner a Cristo vivo en esa familia porque de lo contrario es un chantaje. A veces se está muy pendiente de los padrinos. Los padrinos no son obligatorios, los padrinos pueden estar  o no, pero los que no deben faltar son el papá y la mamá. Y si los padrinos se eligen hay que hacerlo a conciencia, es decir, personas que puedan acompañar el crecimiento en la fe de su ahijado y nadie puede dar lo que no tiene por lo tanto no se puede elegir padrino o madrina simplemente porque es pariente, amigo, o porque me lo pide. Esto es muy importante, si ya es pariente, bueno ya está, ya es pariente. Pero padrino o madrina de bautismo es otra cosa. Es una persona que, porque vive la fe, acompañará el crecimiento en la fe de su ahijado, y los padres dejarán que el padrino y la madrina acompañen a ese crecimiento en la cercanía, en el testimonio, en los gestos, en las palabras. Y reitero, nadie puede dar lo que no tiene, y además los padrinos comienzan  a partir de ese momento a vivir un parentesco espiritual tan fuerte con su ahijado y con su ahijada y con los padres de ese niño, por eso se dicen compadres, comadres, en un parentesco espiritual que les aseguro es más fuerte en algunos casos que el parentesco de la carne y de la sangre y ese parentesco espiritual hace que justamente estén trabajando en esa misión tan hermosa que es comunicar una fe viva a ese niño que va creciendo que es hijo o ahijado de esas personas. Es fundamental recordar esto continuamente porque no siempre se hace. A veces nuestros bautismos tienen mucho de social y a veces también la preparación previa del bautismo y la celebración adolece de ciertas falencias, le falta mensaje kerigmático necesario, catequesis, le falta belleza, cantos, todo lo necesario de una celebración para que pueda tocar los corazones de muchos bautizados que vienen con ocasión del bautismo de sus parientes y realmente a través de la palabra que se predica, que se comunica, a través de los gestos del sacerdote, a través de todo lo que se explica en la celebración, pueden ser tocados y abrir de nuevo el corazón a esa gracia maravillosa que un día recibieron.

Con el bautismo estamos poniendo una semilla, la semilla de la fe, la semilla de la gracia, pero después hay que regarla todos los días, en testimonios, en  ejemplos de abuelos, padres, que enseñan a rezar a sus chicos de pequeños. Después cuando comienzan la catequesis y papá y mamá los apoyan, los acompañan. ES decir, se inicia un proceso con el bautismo, un proceso que debe ser acompañado, fortalecido. No es un momento, el bautismo, es una realidad de todos los días, no es un ayer de la foto amarillenta, de la tarjetita, el bautismo es una realidad del presente, hoy sos hijo de Dios, hoy sos hija de Dios, y podes reclamar en este momento sobre vos esa gracia bautismal para que  te libre de todo mal, del maligno, para que te saque de tu postración, tristeza, depresión, angustia, que te libere de vicios y de adicciones, es  eso lo que parece que el pueblo de Dios no vive y no comprende, que tiene una riqueza enorme y no se ha dado cuenta.

Sobre el agua de socorro, un bautizado lo puede hacer. Cuando nos encontramos en una situación límite, por ejemplo el nacimiento de un bebe que parece que pasa un momento grave, que va a morir, todo bautizado, aunque más no sea con un algodón embebido en agua, bendita o no, puede hacer lo que la Iglesia hace, en el nombre de la Iglesia, ponerle un nombre, por ejemplo Felipe, yo te bautizo, o te bautizamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Atención entonces enfermeras, médicos, ustedes pueden hacerlo y por supuesto, después, si esta persona se reanima y sigue con vida, tendrá que acercarse a una parroquia y completar el resto del bautismo con el óleo de los catecúmenos con el Santo Crisma.

Hay un solo bautismo cristiano: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si ya lo recibió en la Iglesia católica, es cristiano católico. No tiene fundamento bíblico ni en la tradición el volver a bautizarlo en otro credo.

El bautismo es el signo elegido por Jesús para todos los que  queremos seguir como discípulos. Yo recuerdo que cuando estudié la historia de la Iglesia, en los primeros siglos, había muchos que demoraban su bautismo hasta prácticamente estar a punto de muerte, eran catecúmenos toda la vida, preparándose porque quería recibir el bautismo prácticamente a punto de morir porque sabían que allí no había ya posibilidades de ofender a Dios y se iban a la gloria directamente. Pero evidentemente nosotros comprendimos que el sacramento de la Reconciliación y el sacramento de la confesión sacramental, que es un nuevo bautismo, realmente reactualiza la gracia bautismal en nosotros y entonces, cada vez que nuestra túnica bautismal, dicho de una manera gráfica, se mancha por el camino de la vida,  recurrimos al sacramento de la reconciliación, sacramento de la alegría, del perdón,  que es un sacramento liberador y que nos re actualiza el bautismo y nos pone en gracia de Dios nuevamente. Esto es muy importante. El bautismo es un signo elegido por Jesús  para todos los que lo queremos seguir como discípulos, esto no es un acto formal ni burocrático, ni devocional, ni cultual. ¿Pero cómo podremos ser sus discípulos si no lo conocemos?  Acá está el punto, recordá un poco la vida de Jesús, como nació, como vivió, como murió. ¿Qué conocemos de la vida y del mensaje de Jesús? Hay tantos bautizados que no leen la Biblia, que no la meditan, que no la oran.
Y nuestro Dios además se hizo hombre. Que quede claro que la encarnación no es un punto menor en el plan de salvación. Es el punto. Jesús verdadero Dios y verdadero hombre nació de la Virgen María y no consideró su igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente, al contrario se anonadó a sí mismo haciéndose en todo igual a nosotros menos en el pecado. Con sus gestos y palabras Jesús nos ha mostrado el verdadero camino de la vida plena. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y su vida entera fue testimonio del gran proyecto, Alianza, que desde siempre Dios quiere realizar con la humanidad. Hacer una familia de hermanos donde El sea el único Padre. A ese proyecto Jesús lo llamó Reino de Dios y su única ley es el amor. Amar a Dios y al prójimo es su única ley que resume todos los mandamientos. Y nuestro Dios murió, Jesús se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Para Jesús no hay verdadera realización ni verdadera felicidad en la vida si no hay una entrega total de amor. “No hay mayor amor que dar la vida” Juan 15, 13  El amor es una opción, un don de sí, entregar la vida por los demás. Para explicar esto Jesús tomó el ejemplo de la semilla, que tiene que entregarse a la tierra y morir si quiere dar frutos. Decía: “Quien quiere guardar se vida para sí mismo la pierde, quien la entrega para los demás la gana” Juan 12, 25.
Pero además nuestro Dios resucitó. Jesús fue exaltado por el Padre en la resurrección. Dios lo exaltó. Amor, vida y felicidad, son tres realidades que van muy unidas. El bautizado, para ser auténtico discípulo de Jesús debe abrazar la cruz, un regalo total de sí mismo para  sacar vida de la muerte en lo cotidiano, en ese resucitar cotidiano. Amar: en estas cuatro letras está todo el mensaje de Cristo. El amor total, el amor gratuito, el amor de entrega, el don de sí mismo es lo que provoca vida plena y felicidad. Y eso es una invitación que recibimos en el bautismo, no es algo menor. El bautismo nos hace discípulos de Cristo. Ni chupamedias, ni obsecuentes, sino discípulos de Cristo y eso nos abre las puertas para que reconozcamos otra realidad interesantísima. Nacemos a una nueva familia en la que reconocemos a Dios como Padre y a todos los hombres como hermanos. Y esa es la Eclesía, la Iglesia con mayúscula, la familia de Dios. La Iglesia no es un lugar, no es un edificio de ladrillos, un templo, un local, un club, un rotary club, club de leones, una cooperadora, una asociación. La Iglesia es una familia, un pueblo, una comunidad, el Cuerpo de Cristo, la Viña del Señor, el Rebaño del Buen Pastor. Con el Bautismo, no sólo nos llamamos hijos de Dios sino que lo somos realmente porque recibimos una vida con sentido pleno, una vida sobrenatural aquí y ahora. Se trata de un don gratuito, gracia, que comprende la liberación de todo mal y el nacimiento a la vida nueva por el cuál somos hechos hijos adoptivos del Padre, miembros de Cristo, templos del Espíritu. Esto me parece fundamental meditarlo en este fin de semana porque además el bautismo me lleva a vivir un compromiso en el trabajo, en la política, en el deporte, en la cultura, en los medios de comunicación, me lleva a  ser luz del mundo, sal de la tierra, fermento en la masa, levadura en la familia, en el trabajo, en los medios de comunicación, en el deporte, en los sindicatos. Esto es algo fundamental que no siempre tiene en claro el bautizado porque el bautizado es sacerdote, profeta y pastor o rey, entonces como sacerdote, en el común de los fieles, no me refiero al sacerdote ministerial como yo, es capaz de ofrecer a Dios el verdadero culto que es la ofrenda de si mismo, la vida a favor de los hermanos. Como pastor, o como rey, está comprometido con su pueblo, empezando por su familia, por sus amigos, para encontrar el verdadero bienestar integral, la justicia y la hermandad, y como profeta es capaz de interpretar los signos de los tiempos, guiado por la Palabra de Dios y así descubrir los senderos para su pueblo, denunciando lo que está mal, anunciando el camino correcto. El profeta no es un simple adivino sino alguien que sabe interpretar el pasado  y el presente para construir un futuro mejor, la nueva civilización del amor.  El profeta es el que habla en nombre de Dios y todo bautizado es profeta, debe serlo. Joven o adulto, hombre o mujer, culto o inculto, es profeta y los necesitamos más que nunca hoy. También necesitamos sacerdotes en el común de los fieles y también pastores que sepan dar la vida. Por eso que importante cuando hemos recibido el bautismo y recibimos en la cabeza el Santo Crisma, quedaste ungido, consagrado a Dios.  La palabra consagrado quiere decir que pertenece a lo sacro, que pertenece a Dios, por eso está mal utilizada la palabra consagrado cuando se habla de la consagración de un deportista o de un artista, porque consagrado es fundamentalmente el que se consagra a Dios. Allí cuando recibiste la santa unción en la frente con el Crisma, allí el sacerdote dijo que quedes incorporado a Jesús, Sacerdote, Profeta y Pastor. Y quedaste incorporado a Jesús. Cuando éramos chicos y hacíamos un injerto de una planta debilucha a un tronco más fuerte y de esa manera la planta débil se fortalecía, de la misma manera en el bautismo nosotros somos la planta débil y Jesucristo es el tronco fuerte que viene a animarnos con esa sabia de vida nueva que necesitamos.


Oración final

Qué mejor que en las vísperas de la fiesta del Bautismo, que cada uno de ustedes y yo, nos podamos mirar con la misma mirada que el Padre Dios creador, que nos ha creado originales, únicos e irrepetibles, tiene sobre cada uno de nosotros en Jesús. Por eso, sé firme en tus actitudes, porque sos hijo, hija de Dios, se perseverante en tu ideal. Pero se paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato. Haz tiempo para todo y todo lo que es tuyo vendrá a tus manos en el momento oportuno. Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas. Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura. No seas esclavo del pasado y de los recuerdos tristes. No revuelvas una herida que ya está cicatrizada. No rememores dolores y sufrimientos antiguos. De ahora en adelante procura construir una vida nueva dirigida hacia lo alto y camina hacia delante sin mirar hacia atrás. Haz como el sol que nace cada día sin acordarse de la noche que pasó. Solo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla. No te detengas en lo malo que haz hecho. Camina en lo bueno que puedas hacer. No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar, perseverante, de verdad. No trates de que otros cambien, se vos el responsable de tu propia vida y trata de cambiar vos. Deja que el amor te toque, no le pongas corazas al amor de Dios que quiere llegar a tu vida a través del amor de los hermanos. Vive cada día. Aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo. No esté sufriendo por lo que viene. Recuerda que cada día tiene su propio afán. Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad. Una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en esta búsqueda. Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona despréndete de ella y ámala sin pedirle nada a cambio. Aprende a mirarte con amor y a respetarte. Piensa en vos como en algo precioso. Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro tuyo. Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean. La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros. Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría todos los que pasan por la calle en tinieblas serán iluminados por tu luz, esa luz que el Padre Dios depositó, en Jesús, en tu corazón el día del Bautismo.
Y que a través del corazón inmaculado de María, los bendiga el Dios todopoderoso, los sane, salve y libere el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.


Padre Rubén Francisco Bellante
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