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20 de abril de 2014 10:18 horas Programa Actual: Casa de Campo
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Contenido de Palabras de Vida
Sanación interior
Nuestras almas y nuestras mentes están más enfermas de lo que creemos. Hemos pecado mucho y quizás no nos hemos arrepentido suficientemente. Hemos acumulado muchos temores desde el principio de nuestra existencia. Hemos reunido mucho odio contra quienes nos han hecho mal y no nos han amado. Estamos agobiados por muchos complejos de inferioridad de culpas que nos agobian mucho. Tenemos un corazón muy enfermo quizás no físicamente sino en cuanto a las emociones desordenadas que lo agitan y turban. El conocimiento de esta realidad es más necesario que el de nuestra enfermedad somática digamos corporal pero muy difícil porque nos da miedo adquirirlo y porque muchas veces esas heridas están en nuestro subconsciente y las hemos guardado bajo llave porque no queremos verlas ni recordarlas. Con razón, algunos psicólogos hablan de los cuatro demonios que nos atormentan interiormente. El temor, el complejo de culpa, el complejo de inferioridad y el odio.

 

Esta enfermedad interior influye en nuestro cuerpo con una serie de enfermedades que cada día son más comunes como el asma, la ulcera duodenal, la artritis eczema y muchas otras pero los efectos peores son los que aparecen en nuestra conducta diaria y a través de nuestras actitudes agresivas, nuestras inhibiciones nuestras angustias y temores, nuestra sensación de frustración y la proyección de nuestros fracasos a seres inocentes que esperan y merecen de nosotros un trato distinto del que le damos. Con frecuencia buscamos remedios que no son apropiados o carecen de eficacia. Nos empeñamos, por ejemplo, en dominar esas situaciones con fuerza de voluntad pero ignoramos que las emociones no están bajo el control directo de nuestra voluntad. Frente a una persona a la que consideramos enemiga o en un grupo de discusión sacamos afuera todos nuestros resentimientos y por el momento nos sentimos aliviados pero después comprobamos que ampliamos la brecha que nos separaba de los demás.

 

Por eso cuando el Señor Jesús dio comienzo a su ministerio inicio su predicación con estas palabras

“Conviértanse y crean en el evangelio” Marcos 1-15. Si queremos recibir la buena nueva de que Jesús es nuestro señor y salvador tenemos que convertirnos primero; si no nos arrepentimos de nuestros pecados no podremos recibir la primera manifestación de la sanación de Cristo Jesús. Muchas de las heridas interiores son el resultado de nuestras faltas personales Todos hemos pecado mucho y cada pecado por lo mismo que es contra el amor, ha dejado su brote de odio en nuestro interior. Nada destruye tanto la armonía humana, como el pecado que causa la ruptura entre nuestro ser y Dios y también dentro de nosotros mismos y con nuestros hermanos. Con razón, cuando se convocó al año Santo del 2000, el gran jubileo se afirmó que era un año de reconciliación y de renovación a través de la conversión.

 

Por eso el primer campo de la sanación que realiza Cristo es el del pecado. “ He aquí que el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Juan 1-29. Si no empezamos por pedirle al Señor que perdone nuestros pecados no podremos aspirar a otra sanación. Primero tiene que desaparecer la causa mayor de nuestros males, los pecados que hemos cometido. Jesús perdona primero los pecados al paralítico y luego lo cura de esta enfermedad. No podremos disfrutar de la paz de Cristo sino cuando El haya perdonado nuestros pecados y nosotros estemos convencidos de su misericordia. Solo entonces podremos exclamar con el rey Exequias “volviste la espalda a todos mis pecados y la amargura se me volvió paz” Isaías 38-17. Esto es una invitación a la confianza en la misericordia de Dios. Realmente es una invitación a poner nuestra vida en manos de la misericordia del Señor y realmente vemos que crece el número de las personas que buscan la solución de estos problemas emocionales en los consultorios de los psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas. En fin, yo creo que desde el momento que hemos abandonado la oración personal cada vez más se multiplican mas lo que es peor aún, los curanderos, los videntes, las supersticiones, los adivinos, los magos. La magia, el pensamiento mágico pos-modernista Hay mucha gente que consulta a psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas, algunos con buenos resultados otros con muy pocos Afortunadamente crece el número de los que están descubriendo el poder curativo del amor del Señor y están recibiendo una sanación interior cada vez más profunda en la oración y en el encuentro personal con Cristo que sana los corazones destrozados y venda sus heridas como dice el salmo 146. Estas personas creen verdaderamente que Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre y porque nos ama y quiere hacer, puede con su amor, curar las heridas de los recuerdos dolorosos y destruir el odio que ha invadido varias zonas de nuestro ser. El puede curar las heridas que permanecen en nosotros y afectan la conducta actual y puede llenar con el amor de su espíritu todos los vacíos que han quedado en nosotros y cambiar el odio y el miedo por paz, amor y confianza. Entonces, no se trata de conseguir así una curación repentina y total tipo mágico sino un alivio progresivo que se experimenta cada vez que nos colocamos frente a Jesús con humildad y confianza y oramos para que su amor que está en nosotros obre y destruya todas esas emociones negativas y nos permitan saborear cuan bueno es el Señor y descansar tranquilos en los brazos paternales de nuestro Dios.

 

Es entonces muy útil pedirle a Jesús, nuestro hermano y amigo que vuelva al momento en el cual recibimos una emoción dolorosa y nos libere con su amor de los malos efectos que dejó y que nos perjudican ahora. Que su luz divina ilumine aquellos rincones ocultos en donde hemos encerrado esos recuerdos dolorosos y su amor los destruya y sane. Es entonces cuando comprendemos la riqueza de las palabras de San Pablo en su carta a los Efesios 2-14-18 “porque Cristo es nuestra paz, el que de los dos pueblos hizo uno derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su cuerpo la ley, los mandamientos con sus preceptos para crear en sí mismo, de los dos un solo hombre nuevo haciendo la paz y reconciliando con Dios a ambos en un solo cuerpo por medio de la cruz, dando en sí mismo, muerte al odio” Entonces esta carta a los Gálatas, también de San Pablo, nos recuerda como los frutos de la carne son impureza, odios, rencillas, discordias, celos, ira, divisiones, envidias, mientras el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, benignidad, bondad, mansedumbre, esto podemos leerlo Gálatas 5 y esta pequeña acción debe abarcar todo nuestro pasado desde el comienzo de nuestra vida porque muchas de las heridas más profundas las recibimos, quizás, cuando aún estábamos en el seno materno, durante el nacimiento y en los primeros meses y años de nuestra vida

 

Las ansiedades y temores de nuestras madres, dejaron sus huellas olorosas en nosotros y es, hasta esos momentos, hasta los cuales debemos pedirle al Señor que llegue para que con la luz y el fuego de su amor pueda efectuar la profunda y total curación de nuestro interior que necesitamos. Es durante largos ratos de oración cuando nosotros, en compañía de nuestro amigo Cristo Jesús, repasamos la vida y regresamos hasta el comienzo y vamos pidiéndole que sane los diversos recuerdos dolorosos que descubrimos con su luz amorosa. Le pedimos que destruya el odio y llene el vacio que quede con el amor de su Espíritu, que quite el miedo y lo reemplace con la fuerza del Espíritu Santo, que cambie los frutos amargos de la carne con el sabroso fruto de su Espíritu. Es una lástima, es una pena que no sean muchos los que conozcan este gran medio de sanación interior y por esa razón no pueden obtener sus grandes beneficios. Ningún tiempo será mejor empleado que el que dediquemos a esta curación interior personal o ayudar a nuestros hermanos para que la obtengan. Una señora narra como un día después de una larga oración sintió el llamamiento de leer el Cantar de los Cantares y allí encontró estas palabras de la esposa “Apenas había pasado cuando encontré al amado de mi alma; lo aprehendí y no lo soltaré hasta que me haya introducido en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió” 3-4. La mayor necesidad que tenemos es la de saber que somos amados y la única seguridad de que somos amados sincera, profunda y constantemente no la encontramos sino en Dios que es Amor y por amor mora en nosotros. Por eso debemos repetirle al Padre la oración de la iglesia “Derrama sobre nosotros tu Espíritu de amor” y esta otra “envía Señor, a nuestros corazones, la abundancia de tu luz”. 

 

Podemos así empezar nuestro diálogo y nuestra súplica de curación a Cristo Jesús con la seguridad de que al final podremos exclamar como el rey Ezequias, “la amargura se me volvió paz”. Si el salmista decía ya en su tiempo “recomienda a Dios tus afanes que El te sustentará” nosotros debemos hacerlo con mayor razón, pues hemos comprobado hasta donde llega la caridad de Cristo y cuan amplia y saludable es la acción de su Espíritu Santo en nosotros. Siempre tendremos necesidad de sanación interior y por eso no podremos apartarnos jamás del Señor. El nos ha dicho “permanezcan en mi amor” No se trata de estar con El en cierto momentos es preciso permanecer con El que es el Amor ¿Y como sabemos que una herida interior ha sido curada y cicatrizada por el amor de Jesús? Cuando ese recuerdo que antes era doloroso y nos causaba disgusto viene ahora y nos deja en una paz profunda y aún, con alegría. Esta paz es el fruto del Espíritu cuando ha podido penetrar profundamente en nuestra vida. Si antes la carne había dejado en nosotros odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones y envidias, el Es Santo fructifica en nosotros con amor, alegría, paz, benignidad, bondad y mansedumbre, eso dice Gálatas5

 

Cuando descubrimos esta sanación interior que hace Cristo en nosotros, vemos que lo hace por medio de su espíritu de amor. Está prefigurada de modo admirable en los efectos que produce el ruido de aguas vivas que nacen en el oriente desemboca en el mar en el agua hedionda y el agua queda saneada por dondequiera que pase al torrente. Todo ser viviente que en el se mueva, vivirá. Los peces serán muy abundantes porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente” Esta, entonces, es la acción del E. Santo prefigurada en ese río sagrado que sana todo lo podrido y enfermo y después da una gran fecundidad y riqueza espiritual. Su luz penetra en los rincones oscuros en donde hemos encerrado tantos acontecimientos dolorosos y con su claridad aleja las tinieblas destructivas. Su amor cala cada vez más profundamente en nuestros corazones y va derribando los muros que ha levantado el rencor y destruye el odio que se ha ido acumulando en nosotros a lo largo de la vida. Pero para que esto se de necesitamos que nos dejemos purificar y saturar por esta agua del Espíritu. Tenemos que sumergirnos en él y caminar y vivir en el Espíritu. Solo entonces irá perfeccionando el cambio que necesitamos y que es la señal clara de su presencia y de su acción en nosotros. La suprema manifestación del poder salvífico de Cristo se dará cuando resuciten nuestros cuerpos y los glorifique eternamente por su E. Santo y es que Jesús es el salvador en todo el ser humano no solamente del alma.

 

“Nosotros somos ciudadanos del cielo de donde esperamos como salvador al Señor Jesucristo el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro, en un cuerpo glorioso como el suyo en virtud del poder que tiene de someter así todas las cosas” Filipenses 3-20-22. Esta visión del apóstol Pablo es muy profunda y de gran utilidad para nosotros porque si Cristo tiene poder para resucitar y glorificar nuestros cuerpos con mayor razón podemos esperar de El que con ese mismo poder y amor nos sane interiormente ahora, cuando estamos en esta vida. ¿Se requiere más poder para resucitar y transfigurar un cadáver en un cuerpo glorioso como el de Cristo, que para sanar una herida interior, destruir una barrera de odio e inundar de confianza y de paz a una persona que antes estaba dominada por el miedo, el temor, la turbación, la angustia? ¿Cuando tendremos una visión profunda y total de lo que es Cristo? ¿Cuándo dejaremos de mirarlo solo parcialmente? ¿ Por que seguimos ignorando, al menos en la práctica, su infinito amor salvador? ¿Por qué no lo invitamos a que penetre en nuestra persona toda y la sane completamente? ¿Por qué no le damos la gloria de creer sinceramente en su amor? ¿Por qué no nos convertimos en evangelizadores de su caridad salvadora y de su poder ilimitado? El salmo 33 es maravilloso Allí nos dice el E. Santo “proclamen conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su Nombre. Consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias. Contemplen y quedarán radiantes y sus rostros no se avergonzarán. Si el afligido invoca al Señor, el lo escucha y lo salva de sus angustias” Todo acercamiento al Señor aumenta nuestra salvación y nuestra sanación Pero la manera más intensa de unirnos ahora con el Señor es la contemplación.

 

En esta etapa avanzada de la oración sentimos en el alma la proyección de la luz divina y gustamos que el Señor es bueno. Saboreamos que el Señor es bueno 1° de Pedro 2-3. Nada puede sanarnos interiormente de un modo tan profundo y definitivo como el don de la contemplación. A medida que la luz del E. Santo vaya llegando a las profundidades de nuestro espíritu y al centro de nuestra conciencia irán desapareciendo los restos de oscuridad y las huellas dolorosas de nuestros pecados y de las heridas que sin culpa personal recibimos desde nuestros primeros días. Son púes, muy ciertas las palabras del salmo, “contemplen al Señor y quedarán radiantes”. No solo tendremos paz y salud interior, sino también una intensa alegría que llegará hasta manifestarse en la expresión de un rostro radiante muy distinto, por cierto, del tenso que mostramos por la tormenta interior no ha recibido el mandato de Cristo que da la paz. Sería bueno en este momento recordar a la enfermera Bárbara S. que nos enseñó, ella que es enfermera graduada, esposa, madre de 5 hijos, hace mucho tiempo que trabaja en el ministerio de sanación interior y a viajado mucho junto con el padre Francis y ella nos ha hablado mucho de la sanación interior. Ella dice, por ejemplo, que la mente humana puede compararse a un témpano de hielo con su cúspide visible en la superficie del océano mientras que su enorme masa está sumergida, el iceberg L cúspide representa al conciente y representa solo parte de nuestras capacidades mentales, mientras la masa sumergida del témpano, representa al subconsciente y comprende la mayor parte de nuestra actividad mental El subconsciente es la parte que siente relacionada con las emociones, la intuición, las memorias y hábitos. Jesús se refiere al subconsciente cuando menciona el fondo del corazón Mateo 12-35 “el hombre bueno de su buen fondo saca buenas palabras y el hombre malo de su mal fondo, saca malas palabras”.

 

La mayor parte de nosotros no nos damos cuenta de la cantidad del dolor, heridas y pesares que hemos arrojado al fondo de nuestras mentes. Resulta imposible vivir en este mundo por cualquier espacio de tiempo, sin haber acumulado cierta cantidad de dolor reprimido. Podemos haberlo reprimido por mucho tiempo pero aún sigue allí Hay tiempos de tensión en nuestras vidas que nos dejan sorprendidos y a veces escandalizados de nuestro comportamiento, decimos que nos excedimos, que explotamos, al reaccionar a una situación dada. Estos son términos que describen una falta de autocontrol, ese comportamiento se origina en la masa de dolor reprimido existente en nuestro inconsciente También es difícil aceptar el amor de Jesucristo o recibir la plenitud de su espíritu si tenemos un almacén de dolores acumulados en lo profundo de nuestra mente. Esas experiencias que hemos enterrado nos envían continuamente mensajes de alerta para que mantengamos nuestras defensas aún ante Dios para protegernos de más dolor Interesante todo esto y seguir meditando en todo esto porque evidentemente es como que muchas de estas cosas nos traen un eco de todo aquello que hemos venido conversando, rezando, orando en estos meses.

 

La enfermera Bárbara nos cuenta un testimonio muy lindo Dice que al final de una conferencia que ella dio se le acerco un hombre que tenía dificultad de experimentar el amor de Dios en su corazón y en su vida Había recibido el bautismo que se llama bautismo del E. Santo que no es más que una efusión de este espíritu después de un seminario de vida o después de un fuerte momento de oración. La palabra bautismo del E. Santo parece un poco grandilocuente, diríamos que es una actualización y toma de conciencia de ese bautismo que hemos recibido de pequeño y que pudo haber quedado ahí guardado, bajo tierra como una semilla que no germina, para que nos pongamos de acuerdo en algún lenguaje que mucha gente puede no llegar a comprender no es que haya dos bautismo, no, Entonces este señor que, supuestamente había participado de momentos fuertes de oración y de efusión del espíritu, sin embargo manifestaba que todas sus reacciones eran superficiales y mecánicas. En el transcurso de esta conversación con la enfermera mencionó un accidente automovilístico que le dejó huérfano a la edad de 12 años. Le sugerí que el recuerdo doloroso de la muerte de sus padres le podía haber causado un rechazo al amor en el subconsciente, si, es cierto dijo el señor este y luego preguntó ¿acaso debo resignarme a sentir depresión y soledad? Que fuerte ¿no? Entonces la enfermera le habló de un método de oración y le habló de que ella después de años de experiencia, llegó a comprender que no existe tiempo en el mundo de Dios. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre de modo que podríamos pedirle al Señor volver atrás en el tiempo, y sanar la memoria adolorida, con tal de no tener más el poder de herirse a sí mismo. Accedió a la idea de hacer esta oración y más tarde describió la experiencia como ser lavado en olas de amor. Aunque desde nuestra visión ha tenido su porción de pruebas, dice la enfermera, nunca ha vuelto a un sentimiento de aislamiento total. Nosotros todos necesitamos sanarnos, Dios puede y quiere sanar todas estas cosas. Leemos en Isaías 56-4 profetizó que el Mesías llevaría todas nuestras dolencias y soportaría todos nuestros dolores, quitaría no solo todos los pecados que cometimos como individuos sino también todo el daño que se nos ha hecho. Eso es lo que Jesús tomó el amor de Dios nos puede lavar y aliviar de todas las cosas que nos impedirían tener plenitud de vida. Ahí está el punto, la transformación a la que se refiere San Pablo “ustedes saben que tienen que dejar su manera anterior de vivir, el hombre viejo cuyos deseos falsos llevan a su propia destrucción. Han de renovarse en lo más profundo de su mente por la acción del espíritu para revestirse del hombre nuevo, este es el que Dios creo a su semejanza dándole la verdadera justicia y santidad” Efesios 4-22 y 24

 

Dicen los psiquiatras entonces, que lo que nos ocurra antes de los 6 años de edad puede asentar las bases en la forma de ver la vida hasta el fin de nuestros días ya que el subconsciente no olvida nada jamás. Debemos permitir que el amor sanador de Dios toque cada parte de nuestra vida aún la etapa prenatal y la infancia. Podemos pedirle a Jesús que camine hacia atrás por nuestra vida y que nos sane Esto lo podés hacer ahora mismo, podés decirle en cualquier momento de tu jornada “Señor, entra en lo profundo de mi corazón y mi mente, quiero que sanes todo lo que he cargado harta ahora, tómalo vos, ya no lo puedo cargar más Por eso buscá un lugar donde puedas estar en silencio, donde nadie te moleste o interrumpa ponete cómodo, respira hondo y profundo varias veces sin apuro, sin prisas psicológicas ni de reloj seguí respirando hondo y suavemente e invoca al E. Santo. Mira a Jesús resucitado al lado tuyo en actitud de humildad y confianza. Entra en la oración de la manera que te sientas movido a hacerlo. La curación interior se habrá llevado a cabo cuando un suceso del pasado no tenga ya poder para herirte. Cuando lo podamos recordar sin tristeza, vergüenza o sentimiento de culpa o complejo, por eso entra en la presencia de Dios para orar en compañía de mamá María que nos acompaña intercediendo desde su corazón Inmaculado

 

Ayudame Señor, limpiame y librame de todo lo que pudo causarme dificultades en el momento de mi concepción. Vos estabas presente en el momento en que fui formado en el vientre de mi madre, librame y saname de cualquier atadura de mi espíritu que hayan podido llegarme por mi madre, por la circunstancia de la vida de mis padres aún cuando tomaba forma. Por eso te doy gracias. También te alabo Jesús porque además, me estas sanando del trauma de nacer. Te pido, Señor, que me cures del dolor de nacer y de todo lo que sufrí al nacer. Te doy gracias porque vos estabas allí para recibirme en tus brazos cuando nací consagrame en ese mismo momento al servicio de Dios. Gracias Jesús, gracias porque esto se ha hecho

Señor Jesús, te alabo porque en estos primeros meses de mi infancia vos estabas conmigo cuando te necesité Hay muchas personas que necesitaron más amor del que recibieron de su madre porque fueron separados por circunstanstancias que no pudieron evitar, no recibieron el amor que los hubiera ayudado a sentir fuerza y estabilidad Hubo veces en que necesité que mi madre me acunara en su pecho y me meciera y me leyera cuentos infantiles como solamente sabe hacerlo una madre. Señor, hacelo vos en lo más profundo de mi ser, dejame sentir un amor maternal tan conmovedor, reconfortante y profundo que nada pueda ya más separarme de ese amor otra vez. Te doy gracias y te alabo Señor, porque se que lo estas haciendo ahora mismo.

También hay personas que necesitaron más del amor paternal en sus vidas, por cualquier razón que me haya sentido descuidado, rechazado, Señor, llena esa parte de mi ser con un profundo amor paternal que solo viene de un padre aunque yo no esté consciente de haber necesitado unos abrazos fuertes y un papá que me amara y me diera seguridad y apoyo dámelo vos ahora Señor. Gracias porque esto también lo estas haciendo en este momento

Te pido hoy una curación de ese sentimiento de abandono, haceme saber que soy tu hijo una persona importante en tu familia por todo lo que yo no lo fui en la mía, quizás, porque nadie tenía tiempo para mi Un único al que amas de una manera especial, por eso curame Señor de las heridas causadas por las relaciones de mi familia del hermano o hermana que no me entendía del todo o que no me demostraba amor o bondad debidamente. Una parte mía nunca se sintió amada dejame ahora, alcanzar el perdón a ese hermano o hermana Quizás a través de los años nunca he podido aceptarlos porque nunca me sentí verdaderamente aceptado por ellos. Dame un gran amor por ellos hace que la próxima vez que los vea haya tanto amor que todo lo viejo habrá pasado. Me habrás renovado Te doy gracias por ello Señor, te alabo, te bendigo, te glorifico te doy gracias Señor

Tal vez, mientras crecíamos un trauma real en nuestra vida pudo haber sido cuando fuimos a la escuela por primera vez. Esa fue la primera vez que nos ausentamos del hogar y todo lo que ello representaba. Para algunos de nosotros que éramos muy sensitivos muy tímidos, muy inseguros esto fue difícil quedamos con aquella maestra extraña, con compañeros extraños en un lugar extraño. Señor, de veras, nunca me recuperé de esa experiencia porque había cosas que esperaban de mí y cosas que me herían mucho hubo maestras entrañables y chicos que no me mostraban amor o comprensión, te pido Señor que me sanes de todos esos años que pasé en el salón de clase, que me quités todo el dolor y sufrimiento que recibí en ese tiempo. Me retraje en ese entonces y empecé a sentir miedo de hablar en grupos porque me habían ridiculizado castigado, criticado en el salón. Deje de hablar porque era demasiado doloroso. Por eso te pido que abras la puerta de mi corazón, dejame relacionarme en grupos de una manera más abierta y libre de lo que he podido hasta ahora. Según se lleva a cabo esta curación tendré la confianza y el valor de hacer lo que me pidas en toda situación. Gracias Señor, gracias porque creo que estás sanándome ya

Señor, cuando entré en la adolescencia empecé a sentir cosas que me asustaron, me avergonzaron y me causaron dolor. Nunca he podido sobreponerme del todo a algunas experiencias que tuve cuando me estaba conociendo a mi mismo, lo que significa ser persona. Te pido Señor Jesús, que sanes todas las experiencias que tuve como adolescente las cosas que hice y que me hicieron y de las que nunca he sanado. Entra en mi corazón y quita todas las experiencias que me causaron sufrimiento o vergüenza. No te pido Jesús que borres esto de mi mente sino que lo transformes de manera que pueda recordarlo sin vergüenza, sin culpa, sin complejos con acción de gracias. Haceme comprender por lo que hoy están pasando los jóvenes porque yo mismo también he pasado por eso, esa época de búsqueda y conflictos según me voy sanando, dejame ayudar a otros a encontrar la curación

Señor, al salir de este período de mi vida y al empezar a crecer en la vocación a que me llamabas tuve dificultades. Algunos fuimos llamados a ser esposos o esposas, algunos fuimos llamados al celibato otros escogieron la soltería o ahora son viudos, viudas o divorciados ha habido dolor, sufrimiento no hay carrera alguna en la tierra que no conlleve dificultades, problemas que necesitaban ajustarse en la vida privada. Te pido Jesús, que me cures en el estado de vida en que me encuentro hoy y todo lo que eso ha significado para el mundo que me rodea.

Esposos y esposas tienen cosas del pasado que se interponen en sus relaciones, heridas y sufrimientos que solo pueden existir entre quienes tratan de vivir juntos y conocerse en una situación muy íntima. Señor, saname de estas cosas, hace que mi matrimonio comience a ser de nuevo lo que Dios quiere que sea, toma en tus manos todas las heridas y sufrimientos del pasado para que desde ahora en adelante este matrimonio sea limpio y comience de nuevo tan libre y tan sano como sea posible Gracias padre Dios en el nombre de Jesús porque mediante esta curación podemos llegar a ser la clase de marido y mujer que vos pedís que seamos.

Los sacerdotes, religiosas y religiosos han tenido heridas que los han alejado de Jesús en vez de acercarse a El. Señor, ayudame a sentir tal calor y fortaleza de amor en mi que nunca jamás dude yo si el camino que sigo es al que me has llamado. Dame valor y confianza en la obra que me has llamado a hacer. Llevame adelante con propósitos y metas nuevas. Gracias padre Dios, gracias porque sé que lo estás haciendo

La gente soltera que se han sentido llamados a esa vida, siguen los pasos de Jesús con un dolor y sufrimiento que solo Dios conoce. Me he sentido solo y en ocasiones abandonado y totalmente rechazado por el resto de la humanidad. Señor Jesús, llename hoy de un nuevo sentimiento de fortaleza y propósito, haceme comprender lo que has puesto en mi corazón, dejame ser un testimonio vivo de Jesucristo. Te doy gracias Padre en el nombre de Jesús, te alabo y te bendigo porque sé que estás haciendo esto. Según siento la moción de tu amor te glorifico Señor, porque se que esta hecho. No hay poder en el cielo o en la tierra que pueda impedirlo. Te alabo Señor porque se que cuanto más te entrego dándote gracias y alabándote por ello más das la fortaleza de tu presencia, el poder de tu Espíritu, el amor de tu divino hijo a mí Señor y a cada uno. Te alabo Jesús por esta curación y te glorifico y te bendigo y te doy gracias, gracias Señor, bendito seas Amen, amen

 

Ahora dejemos que el Espíritu de Dios obre en nosotros. Vaciemos nuestros corazones de todo lo que no es de Dios, dejemos que Dios vuelva a llenarlo con su amor y demos gracias por todo lo que hace en nosotros ya que como muestra de esta sanación nos deja el corazón lleno de paz, de gozo y porque además nos ha enseñado como seguir trabajando en este camino de la sanación interior

 
                                                                                                                
                                                                                                                 Padre Rubén Bellante

 

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